jueves, 25 de septiembre de 2014

LOS CRISTIANOS UNGIDOS AL MORIR, RECIBIRÁN UN CUERPO ESPIRITUAL

s /TJ:

Al igual que Jesús, los cristianos ungidos, una vez resucitados, recibirán un cuerpo espiritual. (Jn 14; 1-3) (1 Cor 15;42-45) (Ap 3;21) (2Tim 2;11,12) ya que carne y sangre no pueden heredar el Reino de Dios (1Cor 15;50)


El apóstol Pedro describe a esta clase que tiene esperanza celestial como "los escogidos según la presciencia de Dios el Padre", y los estimula así: "Dios... según su gran misericordia nos dio un' nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, a una herencia incorruptible e incontaminada e inmarcesible. Está reservada en los cielos para ustedes" (1Pe 1;1-4)

Las criaturas humanas, que tienen cuerpo de carne y sangre, no pueden vivir en el cielo. De la resurrección a la vida celestial, la Biblia dice: "Se siembra cuerpo físico, se levanta cuerpo espiritual...carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios" (1Cor 15; 44-50) ("Usted puede vivir..." pág 144)

Análisis:

En (1Cor 15;35-53)  podemos encontrar la respuesta  a este pasaje. ¿Cómo resucitan los muertos?  (v 35).  La respuesta de S. Pablo es que el  cuerpo humano habrá de  sufrir transformación, adquiriendo unas características totalmente diferentes de este cuerpo mortal y corruptible que ahora  poseemos (v 44, 53).  Es la  misma idea que había expresado ya Jesucristo sucintamente respondiendo a preguntas de los saduceos (Mt 22;30). A fin de que se le entienda mejor, el apóstol comienza  valiéndose de algunas imágenes tomadas del mundo vegetal  (v 36-38), del mundo animal (v  39) y del mundo mineral  (v 40,  41) Pues  bien, añade  el apóstol,  todo eso  son analogías  de  lo  que  sucederá   con  el  cuerpo  humano  en  la resurrección de los muertos (v 42-44). Pablo se fija sólo en las cualidades comunes a todos los cuerpos resucitados por las que se   distinguen de las actuales. Estas cualidades son: incorruptibilidad,  gloria, poder y espiritualidad. De estas cuatro propiedades, la principal, sin duda alguna, que resume las tres anteriores, es la "espiritualidad", que el apóstol explica en los (v 45-49), y que quizá, por eso, deja para la última.

No  cabe  duda   que  hablar  de  cuerpo   espiritual  parece  una contradicción, de ahí  que el apóstol empiece  ratificándose en lo dicho (v  44b), como tratando de  dar a entender que  sabe bien lo que se  dice.  Entiende por  "cuerpo animal" el  cuerpo vivificado por  el "alma" -en  cuanto  informa al  cuerpo  conforme  a  sus exigencias y  propiedades naturales- y por  "cuerpo espiritual" el vivificado por el "espíritu" -en cuanto principio vital del hombre regenerado que actúa  bajo el influjo y moción  del Espíritu Santo (1Cor 2;13-15).  "Cuerpo  espiritual" (cuerpo incorruptible, glorioso, con poder  u espiritualizado) no se opone a la realidad del cuerpo que está formado por materia y que es extenso y que sigue presente en  ambos  términos,  ("söma":  nº  4325  de  la Concordancia)  sino  a   "cuerpo  animal" (cuerpo corruptible, miserable y débil) Lo que se  opone no  es el  cuerpo sino  las distintas condiciones del cuerpo.

Es  una oposición  semejante a  la que  encontramos entre  "hombre animal" y "hombre  espiritual" en (1Cor 2; 13-15) y  que de alguna manera  nos  da  luz  para comprender  la  oposición  que  estamos tratando.  El "cuerpo animal", sujeto  a las leyes del crecimiento y la corrupción,  es el que recibimos de Adán  , nuestro primero y común padre, hecho  ser viviente por el alma que  Dios le infundió (v 45a) (Gn 2;7); el "cuerpo  espiritual", en cambio, lo debemos a la virtud del segundo Adán, Jesucristo, hecho para  nosotros  "espíritu vivificante", que nos transmite  una vida muy superior a  la  del alma,  capaz de  transformar nuestros  cuerpos (v  45b)(Rm 1;4).  En orden de tiempo, ha  sido primero el "cuerpo animal" que el  "espiritual" ,  ya que  desde nuestro  mismo nacimiento  hemos venido participando de la frágil  condición del primer Adán (v 46) mas, como hemos llevado la imagen del terreno, llevaremos también,  cuando llegue la  resurrección, la imagen del  Adán "celeste" (Flp 2;6-7) (Jn 6;38), Jesucristo, entrando a participar de su resurrección gloriosa que la uniformidad entre cabeza y miembros está pidiendo ( v 47-49) (Rm 8;29) (2Cor 3;18) (Flp 3;21).

Hechas estas  explicaciones, el  apóstol, como resumiendo  todo lo anterior, afirma solemnemente que "la carne y la sangre", es decir "este cuerpo animal y corruptible" -en el sentido ordinario de la Escritura-  que  ahora  tenemos,  no puede  entrar  en  la  eterna bienaventuranza sin sufrir una  transformación que tendrá lugar al final  de los  tiempos,  en la  parusía, y  afectará  a todos  los elegidos, vivos y muertos, los unos siendo "transformadados" y los otros resucitando  "incorruptibles" (v 50-53) Hay  que hacer notar que S. Pablo en este pasaje no  mira sino a los justos, únicos que entran aquí en su perspectiva.

Debemos prestar  atención al  demostrativo "éste" en  los (v  53 y 54), repetido hasta cuatro veces, con que el apóstol inculca fuertemente la identidad el cuerpo resucitado con el que ahora tenemos. A la misma conclusión lleva la imagen  de "revestimiento",  repetida tambien cuatro veces,  y  que  está pidiendo la permanencia del mismo sujeto en una y otra etapa.

Más  adelante, sin  embargo, los  TJ nos  dicen que  el cuerpo  de 144.000 de sus adeptos (o al  menos  de los que forman parte de esta categoría que siguen vivos en el momento del Armagedón) sí que son transformados pasando su cuerpo de terrestre a espiritual y pasando a habitar en la región  de los  espíritus, aunque  en el texto que  hemos leído de  ("El propósito eterno de  Dios...", pág 39) se dice que el hombre recibió un cuerpo terrestre, "que no era espiritual y por esto no puede  ser espiritualizado de modo que se haga invisible y pueda habitar en  la región de los espíritus" ¿En qué quedamos?  ¿Se puede o  no se puede espiritualizar? Porque si se puede con 144.000, o parte de ellos, ¿por qué no se va a poder hacer con todos los demás? No estoy hablando de las razones para hacerlo o no hacerlo, estoy hablando de si se puede o no se puede. "Nephesh" ó "psykhé" designa al hombre mismo. 

También en "La primera resurrección ya ha empezado" de La Atalaya  del 1/1/2007, pág 25-30, se dice que los "cristianos ungidos con espíritu santo tienen que morir antes de recibir la recompensa celestial" (punto 7, pág 2).


s/ TJ:

Sólo personas celestiales, con cuerpos espirituales, pueden vivir en el cielo. ("Usted puede vivir..." pág 144)

Jesús le reveló al apóstol Juan que sólo 144.000 humanos serían cambiados para ser criaturas espíritus al debido tiempo y unidos al "Cordero", el Hijo de Dios, en el monte Sion celestial. Se describe a ese número limitado como los que "fueron comprados de entre la humanidad como primicias para Dios y para el Cordero". Son quienes "serán sacerdotes de Dios y del Cristo, y gobernarán como reyes con él por los mil años" (Ap 14;1­4) (Ap 20;6). El apóstol Pablo escribió a este grupo selecto: "Dios los eligió a ustedes... A este mismo destino los llamó él mediante las buenas nuevas que nosotros declaramos, con el propósito de adquirir la gloria de nuestro Señor Jesucristo" (1Tes 2;13-14).

Jesús se refiere a los llamados a estar con él en gloria celestial como "mis hermanos". Y claramente indica que una grande multitud de personas que amparan a sus "hermanos" perseguidos y cooperan con ellos sería debidamente remunerada (Mt 25;40) ¿Cómo? Teniendo el privilegio de vivir en la Tierra cuando el reino celestial de Dios extienda a la humanidad las bendiciones bosquejadas en (Ap 21;1-4). Así, tal como Adán y Eva gozaron de bendiciones del paraíso aquí en la Tierra antes de su desobediencia, los amorosos apoyadores de Cristo y de sus hermanos espirituales disfrutarán de paz y felicidad en el paraíso terrestre restaurado (SI 37;11) (Pr 2;21-22).

Ese magnífico resultado se deberá al hecho de que el reino de Dios en el cielo, con Cristo como rey y sus hermanos como "reyes con él" habrá triturado y puesto fin a todas las gobernaciones inicuas de la Tierra que están bajo el control satánico (Ap 20;6) (Dn 2;44) (1Jn 5;19).

Por otra parte, es para estos 144.000 y sólo para ellos que Jesús hace preparativos en el cielo, exactamente como prometió que lo haría: "Voy a preparar un lugar para ustedes... para que dónde yo estoy también estén ustedes" (Jn 14;2-3)

El apóstol Pedro describe a esta clase que tiene la esperanza celestial como "los escogidos según la presciencia de Dios el Padre", y los estimula así: "Dios... según su gran misericordia nos dio un nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, a una herencia incorruptible e incontaminada e inmarcesible. Está reservada en los cielos para ustedes" (1Pe 1;1-4)

Así, pues, no todo seguidor de Cristo alcanzará el cielo. Comparativamente hablando, sólo un número pequeño de humanos será levantado de la muerte como criaturas espíritus, heredando inmortalidad, el no poder morir, y con el gran galardón de ver a Jehová Dios "tal como él es” (1Jn 3;2) ("¡Despertad!" de 22.7.68, pág 27-28)

Análisis:

Una de las enseñanzas de la Watchtower es que los ungidos que van muriendo no necesitan esperar el día de la resurrección para vivir nuevamente, puesto que ellos son transformados después de morir para reinar con Cristo desde los cielos. En este sentido, los Testigos de Jehová enseñan que los difuntos Russell, Rutherford, Knorr, Franz y Henschell (todos ellos de la clase ungida o gobernante) ya están reinando con Cristo desde los cielos y dirigiendo la obra en la tierra.


Lo que llama mucho la atención es que aún existan las tumbas de estos ex presidentes ungidos de la Watchtower, cuando en realidad, según sus enseñanzas, los ungidos no están en tumbas conmemorativas sino en el cielo. Es de suponer que nada de sus restos subsista en sus sepulcros, ni siquiera un pequeñito hueso, ya que ellos, supuestamente, fueron transformados y están vivos con Jesús en su trono celestial. Recordemos que los TJ no creen que el hombre tenga un alma inmortal que es independiente del cuerpo y que parte al cielo al momento de morir. Ellos creen que sus ungidos difuntos fueron totalmente transformados y cambiados a cuerpos espirituales para reinar con Cristo. Esto sólo puede significar que en sus tumbas no hay absolutamente nada de ellos.

Los dirigentes de los TJ tienen una magnífica oportunidad para demostrarle al mundo que ellos son la verdadera “organización de Jehová”— ¿cómo?— por medio de abrir las tumbas de sus ungidos difuntos para mostrarle a los fieles y detractores por igual que éstas están totalmente vacías, y que, efectivamente, aquellos “elegidos” ya están en el cielo reinando con Cristo en cuerpos espirituales (transformados). ¿Se atreverían a hacerlo?

Espero sus comentarios que puede enviar a: Análisis Testigos (potablava@hotmail.com)