domingo, 28 de septiembre de 2014

JESUCRISTO MURIÓ PARA LIBERAR A LA HUMANIDAD

s/TJ: 
La palabra "rescate" suele usarse cuando ocurre  un secuestro.  Después que el  secuestrador captura  a alguien, puede que diga que  pondrá en libertad al  secuestrado si se le  paga como rescate cierta cantidad de dinero. De manera Que un rescate es algo que resulta en la liberación de alguien que se halla  en cautiverio. Es algo  que se paga  para que dicha persona  no pierda la vida. La vida humana perfecta de Jesús se dio para  liberar a la  humanidad del cautiverio  al pecado y  la muerte (1Pe 1;18-19) (Ef 1;7)  ("Usted puede vivir...", pág 61) 
¿Por qué  se necesitaba tal liberación?. Esto se debía a  que Adán, el antepasado de  todos nosotros, se  había revelado contra Dios. Así, el acto de  desafuero de él lo  había convertido en pecador,  puesto que la Biblia explica que "el pecado es desafuero" (1Jn 3;4) (1Jn 5;17) ("Usted puede vivir...", pág 61) 
El resultado de esto es que Adán  no mereció recibir la dádiva divina de vida eterna (Rm 6;23) ("Usted puede vivir...", pág 61) 
Así que Adán perdió para sí la vida humana en  perfección en una tierra paradisíaca. También hizo así que todos los hijos que él tendría perdieran esta maravillosa  perspectiva. Pero usted quizás pregunte: "por qué tenían que morir todos sus hijos, si quien pecó fue Adán?  Esto se debe a que Adán, al hacerse pecador, pasó el pecado y la muerte a sus hijos, incluso a todos los humanos que vivimos hoy.  (Jb 14;4) (Rm 5;12) (Rm 3;23) (1Re 8;46) (Sl 51;5) ("Usted puede vivir...", pág 62) 
Por eso, la gente ha estado muriendo debido al pecado que ha heredado de Adán.  Entonces, ¿cómo era posible que el sacrificio de la vida de Jesús librara a  toda persona del cautiverio  al pecado y la  muerte?  En esto está envuelto un principio  legal que se halla en la ley  que Dios dio a la nación de Israel. Este declara  que "se debe dar  vida por vida" (Ex 21;23-25) (Dt 19;21) (Lv 24;19-21) ("Usted puede vivir...", pág 62) ("Usted puede sobrevivir...", pág 37) 
Si  Jesús hubiese sido parte de una Deidad trinitaria, el precio de rescate hubiese sido infinitamente superior a lo que exigían las propias leyes de Dios. Quien pecó en Edén fue sólo  un humano perfecto. Adán, no Dios. Para que en verdad el rescate estuviera en conformidad con la justicia de Dios tendría que ser estrictamente equivalente... un humano perfecto, "el último Adán" ("¿Debería creer usted en la Trinidad?", pág 15)  
Por su pecado, Adán y Eva no  sólo dejaron de ser miembros de la familia de Dios,  sino que  también cayeron bajo sentencia de muerte. Por lo tanto, el problema no consistía  sencillamente en restaurar al  favor de Dios  como miembros  de Su  familia a  la prole  de ellos,  sino también sacarlos de estar bajo la sentencia  divina de muerte. Según funciona la justicia divina, esto  requeriría que uno de los fieles  hijos de Jehová Dios experimentara la muerte como sustituto  o rescate.  Por eso la gran cuestión era: ¿Estaría dispuesto    experimentar  tal  muerte  como sustituto a  favor de  los pecadores humanos el que  fuera escogido?... Sólo el Hijo primogénito de Jehová satisfaría las necesidades especiales que imponía la situación en que  se hallaba la humanidad pecaminosa.  Él es  tan clara  imagen de  su  Padre celestial  en mostrar  cariño a  los miembros de  la familia que Dios  ha producido que no  tiene igual entre los hijos  de Dios.  Puesto que  toda otra criatura inteligente  llegó a existir  mediante  él, su cariño   esas criaturas ciertamente  sería abundante ("La Atalaya" de 15.1.92, pág 10)  
Por su desobediencia, Adán el hombre perfecto perdió la vida perfecta en una tierra paradisíaca para sí mismo y para todos sus hijos. Jesucristo dio su  propia vida  perfecta para  volver a comprar  lo que  Adán había perdido. Sí, Jesús  "se dio a sí mismo como  rescate correspondiente por todos" (1Tim 2;5-6) ("Usted puede vivir...", pág 62) ("La Atalaya" de 15.1.92, pág 21) 
Jesús entonces  tenía que ser lo  que Adán había sido  originalmente: un humano perfecto, no un Dios-hombre. (Ex 21;23) (Dt 19;21) (1Cor 15;22) ("La Atalaya" de 15.1.92, pág 21) 
A Jesús, por haber sido hombre perfecto, tal como lo había sido Adán, se le llama "el último Adán" (1Cor 15;45) ("Usted puede vivir...", pág 62) 
Ningún otro  humano aparte de  Jesús pudiera haber provisto  el rescate. Esto se debe a que Jesús fue el único hombre que ha vivido que fue igual a Adán como hijo humano perfecto de Dios. (Sl 49;7) (Lc 1;32) (Lc 3;38) ("Usted puede vivir...", pág 62) (La Atalaya 1/4/2011, pág 9)


La profecías  mesiánicas mostraron  claramente que  el Mesías  tenía que morir. Por ejemplo, la misma  profecía que predijo cuando  llegaría el Mesías también  predijo en el versículo siguiente: "Después  de  las sesenta y  dos semanas (que siguieron  a las siete semanas) Mesías será cortado (Dn 9;26).  La palabra hebrea "ka-ràth" que se utiliza aquí para "cortado" es la misma palabra que se usó para la pena de muerte impuesta bajo la  Ley de Moisés. No  hay duda de  que el Mesías tenía  que morir. ¿Por qué?   El v24 nos  da la respuesta: "Para  acabar con el  pecado, y para hacer  expiación por el error,  y para introducir la justicia para tiempos indefinidos". Los judíos sabían  bien que sólo  un sacrificio, una muerte, podía hacer expiación por el error (Lv 17;11) (Hb 9;22).
Análisis: 
Si Jesús vino a tener el mismo grado de perfección que tenía Adán, pudo haber  pecado -lo que  está en contra de  (Hb 4;15)- O,  a la inversa, si  Adán tenía el mismo  grado de perfección que  llegó a tener Jesús, ¿por qué pecó?  ¿En  qué sentido era perfecto Adán si podía pecar? 
Pero ¿cómo  podemos a estas  alturas seguir esgrimiendo la  Ley de Talión como base en los planes de Dios?  ¿No es Dios amor?  Pero, ¿no  nos enseñó  Jesucristo que  su Ley  es muy superior a  la de Talión?  (Mt 5;38-48) Si Dios hubiese aplicado a sus planes la Ley de Talión  no nos hubiese  enviado a  su Hijo, porque al hacerlo, Dios que es el ofendido es también el que paga las consecuencias. Si la redención  fue posible es porque Dios, en  un infinito gesto de amor, quiso  que el hombre se salvara, no  aplicando medidas de justicia material,  como era la  Ley de Talión, sino  la sin medida del amor.
Un bofetón dado  a un compañero se "compensa"  con cualquier cosa. El mismo bofetón dado  al alcalde seguramente deberá "compensarse" con unos días de cárcel.  Si el  bofetón se da al rey, los días de cárcel se pueden convertir en meses o años.  ¿O no es más horrendo el hecho que  un hijo mate a  su propio padre que  a otra persona? Lo  más grave  que  un hombre puede  hacer   otro hombre  puede "compensarse" incluso con la muerte,  pero, ¿con qué y cómo pagará el  hombre una  ofensa hecha  a Dios?.   En (Ex  21;12-17) podemos leer:  "El que  hiera mortalmente   otro será  castigado con  la muerte...  y el  que  maldijere a  su padre (ofensa menor a  una persona de mayor condición), será muerto Y es que el problema no está en el ofensor sino en  el ofendido.  Y el ofendido en nuestro caso  era  Dios.   Sólo   un  hombre-Dios  podía  solucionar  este problema.  Y así  se solucionó por el gran amor  de Dios hacia sus criaturas sacrificándose a sí mismo  en la persona del Hijo.  (Flp 2;5-11)