jueves, 25 de septiembre de 2014

A MENOS QUE UNO NAZCA DE NUEVO NO PUEDE ENTRAR EN EL REINO DE DIOS

s/ TJ:

Durante su conversación con Nicodemo, Jesús destacó que es imprescindible nacer de nuevo para poder ver el reino de Dios. Dijo: "A menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Jn 3:3).

Con las expresiones "a menos que" y "no puede", Jesús dejó claro que es imprescindible nacer de nuevo. Pongamos un ejemplo. Si alguien dice: "A menos que exista el Sol, no puede haber luz en la Tierra", está indicando que la existencia del Sol es imprescindible para que haya luz en nuestro planeta. Del mismo modo, Jesús indicó que volver a nacer es absolutamente necesario para "ver el reino de Dios".

Después, como si quisiera eliminar toda sombra de duda, Jesús añadió lo siguiente: "Ustedes tienen que nacer otra vez" (Jn 3:7). Por lo tanto, sus palabras muestran con claridad que nacer de nuevo es un requisito indispensable para poder "entrar en el reino" (Jn 3:5).En vista de la gran importancia que Jesús le daba a este nuevo nacimiento, todos deberíamos asegurarnos de que comprendemos con exactitud qué implica. Por ejemplo, ¿diría usted que es el propio cristiano el que decide nacer de nuevo?

¿Quién causa el nuevo nacimiento? Algunos predicadores que exhortan a sus feligreses a nacer de nuevo citan estas palabras de Jesús: "Ustedes tienen que nacer otra vez" (Juan 3:7). Pero las leen como si fuera un mandato, como si Jesús estuviera diciendo: "iNazcan de nuevo!". Por eso predican que es responsabilidad de cada creyente obedecer a Jesús y dar los pasos necesarios para volver a nacer. Según ellos, nacer de nuevo es una decisión personal. Ahora bien, ¿concuerda eso con lo que Jesús le dijo a Nicodemo?

Volver a nacer no puede depender de uno mismo. Comparémoslo con el nacimiento de una criatura. ¿Tiene el niño algún poder de decisión en su concepción y nacimiento? Claro que no. Lo cierto es que todos nosotros hemos nacido porque nuestros padres nos engendraron. De la misma manera, solamente podemos volver a nacer si Dios, nuestro Padre celestial, así lo quiere (Jn 1;13). De ahí que el apóstol Pedro dijera: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque, según su gran misericordia, nos dio un nuevo nacimiento" (1 Pe 1;3).

"Pero si nacer de nuevo no depende de uno mismo, ¿por qué ordenó Jesús: 'Ustedes tienen que nacer otra vez'?", pudieran objetar algunos. Es lógico hacerse esa pregunta. Si esas palabras fueran realmente un mandato, Jesús estaría pidiéndonos algo imposible, y eso no sería propio de él. Entonces, ¿cómo debemos interpretarlas?

Si examinamos dicha oración en su idioma original, veremos que Jesús no utilizó la formagramatical empleada para dar órdenes, esto es, el modo imperativo. Al contrario, utilizó la forma habitual para exponer datos. Esto quiere decir que cuando Jesús dijo: "Tienen que nacer otra vez", en realidad estaba comunicando un hecho, y no dando una orden. Por eso, sus palabras también se traducen así: "Os es necesario nacer de nuevo" (Jn 3:7, Reina-Valera, 1960).

Pongamos un ejemplo para entender mejor la diferencia. Imaginemos una ciudad que cuenta con muchas escuelas, entre ellas una para estudiantes indígenas que viven lejos de la ciudad. Cierto día, cuando un muchacho que no es de ascendencia indígena quiere matricularse, el director del colegio le dice: "Para matricularte, tienes que ser indígena". Es obvio que el director no le está dando una orden, ¿verdad? No le está diciendo: "iConviértete en un indígena!". Simplemente le está señalando cuál es el requisito para inscribirse en la escuela. Algo parecido pasa con lo que dijo Jesús. Él simplemente estaba indicando cuál era el requisito para "entrar en el reino de Dios".

Ahora bien, ¿qué tiene que ver el Reino de Dios con este nuevo nacimiento?, ¿qué función cumple nacer de nuevo? Muchas personas creen que hay que nacer de nuevo para recibir la salvación eterna. Sin embargo, ¿recuerda por qué dijo Jesús que había que nacer de nuevo? Porque "a menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Jn 3:3). En efecto, no dijo que fuera para ser salvo, sino para entrar en el Reino de Dios. "Pero ¿es que no es lo mismo entrar en el Reino que ser salvo?", puede preguntar alguien. La verdad es que no. Para entender la diferencia, veamos primero qué significa la expresión "reino de Dios".

Puesto que un reino es una forma de gobierno, al hablar del "reino de Dios", en realidad se está aludiendo a un gobierno establecido por Dios. Según la Biblia, Jesucristo —el "hijo del hombre"es el Rey de este reino y cuenta con el apoyo de otros gobernantes (Dan 7;1, 13, 14) (Mt 26; 63, 64). Una visión del apóstol Juan revela que estos compañeros de Cristo son personas elegidas de entre "toda tribu y lengua y pueblo y nación" y que "han de reinar sobre la tierra" (Ap 5;9, 10) (Ap 20;6). La Palabra de Dios también indica que estos reyes constituyen un "rebaño pequeño" formado por 144.000 miembros "comprados de la tierra" (Lc 12;32) (Ap14;1, 3).

Pues bien, ¿dónde está la sede del Reino de Dios? El hecho de que al "reino de Dios" también se lo llame "reino de los cielos" indica que Jesús y quienes reinan con él gobiernan desde el cielo (Lc 8;10) (Mt 13;11). Por tanto, el Reino de Dios es un gobierno celestial integrado por Jesucristo y por un grupo de discípulos suyos elegidos de la humanidad.

En vista de esto, ¿a qué se refería entonces Jesús cuando dijo que había que volver a nacer para entrar en el Reino de Dios? A que hay que nacer de nuevo para gobernar con Cristo en el cielo. En resumen: la función de este nuevo nacimiento es preparar a un grupo limitado de seres humanos para gobernar en el cielo.

Análisis:

  Pasajes de la Escritura                        Textos de los pasajes                                Comentarios

(Jn 3;3,7) (NM)
“En respuesta, Jesús le dijo: A menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios... No te maravilles a. causa de que te dije: Ustedes tienen que nacer otra vez”.
No parece que hayan excepciones: “A menos que uno…”  Pero un TJ común contestará: "Las `otras ovejas' no necesitamos  tal renacimiento, pues nuestra meta es la vida eterna en el paraíso terrenal restaurado como vasallos del Reino. Esto es para los 144.000 ungidos”.
(1Jn 5;1) (NM)
"Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios..."
La expresión: “Todo el que cree”, no deja a nadie afuera
(Gl 4;5-6) (NM)
Cristo vino… “…para que nosotros, a nuestra vez, recibiésemos la adopción de hijos. Ahora bien, porque ustedes son hijos, Dios ha
enviado el espíritu de su Hijo a nuestros corazones y éste clama: ¡Abba, Padre!"
Siguiendo su doctrina, el TJ común contestará que NO, que no ha sido adoptado como hijo de Dios, al recibir el Espíritu del Hijo de Dios.
(Rom 8; 14-16) (NM)
“Porque todos los que son conducidos por el espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Porque no recibieron ustedes un espíritu de esclavitud que ocasione temor de nuevo, sino que recibieron un espíritu de adopción como hijos, espíritu por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”
Estos versículos siguen hablando de mismo tema, la recepción del “espíritu de adopción” y el clamar ¡Abba, Padre!, que el TJ común dice que él no recibe ya que sólo se aplica este tema a los 144.000.
(Rom 8; 1-2, 8-9) (NM)
“Por lo tanto no tienen condenación los que están en unión con Cristo Jesús. Porque la ley de ese espíritu que da vida en unión con Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte… “
Por eso los que están en armonía con la carne no pueden agradar a Dios. Sin em­bargo, ustedes no están en armonía con la carne, sino con el espíritu, si es que el es­píritu de Dios verdaderamente mora en ustedes. Pero si alguien no tiene el espíritu de Cristo, este no le pertenece”.
Si el TJ ha admitido que no ha recibido al Espíritu de Cristo para que more en su corazón al nacer de nuevo en adopción como hijo de Dios, a la luz de los versículos ocho y nueve, ¿puede llegar a alguna conclusión dife­rente de que no puede agradar a Dios ni pertenecer a Cristo?