miércoles, 18 de junio de 2014

SI NO TENEMOS FE, DIOS NO NOS ESCUCHARÁ

SI NO TENEMOS FE, DIOS NO NOS ESCUCHARÁ

s/TJ:

“Si no tenemos fe, Dios no nos escuchará (Sant 1;5,6). Debemos estar convencidos de que existe y se preocupa por nosotros. Para lograrlo tenemos que estudiar su Palabra, pues la fe se basa en las pruebas que encontramos en ella (Hb 11;1,6)” (La Atalaya 1 de agosto de 2013, contraportada)


Análisis:

O sea, según los TJ si no tenemos fe, por más que oremos Dios no nos escuchará. Por consiguiente, si queremos que nos escuche y así estar convencidos de que Dios existe y se preocupa por nosotros, hemos de lograr tener fe y, para ello, hemos de estudiar la Palabra pues la fe se basa en las pruebas que encontramos en ella.

Los TJ ya en La Atalaya  del 1.12.1959, pág 725, nos decían: “Tal vez una persona crea que no puede ser TJ porque no tiene bastante fe para hacerlo. Tal vez no se dé cuenta de que la fe se edifica sobre conocimiento y  ella -esa persona-  no se ha esforzado por adquirir el conocimiento que tiene que ver con el significado y razón para el bautismo. Primero tiene que colocarse el fundamento del conocimiento, y luego al ejercer la persona ese conocimiento resultará la fe (...) Porque la Escritura  dice: “cualquiera que invoque el nombre de Jehová será salvo'. Sin embargo, ¿cómo invocarán a aquél en quien no han puesto su fe? ¿Cómo, en cambio, pondrán su fe en aquél de quien no han oído? ¿Cómo, en cambio, oirán sin alguien que predique? ¿Cómo, en cambio, predicarán a menos que sean enviados?" (Rm 10;10-15).

El proceso descrito en (Rom 10;10-15), es claro: alguien es enviado a predicarnos la Palabra. Esta Palabra es oída por cualquiera que quiera escucharla. Oiremos hablar de Dios. Quizás pongamos entonces nuestra fe en Él y lo invoquemos. Y si lo invocamos entonces seremos salvo.

Analicemos este último párrafo:

Alguien es enviado a predicarnos la Palabra. Es verdad. Dice Mt en las últimas palabras de su Evangelio (28;16-20) (NM): “Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús les había ordenado y cuando le vieron le rindieron homenaje, mas algunos dudaron. Jesús se acercó y les habló, diciendo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra. Por lo tanto, vayan y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo, enseñándoles a observar todas las cosas que yo les he mandado. Y, ¡miren! Estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas” ¿Cómo demuestran los TJ que sus predicadores están en la línea de la sucesión de aquellos once discípulos, que lógicamente no iban a vivir dos mil años, pero que en cambio, recibieron la promesa de que Jesucristo estaría con ellos hasta la consumación de este sistema de cosas?  Porque si no pueden probar su entronque con la predicación de los once discípulos, tampoco podrán ser considerados entre los enviados a predicar la Palabra y por tanto se revelarán como mensajeros no autorizados y engañosos (2Cor 11;13)(Tit 1;11)

Esta palabra es oída por cualquiera que quiera escucharla. Aunque Pablo sólo habla de oír, es verdad que a lo largo de los años, algunos apóstoles de Jesús y otros santos varones que les acompañaban, elaboraron cartas y otros escritos que contenían la vida y la palabra de Jesús, según ellos vieron, oyeron y entendieron. Pero una cosa no quita la otra. A lo largo de los primeros años después de Cristo, sus apóstoles sólo transmitieron la Palabra de forma oral. Después oral y escrita a fin de ser más eficaces, pero no para que un medio anulara al otro. ¿O es que Jesús ordenó que se escribiera de alguna manera su doctrina en un libro y se prescindiera de la palabra oral?. Todo lo contrario. Los TJ para defender alguna de sus doctrinas han argüido cuando lo han creído oportuno, el razonamiento de que una determinada cuestión no es verdad porque no está en la Biblia. Pues aquí tienen otra… pero en su contra.

Oiremos hablar de Dios. Quizá de dioses distintos según sea el predicador…

Quizás pongamos entonces nuestra fe en Él y lo invoquemos. Es el primer paso positivo: que surja nuestra fe, nuestro deseo, nuestro anhelo… seguro que Dios ya está predispuesto a escucharnos. Pero todavía falta Su aceptación definitiva. Para obtener la fe que sea capaz de mover montañas, es preciso que Dios se fije en nosotros y nos dé el don definitivo de la FE con mayúsculas  (Ef 2;8) (Rom 11;6). Es necesario que la pidamos que la supliquemos… que surja de nuestro corazón y de nuestra voluntad. No se trata de estudiar más y más la Biblia, o de completar uno o cincuenta cursos sobre la misma. Se trata, como dice Jesucristo, de tener solamente tanta fe como un grano de mostaza (Lc 17;5-6) dando a entender con ello, que tener FE no es una cuestión de cantidad sino de calidad. Tiene que ser verdadera fe, o sea, confianza total en Dios y en su Hijo Jesucristo y en su poder. La mayoría de veces nos quedamos en una simple fe razonada, intelectual en la que nuestra  voluntad no llega a ser removida en el seguimiento de Cristo. 

También debe tenerse en cuenta que muchas personas llegan  a este primer paso de empezar a sentir la presencia de un Ser superior, con sólo observar la naturaleza y el cielo de una noche serena. Dios no se manifiesta sólo a través de la palabra oral o escrita, también lo hace a través de su creación, muchas veces más convincente que el mejor de los predicadores. También la petición y la súplica de estas personas puede conseguir de Dios una FE inquebrantable que las sitúe en el camino de la salvación.

Claro que los TJ pretenden llegar a la FE con mayúsculas que nos exige Jesucristo (Lc 17;5-6) solamente a través de los estudios que ellos proponen, porque no aceptan –a pesar de que la Biblia lo dice claramente, según hemos visto en (Ef 2;8) (Rom 11;6)- que la FE es un don de Dios. Así en La Atalaya del 1/11/67, pág 653, se puede leer: “Debe tenerse presente que la fe no es un don, sino, más bien, es una cualidad que tiene que cultivarse.”  Totalmente contrario a (Ef 2;8). Y en “Programas de estudio” del 15.3.70, págs 165-168, se puede leer: “Ahora bien, si el conocimiento que adquirimos de Dios no es exacto, no obtendremos fe”. O sea, si no sigues los cursos con nosotros o no aceptas nuestra interpretación de la Biblia, no llegarás nunca a tener fe. 

Y si lo invocamos entonces seremos salvo.  Aquí ya es Dios quien decide si nuestra invocación es merecedora de llegar a ser salvos.