s /TJ:
Al igual que Jesús, los cristianos ungidos, una vez resucitados,
recibirán un cuerpo espiritual. (Jn 14; 1-3) (1 Cor 15;42-45) (Ap 3;21)
(2Tim 2;11,12) ya que carne y sangre no pueden heredar el Reino de Dios (1Cor 15;50)
El apóstol Pedro describe a esta clase
que tiene esperanza celestial como "los escogidos según la presciencia de Dios el Padre", y
los estimula así: "Dios... según su gran misericordia nos dio un' nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante
la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, a una herencia incorruptible e incontaminada e
inmarcesible. Está reservada en los cielos para ustedes" (1Pe 1;1-4)
Las criaturas
humanas, que tienen cuerpo de carne y sangre, no pueden vivir en el cielo. De la resurrección
a la vida celestial, la Biblia dice: "Se
siembra cuerpo físico, se levanta cuerpo espiritual...carne
y sangre no pueden heredar el reino de Dios" (1Cor 15; 44-50)
("Usted puede vivir..." pág 144)
Análisis:
En (1Cor 15;35-53)
podemos encontrar la respuesta a este pasaje. ¿Cómo resucitan los
muertos? (v 35). La respuesta de S. Pablo es que el cuerpo
humano habrá de sufrir transformación, adquiriendo unas características
totalmente diferentes de este cuerpo mortal y corruptible que ahora poseemos
(v 44, 53). Es la misma idea que había expresado ya Jesucristo
sucintamente respondiendo a preguntas de los saduceos (Mt 22;30). A fin de que
se le entienda mejor, el apóstol comienza valiéndose de algunas imágenes
tomadas del mundo vegetal (v 36-38), del mundo animal (v 39) y del
mundo mineral (v 40, 41) Pues bien, añade el
apóstol, todo eso son analogías de lo que
sucederá con el cuerpo humano en la
resurrección de los muertos (v 42-44). Pablo se fija sólo en las cualidades
comunes a todos los cuerpos resucitados por las que se distinguen
de las actuales. Estas cualidades son: incorruptibilidad, gloria, poder y
espiritualidad. De estas cuatro propiedades, la principal, sin duda alguna, que
resume las tres anteriores, es la "espiritualidad",
que el apóstol explica en los (v 45-49), y que quizá, por eso, deja para la
última.
No cabe
duda que hablar de cuerpo
espiritual parece una contradicción, de ahí que el apóstol
empiece ratificándose en lo dicho (v 44b), como tratando de
dar a entender que sabe bien lo que se dice. Entiende
por "cuerpo
animal" el cuerpo
vivificado por el "alma" -en cuanto informa
al cuerpo conforme a sus exigencias y propiedades
naturales- y por "cuerpo espiritual" el vivificado por
el "espíritu"
-en cuanto principio vital del hombre regenerado que actúa bajo el
influjo y moción del Espíritu Santo (1Cor 2;13-15). "Cuerpo
espiritual" (cuerpo
incorruptible, glorioso, con poder u espiritualizado) no se opone a la
realidad del cuerpo que está formado por materia y que es extenso y que sigue
presente en ambos términos, ("söma": nº
4325 de la Concordancia) sino a "cuerpo animal" (cuerpo corruptible, miserable y
débil) Lo que se opone no es el cuerpo sino las
distintas condiciones del cuerpo.
Es una
oposición semejante a la que encontramos entre "hombre
animal" y "hombre espiritual"
en (1Cor 2; 13-15) y que de alguna manera nos da
luz para comprender la oposición que estamos
tratando. El "cuerpo
animal", sujeto a las leyes del crecimiento y la
corrupción, es el que recibimos de Adán , nuestro primero
y común padre, hecho ser viviente por el alma que Dios le
infundió (v 45a) (Gn 2;7); el "cuerpo espiritual",
en cambio, lo debemos a la virtud del segundo Adán,
Jesucristo, hecho para nosotros "espíritu
vivificante", que nos transmite una vida muy superior a
la del alma, capaz de transformar nuestros cuerpos
(v 45b)(Rm 1;4). En orden de tiempo, ha sido primero el "cuerpo animal"
que el "espiritual" , ya que desde
nuestro mismo nacimiento hemos venido participando de la
frágil condición del primer Adán (v 46) mas, como hemos llevado la
imagen del terreno, llevaremos también, cuando llegue la
resurrección, la imagen del Adán "celeste"
(Flp 2;6-7) (Jn 6;38), Jesucristo, entrando a participar de
su resurrección gloriosa que la uniformidad entre cabeza y
miembros está pidiendo ( v 47-49) (Rm 8;29) (2Cor 3;18) (Flp 3;21).
Hechas estas
explicaciones, el apóstol, como resumiendo todo lo anterior, afirma
solemnemente que "la
carne y la sangre", es
decir "este cuerpo animal
y corruptible" -en el sentido ordinario de la Escritura-
que ahora tenemos, no puede entrar en
la eterna bienaventuranza sin sufrir una transformación que tendrá
lugar al final de los tiempos, en la parusía, y
afectará a todos los elegidos, vivos y muertos, los unos siendo
"transformadados" y
los otros resucitando "incorruptibles" (v 50-53) Hay que hacer notar
que S. Pablo en este pasaje no mira sino a los justos, únicos que entran
aquí en su perspectiva.
Debemos prestar
atención al demostrativo "éste" en los (v 53 y 54),
repetido hasta cuatro veces, con que el apóstol inculca fuertemente la
identidad el cuerpo resucitado con el que ahora tenemos. A la misma conclusión
lleva la imagen de "revestimiento", repetida tambien
cuatro veces, y que está pidiendo la permanencia del mismo
sujeto en una y otra etapa.
Más adelante,
sin embargo, los TJ nos dicen
que el cuerpo de 144.000 de sus adeptos (o al
menos de los que forman parte de esta categoría que siguen vivos en
el momento del Armagedón) sí que son transformados
pasando su cuerpo de terrestre a espiritual y
pasando a habitar en la región de los espíritus, aunque en
el texto que hemos leído de ("El propósito eterno
de Dios...", pág 39) se
dice que el hombre recibió un cuerpo terrestre, "que no era espiritual y
por esto no puede ser espiritualizado de modo que se haga invisible
y pueda habitar en la región de los espíritus" ¿En qué
quedamos? ¿Se puede o no se puede
espiritualizar? Porque si se puede con 144.000, o parte de ellos, ¿por qué
no se va a poder hacer con todos los demás? No estoy hablando de las
razones para hacerlo o no hacerlo, estoy hablando de si se puede o no se puede.
"Nephesh" ó "psykhé" designa al hombre mismo.
También en "La primera resurrección ya ha empezado" de La Atalaya del 1/1/2007, pág 25-30, se dice que los "cristianos ungidos con espíritu santo tienen que morir antes de recibir la recompensa celestial" (punto 7, pág 2).
s/
TJ:
Sólo personas
celestiales, con cuerpos espirituales, pueden vivir en el cielo. ("Usted puede vivir..." pág 144)
Jesús le reveló
al apóstol Juan que sólo 144.000 humanos serían cambiados para ser
criaturas espíritus al debido tiempo y unidos al "Cordero", el Hijo
de Dios, en el monte Sion celestial. Se describe a ese número limitado como los que
"fueron comprados de entre la humanidad como primicias para Dios y
para el Cordero". Son quienes "serán sacerdotes de Dios y
del Cristo, y gobernarán como reyes con él por los mil años" (Ap 14;14) (Ap 20;6). El
apóstol Pablo escribió a este grupo selecto: "Dios los eligió a ustedes...
A este mismo destino los llamó él mediante las buenas nuevas que nosotros
declaramos, con el propósito de adquirir la gloria de nuestro Señor Jesucristo" (1Tes
2;13-14).
Jesús se refiere
a los llamados a estar con él en gloria celestial como "mis
hermanos". Y claramente indica que una grande multitud de personas que amparan a sus
"hermanos" perseguidos y cooperan con ellos sería debidamente remunerada (Mt 25;40) ¿Cómo? Teniendo
el privilegio de vivir en la Tierra cuando el reino celestial de Dios extienda a la humanidad
las bendiciones bosquejadas en (Ap 21;1-4). Así, tal como Adán y Eva gozaron de bendiciones
del paraíso aquí en la Tierra antes de su desobediencia, los amorosos apoyadores de
Cristo y de sus hermanos espirituales disfrutarán de paz y felicidad en el paraíso terrestre
restaurado (SI 37;11) (Pr 2;21-22).
Ese magnífico resultado se deberá al
hecho de que el reino de Dios en el cielo, con Cristo como rey y sus hermanos como
"reyes con él" habrá triturado y puesto fin a todas las gobernaciones inicuas de la Tierra que
están bajo el control satánico (Ap 20;6) (Dn 2;44) (1Jn 5;19).
Por otra parte, es para estos 144.000
y sólo para ellos que Jesús hace preparativos en el cielo, exactamente como prometió que lo haría:
"Voy a preparar un lugar para ustedes... para que dónde yo estoy también
estén ustedes" (Jn 14;2-3)
El apóstol Pedro describe a esta clase
que tiene la esperanza celestial como "los escogidos según la presciencia de
Dios el Padre", y los estimula
así: "Dios...
según su gran misericordia nos dio un nuevo nacimiento a una esperanza viva
mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, a una herencia
incorruptible e incontaminada e inmarcesible. Está reservada en los cielos para
ustedes" (1Pe 1;1-4)
Así, pues, no todo seguidor de Cristo
alcanzará el cielo. Comparativamente hablando, sólo un número pequeño de humanos será levantado
de la muerte como criaturas espíritus, heredando inmortalidad, el no poder
morir, y con el gran galardón de ver a Jehová Dios "tal como él es” (1Jn 3;2) ("¡Despertad!" de 22.7.68, pág 27-28)
Análisis:
Una de las enseñanzas de la Watchtower es que los ungidos que
van muriendo no necesitan esperar el día de la resurrección para vivir
nuevamente, puesto que ellos son transformados después de morir para reinar con
Cristo desde los cielos. En este sentido, los Testigos de Jehová enseñan que
los difuntos Russell, Rutherford, Knorr, Franz y Henschell (todos ellos de la
clase ungida o gobernante) ya están reinando con Cristo desde los cielos y
dirigiendo la obra en la tierra.
Lo que llama mucho la atención es que aún existan las tumbas de estos ex
presidentes ungidos de la Watchtower, cuando en realidad, según sus enseñanzas,
los ungidos no están en tumbas conmemorativas sino en el cielo. Es de suponer
que nada de sus restos subsista en sus sepulcros, ni siquiera un pequeñito
hueso, ya que ellos, supuestamente, fueron transformados y están vivos con
Jesús en su trono celestial. Recordemos que los TJ no creen que el hombre tenga
un alma inmortal que es independiente del cuerpo y que parte al cielo al
momento de morir. Ellos creen que sus ungidos difuntos fueron totalmente
transformados y cambiados a cuerpos espirituales para reinar con Cristo. Esto
sólo puede significar que en sus tumbas no hay absolutamente nada de ellos.
Los dirigentes de los TJ tienen una magnífica oportunidad para demostrarle al
mundo que ellos son la verdadera “organización de Jehová”— ¿cómo?— por medio de
abrir las tumbas de sus ungidos difuntos para mostrarle a los fieles y
detractores por igual que éstas están totalmente vacías, y que, efectivamente,
aquellos “elegidos” ya están en el cielo reinando con Cristo en cuerpos
espirituales (transformados). ¿Se atreverían a hacerlo?
Espero sus comentarios que puede enviar a: Análisis Testigos (potablava@hotmail.com)