jueves, 12 de junio de 2014

DIOS ES AMOR. ARREGLOS PARA EL NUEVO GOBIERNO DE LA TIERRA.

DIOS ES AMOR. ARREGLOS PARA EL NUEVO GOBIERNO DE LA TIERRA.
s/TJ: 
La familia humana estaba muriendo  como resultado del pecado que cometió su primer padre humano Adán (Rm 5;12) ("¡Despertad! de 22.1.68, pág 28)
Felizmente, Jehová  ha hecho una provisión amorosa  para salvar  de los malos efectos del pecado y la muerte heredados a los arrepentidos.  ("La verdad que lleva a la vida eterna", pág 32) 
Así, después que Adán  hubo pecado pero antes de los  días de Abel, Dios se propuso redimir a la raza humana (Lc 11:50-51) ("¡Despertad! de 22.1.68, pág 28) 
Jehová Dios que  es la "fuente de  vida" concedió a su  hijo que tuviera poder dador de vida en sí mismo para poder así salvar a la humanidad. ("La Atalaya" de 1.6.65, pág 333 y ss) 
Análisis: 
Pero está claro en (Hb 2;23)  que Jesucristo fue "entregado por el consejo determinado y  presciencia de Dios" (NM) Y  en (1Pe 1;20): "Jesús... fue preconocido antes  de la fundación del mundo".(Véase también:  (Rm 16;25) (Rm 8;28-39) (Ef 1;4-11)(Ef 3;5-9). Por lo tanto no fue después que Adán hubo pecado que Dios se propuso redimir a la raza humana, sino que lo hizo por su presciencia y antes de la fundación del mundo. Hay, por otra parte, un hecho que explican los TJ cuando se refieren a la creación del mundo que deja claro, en la doctrina de los TJ, la previsión de Dios para el castigo del mundo. Y es el  dosel de agua que luego constituyó la fuente del diluvio universal.
s/TJ: 
¡Qué  amoroso fue, entonces, que Jehová Dios escogiera aquel momento sombrío de la historia humana para proporcionar a toda la humanidad un destello de esperanza!. Al sentenciar a los rebeldes humanos, Dios predijo que la prole de ellos tendría un rescatador. Este Salvador, a quien se llamó la "descendencia", vendría para deshacer el terrible daño que Satanás causó allá en Edén; la "descendencia" magullaría a la "serpiente", Satanás, en la cabeza, aplastándola hasta darle muerte (Gn 3;14-15)
Desde tiempos antiguos, los judíos vieron ésta como una profecía mesiánica. Varios tárgumes (paráfrasis judías de   las Sagradas Escrituras de uso común en el primer siglo) explicaban que esta profecía se cumpliría "en el día del Rey Mesías" Profecías posteriores asociaron esa esperanza con la perspectiva de un buen gobierno (Gn 49;10). En  (2Sam 7;12-16) se le dijo al rey David, descendiente de Judá, que la Descendencia vendría de su linaje. Además esa Descendencia habría de ser un Rey fuera de lo común. ¡Su trono o gobernación duraría para siempre! (Is 9;6-7) ("La Atalaya" de 1.10.92, pág 8)
Acerca de esta provisión amorosa para salvar de los malos efectos del pecado y la muerte heredados a los arrepentidos, la Biblia dice: "Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que nosotros consiguiésemos la vida por medio de él" (1Jn 4;9). De modo que al tiempo debido de Dios, bajo el dominio del Reino de su Hijo, la imperfección humana heredada será gradualmente quitada, y la humanidad  ya no sentirá los efectos del pecado de  Adán. Pues, ¡hasta la muerte que heredamos de Adán ya no tendrá poder sobre nosotros! (Ap 21;3-4) ("La verdad que lleva a la vida eterna", pág 33)
Dentro de poco Dios hará que la humanidad obediente regrese a la condición feliz que Adán y Eva perdieron (Ap 21;1 y ss) (Ap 21;34) (Is 33;24). Estamos seguros, por estos textos, que esta maravillosa perspectiva ha de realizarse en  nuestro planeta tierra, concordando con la oración de Cristo (Mt 6;10) ("La Atalaya" de 22.1.68, pág 28)
Por un  espacio de  tiempo que  no se revela,  Dios había  disfrutado de asociación personal con su Hijo unigénito   -el "Hijo de  su amor"- en la región  celestial (Col 1;13). Durante todo ese tiempo el amor y el cariño entre el Padre  y el Hijo se habían desarrollado tanto que no ha llegado a existir ningún otro amor mutuo como el de ellos. Las demás criaturas que Dios trajo a la existencia mediante su Hijo unigénito también fueron amadas como miembros de la familia divina de Jehová. Así el amor reinaba sobre la entera familia de Dios.
Tan estrechos eran  los lazos entre Jehová y su  Hijo primogénito que el que estos se privaran a sí mismos  de tal asociación íntima sería de por sí una  gran pérdida (Col  1;15). Pero el "dar" a este Hijo unigénito significó más que  el que Dios se privara de asociación personal con el "Hijo de su amor". Llegó hasta el mismo punto de que Jehová permitiera que su Hijo experimentara la muerte y así cesara de existir temporalmente como  miembro de la  familia universal de Dios. Esta fue una muerte a favor de personas que nunca habían sido miembros de la familia de Dios.  Jehová no pudo haber dado a la  humanidad necesitada mayor dádiva que la de su Hijo unigénito.
La primera pareja humana, Adán y Eva, no se mantuvieron en su lugar como miembros de la  familia de Dios.  Después de su pecado no sólo, dejaron de ser miembros de la familia de Dios, sino que también cayeron bajo sentencia de muerte. Por lo tanto, el problema no consistía sencillamente en restaurar el favor de Dios como miembros de su familia a la prole de ellos, sino también sacarlos de estar bajo la sentencia divina de muerte.  Según funciona la justicia divina, esto requería que uno de  los fieles hijos de Jehová Dios experimentara la muerte como sustituto o rescate. Por eso, la gran cuestión era: ¿estaría dispuesto a experimentar tal  muerte como  sustituto  a  favor de  los  pecadores humanos el que fuera escogido?. Sólo el Hijo primogénito de Jehová satisfaría las necesidades especiales que imponía la situación en que se hallaba la humanidad pecaminosa. Para mostrar que estaba dispuesto a expresar ese amor al mayor grado mediante  dar su vida  a favor  de la humanidad pecaminosa, Jesús dijo a sus 12 apóstoles: "El Hijo del hombre no vino  para que se  le ministrara, sino para  ministrar y para  dar su alma en  rescate en cambio  por muchos"  (Mc 10;45) (Jn  15;13). Jehová Dios tenía una razón especial  para enviar a Jesús a  este empobrecido mundo de la humanidad. El amor divino fue el motivo de esto, pues Jesús mismo dijo: "Tanto amó  Dios al mundo que dió a  su Hijo unigénito, para que todo el  que ejerce fe en  él no sea destruido, sino  que tenga vida eterna..." (Jn 3;16-17) ("La Atalaya" de 15.1.92, pág 10-11)
Si usted es un  padre que tiene un hijo muy amado,  sin duda usted puede comprender, por lo menos hasta cierto  grado, lo que esto significó para Dios.  Ciertamente debe conmover con  afecto nuestro corazón para con él el darnos cuenta de que se interesa tanto por nosotros. (1Jn 4;9-11) ("La verdad que lleva a vida eterna", pág 51-52)
Análisis: 
Pero si el  Hijo es una creación  de Dios, o sea, fue  hecho de la nada, como  cualquier otro ser  creado, a que viene  la expresión: "Porque tanto  amó  Dios al mundo ..." ¿Dónde está la señal de su amor, si  de Hijos como  aquél los  podía crear a  millones?  ¡Fue mucho más grande la acción de  Abrahán dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac!  (Gn 22;1 y ss)
 s/TJ: 
Por su amor Jehová  envió a su Hijo unigénito en una  misión de salvar a otros.  Dios no envió  aquí a su Hijo para juzgar al  mundo.  Si al Hijo de  Dios se  le hubiera  enviado  en una  misión judicial  como esa,  no habría habido buenas perspectivas para  ningún ser humano.  La sentencia de juicio adversa de Jesucristo contra  la familia humana habría sido la de  condenación a  muerte  (Rm  5;12) Por  eso, mediante esa expresión singular del amor divino, Dios contrapesó la sentencia de muerte que la justicia absoluta hubiera requerido. (“La Atalaya” de 15.1.92, pág 11)
"Pero sólo se podría impartir vida eterna a la raza condenada y moribunda de la humanidad por medio de un sacrificio humano. ¿Cuánto había que pagar como rescate?
La Biblia dice: “Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, un hombre, Cristo Jesús, que se dio a sí mismo como rescate correspondiente por todos” (1Tim 2;5,6)
Jesús, ni más ni menos que un humano perfecto, llegó a ser un rescate que compensó exactamente por lo que Adán había perdido: el derecho a la vida humana perfecta en la Tierra. Por eso, el apóstol Pablo bien podía llamar a Jesús "el último Adán", y decir en el mismo contexto: "Así corno en Adán todos están muriendo, así también en el Cristo todos serán vivificados". (1 Corintios 15;22,45) La vida humana perfecta de Jesús era el "rescate correspondiente" exigido por la justicia divina... ni más ni menos. Un principio fundamental hasta de la  justicia humana es que el precio que se paga debe corresponder con el mal que se haya cometido.
No obstante, si Jesús hubiera sido parte de una Deidad trinitaria, el precio de rescate habría sido infinitamente superior a la que exigían las propias leyes de Dios (Ex 21;23-25) (Lv 24;19-21). Quien pecó en Edén fue solo un humano perfecto, Adán, no Dios. Por eso, para que en verdad el rescate estuviera en conformidad con la justicia de Dios tendría que ser estrictamente equivalente... un humano perfecto, "el último Adán". Así pues, cuando Dios envió a Jesús a la Tierra como rescate, hizo de Jesús lo que satisfaría la justicia: no que Dios se hiciera carne, no un Hombre-Dios, sino un hombre perfecto, "inferior a los ángeles" (Hebreos 2;9 compárese con Sal 8;5,6) ¿Cómo podría parte alguna de una Deidad todopoderosa -Padre, Hijo o espíritu santo- ser alguna vez inferior a los ángeles?"
 Análisis: 
Cuando un hombre comete un daño, la máxima justicia está en que el daño causado quede reparado y además el causante del daño reciba un correctivo tal que si es posible evite vuelva a cometerlo. Cuando Adán pecó, el daño que debía reparase no era la pérdida de su perfección, sino la reparación de la bondad de Dios que había sido mancillada. La pérdida de su perfección, con todo lo que ello supuso, no fue el daño cometido, fue el castigo recibido.
Si uno roba una cartera, la justicia no pide solamente que se devuelva la cartera, sino que al ladrón se le meta en la cárcel durante un tiempo adecuado proporcional al objeto robado. Si una persona da una bofetada a un compañero de trabajo, la justicia no exigirá el mismo castigo que si esta misma persona da exactamente la misma bofetada al jefe de la nación. En este último caso la justicia exigirá una  mayor pena ya que el “atrevimiento" ha sido muy superior.

Adán se atrevió a dar una bofetada al mismo Dios. Su castigo había de ser de tal magnitud que le era imposible a él o a cualquier otro hombre como Adán satisfacer la pena merecida, ya que nadie es capaz de satisfacer una pena que llegue a compensar un daño hecho al mismo Dios. ¿Quién podía solucionar este dilema?: "Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo...' (Jn 3,-16). En efecto, sólo Dios, por su infinito amor al hombre pudo hacerlo... porque su Hijo era de su misma naturaleza. En caso contrario, la Redención no hubiese sido posible.