s/TJ:
La palabra "rescate" suele
usarse cuando ocurre un
secuestro. Después que
el secuestrador
captura a alguien, puede
que diga que pondrá en
libertad al secuestrado si
se le paga como rescate
cierta cantidad de dinero. De manera Que un rescate es algo que resulta en la
liberación de alguien que se halla en
cautiverio. Es algo que se
paga para que dicha
persona no pierda la vida.
La vida humana perfecta de Jesús se dio para liberar a la humanidad del cautiverio al pecado y la muerte (1Pe 1;18-19) (Ef 1;7)
("Usted puede vivir...", pág 61)
¿Por qué se necesitaba tal liberación?. Esto se
debía a que Adán, el
antepasado de todos
nosotros, se había revelado
contra Dios. Así, el acto de desafuero
de él lo había convertido
en pecador, puesto que la
Biblia explica que "el pecado es desafuero" (1Jn 3;4) (1Jn
5;17) ("Usted puede vivir...", pág 61)
El resultado de
esto es que Adán no mereció
recibir la dádiva divina de vida eterna (Rm 6;23) ("Usted puede
vivir...", pág 61)
Así que Adán
perdió para sí la vida humana en perfección
en una tierra paradisíaca. También hizo así que todos los hijos que él tendría
perdieran esta maravillosa perspectiva.
Pero usted quizás pregunte: "por qué tenían que morir todos sus hijos, si
quien pecó fue Adán? Esto
se debe a que Adán, al hacerse pecador, pasó el pecado y la muerte a sus hijos,
incluso a todos los humanos que vivimos hoy. (Jb 14;4) (Rm 5;12) (Rm 3;23) (1Re
8;46) (Sl 51;5) ("Usted puede vivir...", pág 62)
Por eso, la
gente ha estado muriendo debido al pecado que ha heredado de Adán. Entonces, ¿cómo era posible que el
sacrificio de la vida de Jesús librara a toda persona del cautiverio al pecado y la muerte? En esto está envuelto un
principio legal que se
halla en la ley que Dios
dio a la nación de Israel. Este declara que
"se debe dar vida por
vida" (Ex 21;23-25) (Dt 19;21) (Lv 24;19-21) ("Usted puede
vivir...", pág 62) ("Usted puede sobrevivir...", pág 37)
Si Jesús hubiese sido parte de una Deidad
trinitaria, el precio de rescate hubiese sido infinitamente superior a lo que
exigían las propias leyes de Dios. Quien pecó en Edén fue sólo un humano perfecto. Adán, no Dios.
Para que en verdad el rescate estuviera en conformidad con la justicia de Dios
tendría que ser estrictamente equivalente... un humano perfecto, "el
último Adán" ("¿Debería creer usted en la Trinidad?", pág 15)
Por su pecado,
Adán y Eva no sólo dejaron
de ser miembros de la familia de Dios, sino
que también cayeron bajo
sentencia de muerte. Por lo tanto, el problema no consistía sencillamente en restaurar al favor de Dios como miembros de Su familia a la prole de ellos, sino también sacarlos de estar bajo la
sentencia divina de muerte.
Según funciona la justicia divina, esto requeriría
que uno de los fieles hijos
de Jehová Dios experimentara la muerte como sustituto o rescate. Por eso la gran cuestión era: ¿Estaría
dispuesto a experimentar tal muerte como sustituto a favor de los pecadores humanos el que fuera escogido?... Sólo el Hijo
primogénito de Jehová satisfaría las necesidades especiales que imponía la
situación en que se hallaba
la humanidad pecaminosa. Él
es tan clara imagen de su Padre celestial en mostrar cariño a los miembros de la familia que Dios ha producido que no tiene igual entre los hijos de Dios. Puesto que toda otra criatura inteligente llegó a existir mediante él, su cariño a esas criaturas ciertamente sería abundante ("La
Atalaya" de 15.1.92, pág 10)
Por su
desobediencia, Adán el hombre perfecto perdió la vida perfecta en una tierra
paradisíaca para sí mismo y para todos sus hijos. Jesucristo dio su propia vida perfecta para volver a comprar lo que Adán había perdido. Sí, Jesús "se dio a sí mismo como rescate
correspondiente por todos" (1Tim 2;5-6) ("Usted puede
vivir...", pág 62) ("La Atalaya" de 15.1.92, pág 21)
Jesús
entonces tenía que ser
lo que Adán había
sido originalmente: un
humano perfecto, no un Dios-hombre. (Ex 21;23) (Dt 19;21) (1Cor 15;22) ("La
Atalaya" de 15.1.92, pág 21)
A Jesús, por
haber sido hombre perfecto, tal como lo había sido Adán, se le llama "el último Adán" (1Cor 15;45) ("Usted
puede vivir...", pág 62)
Ningún
otro humano aparte de Jesús pudiera haber provisto el rescate. Esto se debe a que Jesús
fue el único hombre que ha vivido que fue igual a Adán como hijo humano
perfecto de Dios. (Sl 49;7) (Lc
1;32) (Lc 3;38) ("Usted puede vivir...", pág 62) (La Atalaya
1/4/2011, pág 9)
La profecías mesiánicas mostraron claramente que el Mesías tenía que morir. Por ejemplo, la misma profecía que predijo cuando llegaría el Mesías también predijo en el versículo siguiente: "Después de las sesenta y dos semanas (que siguieron a las siete semanas) Mesías será cortado (Dn 9;26). La palabra hebrea "ka-ràth" que se utiliza aquí para "cortado" es la misma palabra que se usó para la pena de muerte impuesta bajo la Ley de Moisés. No hay duda de que el Mesías tenía que morir. ¿Por qué? El v24 nos da la respuesta: "Para acabar con el pecado, y para hacer expiación por el error, y para introducir la justicia para tiempos indefinidos". Los judíos sabían bien que sólo un sacrificio, una muerte, podía hacer expiación por el error (Lv 17;11) (Hb 9;22).
Análisis:
Si Jesús
vino a tener el mismo grado de perfección que tenía Adán, pudo haber pecado -lo que está en contra de (Hb 4;15)- O, a la inversa, si Adán tenía el mismo grado de perfección que llegó a tener Jesús, ¿por qué
pecó? ¿En qué sentido era perfecto Adán si podía
pecar?
Pero ¿cómo podemos a
estas alturas seguir
esgrimiendo la Ley de
Talión como base en los planes de Dios? ¿No
es Dios amor? Pero,
¿no nos enseñó Jesucristo que su Ley es muy superior a la de Talión? (Mt 5;38-48) Si Dios hubiese aplicado
a sus planes la Ley de Talión no
nos hubiese enviado a su Hijo, porque al hacerlo, Dios que es el ofendido es también el que paga las consecuencias. Si la redención fue posible es porque Dios, en un infinito gesto de amor, quiso que el hombre se salvara, no aplicando medidas de justicia material, como era la Ley de Talión, sino la sin medida del amor.
Un bofetón dado a un
compañero se "compensa" con
cualquier cosa. El mismo bofetón dado al
alcalde seguramente deberá "compensarse" con unos días de cárcel. Si el bofetón se da al rey, los días de
cárcel se pueden convertir en meses o años. ¿O no es más horrendo el hecho
que un hijo mate a su propio padre que a otra persona? Lo más grave que un hombre puede hacer a otro hombre puede "compensarse" incluso
con la muerte, pero, ¿con
qué y cómo pagará el hombre
una ofensa hecha a Dios?. En (Ex 21;12-17) podemos leer: "El que hiera
mortalmente a otro será castigado con la muerte... y el que maldijere a su padre (ofensa menor a una persona de mayor condición), será
muerto" Y es que
el problema no está en el ofensor sino en el ofendido. Y el ofendido en nuestro caso era Dios. Sólo un hombre-Dios podía solucionar este problema. Y así se solucionó por el gran amor de Dios hacia sus criaturas
sacrificándose a sí mismo en
la persona del Hijo. (Flp
2;5-11)