s/TJ:
Tal como hizo con Canaán, pronto Dios limpiará toda la Tierra y se la dará a quienes hagan su voluntad. “Los rectos son los que residirán en la tierra, y los exentos de
culpa son los que quedarán en ella. En cuanto a los inicuos, serán cortados de la mismísima tierra.”
(Proverbios 2:21, 22.) Y el salmista
afirma: “Solo un poco más de tiempo, y el
inicuo ya no será [...]. Pero los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente
hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz” (Salmo 37:10, 11). Asimismo se hará
que Satanás desaparezca de la escena, a fin de que “no extravíe más a las naciones hasta que se
terminen los mil años” (Revelación 20:1-3). En efecto, “el mundo va pasando, y también su deseo,
pero el que hace la voluntad de Dios permanece para
siempre” (1 Juan 2:17).
Jesús resumió
con estas palabras la grandiosa esperanza de quienes desean
vivir para siempre sobre este planeta: “Felices
son los de genio apacible, puesto que ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5). Es probable que aludiera a la predicción del Salmo 37:29: “Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para
siempre sobre ella”. Sabía que el propósito divino era que las personas
justas vivieran eternamente en un paraíso terrestre, pues Jehová había dicho: “Yo mismo he hecho la tierra, a la humanidad y las bestias que están
sobre la superficie de la tierra por mi gran poder [...]; y la he dado a quien ha resultado recto a
mis ojos darla” (Jeremías 27:5).
(La Atalaya 15/10/2000)
Análisis:
PACTO DE DIOS
CON SU FIEL SIERVO ABRAHAM
“1 Dijo Yahvé a Abram: «Sal de tu tierra, de
tu parentela, de la
casa de tu padre, para la tierra que yo te indicaré. 2 Yo
te haré un gran pueblo, te bendeciré y
engrandeceré tu nombre, que será bendición. 3Y bendeciré a los que te bendigan y maldeciré
a los que te maldigan. Y serán bendecidas en ti todas las familias de la
tierra». 4 Fuese Abraham conforme le había dicho Yahvé, llevando consigo a Lot. Al salir de Jarrán era Abram de setenta y
cinco años.5 Tomó, pues, Abram a Sarai, su mujer, y a Lot, su
sobrino, y toda su
familia, y la hacienda y personas que en Jarrán habían adquirido. Salieron para dirigirse a la
tierra de Canaan, y llegaron a ella. 6 Penetró en ella Abram hasta el lugar de Siquem, hasta el encinar de Moreh. Entonces
estaban los cananeos en
aquella tierra. 7 Y se le apareció Yahvé a Abram y le dijo: «A tu descendencia daré yo esta tierra». Alzó allí un altar a Yahvé, que se le había aparecido, 8 y, saliendo hacia el monte que está frente a Betel,
asentó allí sus tiendas, teniendo a
Betel al occidente y a Hai al oriente, y alzó allí un altar a Yahvé, e invocó el nombre de Yahvé”
(Gn 12;1-8) (NC)
Con esta vocación de Abraham empieza
la historia israelita. El autor sagrado da a entender, con el relato de la
confusión de las lenguas que
relata anteriormente, que la humanidad en su mayoría seguía alejándose de Dios a pesar de la catástrofe del diluvio, y
por eso Dios se reserva una porción fiel, que sea como la mantenedora del fuego sagrado religioso y el vínculo de transmisión de
sus revelaciones en orden a la salvación de la misma humanidad descarriada. Así da orden a Abraham de abandonar su parentela y
encaminarse a una región nueva, aislándose del ambiente politeísta de su familia y de los lazos de sangre, que podían crearle
dificultades en su nueva vida con misión profética.
Abraham, pues, continuará en su vida
nómada, llevando sus
ganados en busca de nuevos pastos hacia la región de los cananeos. Al llamarle
Yahvé, le hace solemnes promesas, en las que se halla expresado su futuro predestinado. Así le
anuncia que convertirá a su
tribu en un gran pueblo, bendiciéndole y colmándole de bienes, siendo el propio Abraham fuente de bendiciones para sus hijos (v.2).
Y, como si esto fuera poco, añade Yahvé: En ti (como en tronco de una descendencia
gloriosa) serán bendecidos todos los pueblos (v.3b); o acaso mejor, todos los pueblos te bendecirán, teniéndose por
dichosos de ser contados entre tus hijos. Clarísimo anuncio de una universalidad de las
promesas mesiánicas, según
luego declararán los profetas (Is 19;24) (Is 61;9) (Zac 8;13). Todas las familias
de la tierra se sentirán bendecidas al sentirse vinculadas al
tronco glorioso de
Abraham. Esta bendición será repetida varias veces (Gen 18;18,19) (Gen 22;18)
(Gen 26;4) (Gen 28;14).
Alentado con estas palabras, el
patriarca se pone en camino, y llega a Siquern que se halla en el corazón de Canaán, y es la primera estación del patriarca con
sus ganados y parientes
(v.6). Siquem se hallaba junto al monte Ebal y Garizim, la actual el-Balata. La frase “entonces, estaban
los cananeos en aquella tierra” (Gn 12;6) tiene su razón de ser por la promesa que sigue: “A tu descendencia
daré yo esta tierra” (Gn 12;7).
Convenía probar a los
lectores israelitas que el derecho a la posesión de Canaán provenía directamente de Yahvé, que
había determinado traspasarles el
derecho que antes tenían los cananeos, pueblo invasor semítico, anterior a la emigración de
Abraham.
Es la primera promesa expresa
relativa a la posesión de Canaán. Como recuerdo de la manifestación divina, Abraham alzó
un altar a Yahvé. Es el primer altar levantado por los
patriarcas. El segundo es Betel. El patriarca se trasladó con sus,
ganados hacia la región montañosa en dirección sur, entre Betel
(actual Beitin)
y Hai (al oriente). Betel
significa «casa
de Dios», y ya era habitado en el siglo XXI aC.
“14 Dijo Yahvé a Abram después que Lot se había
separado de él: «Alza tus ojos y,
desde el lugar donde estás, mira al norte y
al mediodía, al oriente y al occidente. 15 Toda esta tierra que ves, te la daré yo a ti y a tu descendencia para siempre. 16 Haré tu descendencia como el polvo de la tierra; si hay quien pueda contar el
polvo de la tierra, ése será quien pueda contar tu
descendencia. 17 Anda y camina por esta tierra a lo largo y a lo ancho,
que a ti te la daré toda». 18 Levantó,
pues, Abram sus tiendas y se fué a habitar al encinar de
Mambré, cerca de Hebrón, y alzó allí un altar a Yahvé” (Gn
13;14-18)(NC)
En premio a su generosa conducta,
Abraham recibió de Yahvé una nueva
visión, en la que solemnemente se le promete a él y a su descendencia la tierra de Canaán,
así como una numerosa posteridad para habitarla. El estilo de la promesa es enfático e hiperbólico,
para impresionar más a los lectores del relato. Es la reiteración de la promesa hecha en Siquem
(Gn 12;7). La descendencia será innumerable, y la tierra que se extiende ante los ojos
atónitos de Abraham será de
ella.
San Pablo aplica estás palabras a
Cristo, que es la descendencia
verdadera de Abraham, tomando al Israel en su sentido espiritual: “… a Abraham y a su descendencia
fueron hechas las promesas. No dice a sus descendencias, como de muchas, sino
de una sola, ‘Y a tu descendencia’, que es Cristo. (Gal 3;16).
En-realidad, la historia
del pueblo elegido tiene su razón
teológica de ser en los designios divinos, en cuanto que es preparación del reino mesiánico,
encarnado en Cristo.
“En aquel día hizo Yahvé pacto
con Abram, diciéndole: ‘A tu
descendencia he dado esta tierra desde el río de Egipto hasta el gran río,
el Éufrates…” (Gn 15;18) (NC)
“Dijo Yahvé a Abram : «Cuanto a
mi, he aquí mi pacto contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos,
5 y ya no te
llamarás Abram, sino Abraham, porque yo te
haré padre de una muchedumbre de pueblòs.'"6 Te
acrecentaré muy mucho y te haré pueblos, y saldrán de ti reyes;
7 yo establezco contigo y con tu descendencia después de ti, por sus generaciones, mi
pacto eterno de ser tu Dios y el de tu descendencia después de ti, y he de
darte a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra de tus
peregrinaciones, toda la tierra de Canaán, en eterna posesión” (Gn 17;8) (NC)
“Dijo Yahvé a Isaac: “Sigue habitando en esta tierra, donde yo te diga:
peregrina por ella, que yo estaré contigo y te bendeciré, pues a
ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, cumpliendo el juramento que
hice a Abraham, tu padre, 4 y multiplicaré tu descendencia como las estrellas
del cielo, y le daré todas estas tierras, y la bendecirán todos los pueblos de
la tierra, 5 por haberme obedecido Abraham y haber guardado mi mandato, mis preceptos, mis ordenaciones y mis leyes» (Gn 26;3-5) (NC)
“Dijo Yahvé a Jacob: “Yo soy Yahvé, el Dios de Abraham, tu padre, y el
Dios de Isaac; la tierra sobre la cual estás acostado te la
daré a ti y a tu descendencia. 14
Será ésta como el polvo de la tierra (Gn 13;14-17)
(Gn 22; 17-18) (Gn 26;4.24), y te ensancharás a occidente y a oriente, a norte
y a mediodía,
y en ti y en tu descendencia serán bendecidas todas
las naciones de la tierra. 15 Yo estoy contigo, y te bendeciré
adondequiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra, y no te abandonaré hasta cumplir lo que te digo» (Gn 28;13-15)
(NC)
“9 Apareciósele de nuevo Dios a Jacob, de vuelta de Padán Aram, y le bendijo, 10 diciendo:
«Tu nombre es Jacob, pero no serás ya llamado Jacob;
tu nombre será Israel»; y le llamó Israel. 11 Y le dijo: «Yo soy El Saday; sé prolífico y
multiplícate. De ti saldrá un pueblo, un conjunto de pueblos, y de tus lomos saldrán reyes. 12 La tierra que di a Abraham y a Isaac te la daré a ti y a tu descendencia después de ti». 13 y ascendió
Dios del lugar donde le había hablado, 14 en el que
levantó Jacob un monumento de piedras, y en él hizo una libación y
derramó óleo sobre él, 15 dando el nombre
de Betel al lugar donde Dios le había hablado” (Gn 35;12) (NC)
En multitud de versículos se habla en
la Biblia sobre la promesa de Dios a
Abraham acerca de la tierra prometida. Aparte de lo señalados en el desarrollo
de este tema podemos poner como ejemplo: (Gn 28;4) (Gn 48;4) (Ex 12;25) (Ex
13;5) ( Ex 23;30) (Ex 32;13) (Lv 25;38) (Nm 26;55) (Nm 32;18) (Nm 35;34) (Dt 1;8)
(Dt 11;9) (Dt 11;21) (Jos 1;6) (Jos 11;23) (Jos 13;1) (Jos 14;5) (Jos 18;1)(Jos
19; 51) (Jos 23;16) (2Sam 7;23) (2Re 21;8) (1Cr 1;10) (2Cr 1;9) (2Cr 33;8)
“LOS JUSTOS POSEERÁN LA TIERRA Y MORARÁN EN ELLA POR
SIEMPRE” (Sl
37;29)
En el salmo 36 se
habla de la maldad de los impíos (v1-5) y de la providencia divina sobre los
justos (v6-10) para terminar asegurando que la justicia divina castigará a los
impíos (v11-13) En el salmo 37 –que
trata de los caminos de la providencia sobre los hombres- se dice que el justo
no debe impacientarse por el éxito temporal del impío ya que Dios hará justicia
sobre los impíos (v1-11)
“No te impacientes
por los malvados. Tú confía en Yahvé y haz el bien y habitará en la tierra y
serás apacentado en la verdad” (Sl 37; 1-3)… “Porque los malvados serán
exterminados, pero los que esperan en Yahvé poseerán la tierra. Aún un poco, y
el impío ya no será: le buscarás en su lugar, y no estará. Los mansos poseerán
la tierra y gozarán de gran paz” (Sl
37; 9-11).
No debe el justo enjuiciar demasiado
pronto la situación, sino confiarse a Yahvé, aquietándose y esperando el momento de su intervención justiciera para poner las
cosas en su punto. No debe impacientarse y dejarse llevar del enojo, que sólo conduce
al mal, pues corre el riesgo
de interpretar indebidamente los caminos secretos de la Providencia (Sl 39; 2) (Sl 73;
2-3). A la hora de la verdad -cuando intervenga la justicia divina—, los malvados
serán exterminados de muerte violenta o prematura (Ex 31; 14), mientras que los que esperan
en Yahvé, los mansos, poseerán la tierra. Como en el pasado los gentiles fueron arrojados
de la tierra de Canaán para dejar lugar a los israelitas (Dt 12; 29) (Dt 19; 1)
(Sl 25; 13), así llegará la hora en que
desaparecerán los malvados e insolentes, para dejar solos a los mansos, a los
predilectos de Yahvé. El pensamiento del salmista juega con la esperanza de los tiempos
mesiánicos, en los que desaparecerá
todo vestigio de pecado (Job 8; 15) (Job 20;9) (Dn 9;24). Nadie disputará entonces los derechos de los fieles yavistas,
postergados por tanto tiempo. Entonces podrán gozar de una inmensa paz, ya que, por más que se busqué a los impíos, ya no
estarán (Sl 37; 11).
Las maquinaciones
de los impíos contra los justos serán vanas (v12-17) ya que Yahvé vela por la
suerte de estos y los protege, pues los justos poseerán la tierra (v18-33)
“Los benditos de
Yahvé heredarán la tierra, mientras que sus malditos serán exterminados” (Sl 37;22)
“Los justos poseerán la tierra y morarán en
ella por siempre” (Sl 37;29)(Is 60;21)
“Confía en Yahvé y
guarda sus caminos y Él te ensalzará para que poseas la tierra, y verás la
exterminación de los impíos” (Sl 37;34)
CUADRO
IDÍLICO DE LA PAZ MESIÁNICA
6Habitará el lobo con el cordero, y
el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el león, y
un niño pequeño los pastoreará. 7 La vaca pacerá con la osa, y las crías de
ambas se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. 18 El niño de teta jugará junto
a la hura del áspid, y el recién destetado meterá la
mano en la caverna del basilisco. 19 No habrá ya más daño ni destrucción en todo mi monte santo, porque estará llena la tierra del conocimiento de Yahvé, como llenan las aguas el mar (Is 11;6-9)
Como
consecuencia de ese estado de equidad y de paz surgirá una verdadera paz edénica, no sólo
en el orden moral de las conciencias, sino que hasta la naturaleza se asociará a esta
transformación moral de los
futuros ciudadanos de la nueva teocracia, en tal forma que los animales fieros perderán sus
instintos agresivos, restaurándose así la primitiva armonía de la creación. Después del pecado de los
primeros padres, la creación parece estar en un estado violento y como fuera de sitio. El
autor del primer capítulo del Génesis (Gn 1;29) se hace eco de esta idea de
paz idílica primitiva al proponer un régimen vegetariano de alimentación, para el hombre y los animales. No le parecía bien al autor sagrado que en el
primitivo plan de Dios se diera la
terrible lucha por la existencia, que es la ley de vida en todos los órdenes. El mismo San Pablo, en su deseo de
recapitular todas las cosas en Cristo y en un arranque oratorio, aspira a transformar la misma
naturaleza, que está en “dolores de parto” hasta que se ponga al servicio de Cristo y de sus
regenerados (Rom 8; 19-22). En este capítulo de Isaías nos hallamos ante una
descripción poética y simbólica para expresar la paz de las conciencias en la era mesiánica, que en
realidad no tiene plena
realización sino en el cielo, culminación de la etapa terrestre. (En todas estas
descripciones poéticas es necesario tener en cuenta que los profetas, aunque conozcan
el hecho en su sustancia, no lo conocen en sus realidades accidentales y por
eso presentan el futuro conforme al gusto de su tiempo y las circunstancias
históricas en que viven. En aquella época de zozobra, lo ideal sería la paz
total. Además el recuerdo de la paz primitiva del Génesis, había dejado huella
en su mentalidad eminentemente pacífica y religiosa)
1 Exultará el desierto y la tierra árida, se regocijará la
estepa como un narciso. 2 Florecerá y exultará y dará cantos de triunfo; le
será dada la gloria del Líbano, la magnificencia del Carmelo y del Sarón, ellos
verán la gloria de Yahvé y la magnificencia de nuestro Dios” (Is 35;1-2)
Frente a la desolación de Edom, efecto de la
maldición divina por haber oprimido a Judá, el
profeta presenta en estos dos versículos, el cuadro deslumbrador de los tiempos
mesiánicos en la
tierra de Israel, transformada en el más bello de los vergeles. La imaginación poética no tiene límites
en esta descripción, y
la hipérbole es llevada hasta el extremo. En realidad, todo este cuadro deslumbrador no
es sino un pálido reflejo de la realidad sobrenatural del mundo de la gracia en los tiempos mesiánicos, y si la naturaleza
material no se transformó con el advenimiento del Mesías, el alma de los ciudadanos de la
nueva teocracia mesiánica recibió un
germen divino que va transformando como un fermento la humanidad. De ahí que
podemos decir que las descripciones
arrebatadoras de los profetas se quedaron cortas respecto de la grandeza y belleza de los
tiempos mesiánicos.
17 Porque he aquí qué voy a crear unos
cielos nuevos y una tierra nueva y ya no se recordará lo pasado ni vendrá más à la mente.18 Sino que se gozarán en
"gozo y alegría` eterna de lo que
voy a crear yo, porque he aquí que voy a crear para Jerusalén alegría y para su pueblo gozo. 19 Y será Jerusalén mi alegría, y mi pueblo mi gozo, y no se oirán más en ella llantos ni clamores. 20 No habrá
allí niño de pocos días, ni viejo que no cumpla los suyos pues el
más joven morirá a los cien años y no llegar a los cien años será tenido por maldición 21
Construirán casas y las habitarán,
plantarán viñas y, comerán su fruto. No edificarán para que habite otro, no plantarán para que coma otro. Porque según los días
de los árboles
serán los días
de mi pueblo, y mis elegidos consumirán la obra de sus manos. 23 No
se afanarán en vano ni parirán para una muerte prematura, pues serán la progenie bendita de Yahvé, ellos y sus
descendientes 24 Y sucederá que antes que ellos llamen; responderé yo; todavía no habrán, acabado de hablar, y ya les
habré escuchado. 25 El lobo y el cordero pacerán juntos; el león, corno el buey, comerá paja, y la serpiente comerá polvo. 4 No se hará mal ni corrupción en todo mi monte santo,
dice Yahvé” (Is 65; 17-25)
Precisamente porque en el nuevo estado de cosas todo va a estar
presidido por la bendición
de Yahvé; tendrá lugar una transformación de la naturaleza: voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva. Esta idea de una transformación cósmica es un
tópico en la literatura profética
(Is 51;16) (46;22) (11;6-9) (29;17) (30;23ss) (32;15.35), etc, sobre todo en la literatura apocalíptica. Siempre nos hallamos ante hipérboles poéticas orientales, que reflejan una situación moral. San Pablo dirá
que toda la creación está en dolores
de parto esperando la regeneración de los hijos de Dios. La naturaleza está violenta en el estado de pecado del hombre, porque éste la hace servir en contra de los fines para que aquélla
ha sido creada.
(Rom 8;22) En los tiempos mesiánicos, aun lo material y cósmico se asociará
al estado de exultación de los nuevos ciudadanos de Sión (Ap 21;1) (2Pe 3;13). San Juan, en el Apocalipsis, recogerá
esto de los cielos nuevos y la
tierra nueva
para aplicarlo al estado de la Iglesia triunfante.
En ese nuevo estado de cosas ya no se
recordará lo pasado (v.17), los tiempos de angustia física y moral. Ha pasado, la hora
de las miserias. Todo será ambiente de alegría en Jerusalén (v18), y el mismo Yahvé se gozará pensando en Jerusalén (v19) desapareciendo los llantos y clamores (Ap 17;2). Para colmo de bienaventuranza, los nuevos ciudadanos gozarán de una longevidad desacostumbrada, como en los tiempos de los patriarcas: No habrá niño de pocos días (v.2o), es decir, que muera a los pocos días de nacer, ni viejo que no cumpla los suyos. Todos alcanzarán una edad ideal. La
edad de cien años
será considerada como edad mínima (v20). Y el no llegar a esta edad será considerado como una maldición, o castigo de Dios.
Por otra parte, todos disfrutarán de
sus bienes (v21) personalmente y no sus herederos; pues, dada la longevidad de la vida, todos podrán habitar en las casas por ellos construidas y disfrutar de sus viñas por ellos plantadas (Dt 28;30), pues su vida será tan larga como la de los árboles (v22) (Sl 92;12), pudiendo disfrutar de la obra de sus manos. Es el máximo de felicidad para un israelita.
Además, prosperarán, en todos sus trabajos, no se afanarán en vano (v23) y sus hijos no serán destinados al exterminio por la guerra, o la peste: no parirán para una muerte prematura (Jer
15;8) (Sl 78;33), porque constituyen la progenie bendita de Yahvé juntamente con sus descendientes (v23). Será tal la protección qué Dios tendrá de ellos, que se adelantará a sus peticiones: antes de que llamen responderé...; no habrán acabado de; hablar, y ya les habré escuchado (v24).
Y, por fin, la paz total edénica: el lobo, y el cordero pacerán juntos (v25). El reino animal participará también de este bienestar general. La lucha por la existencia no tendrá el sentido
sangriento de ahora. Los animales
carnívoros, como el león, perderán sus instintos sanguinarios, y comerán paja como el Pacífico buey. Es una vuelta al estado de paz de los primeros días de la creación. En
(Gén, 1; 29-30) se señala como comida a los hombres y animales en general los productos del reino vegetal.
Dios había creado todas las cosas en paz, y la ley
de la vida por la que unos vivientes viven a costa de otros; no le parecía bien al hagiógrafo, y por eso somete a todos los seres a un plan vegetariano. En la época mesiánica ocurrirá algo parecido, según el profeta. De nuevo nos encontrarnos con la hipérbole oriental, en la que hay que ver
solo el lado moral expresado, es decir, el estado de paz completa sin que nada
la turbe. Varias de las
frases de este versículo están tomadas de (Is 11;6-9) de cuyo pasaje parece una condensación. Únicamente se
añade que la serpiente
comerá polvo, aludiendo, sin duda, a la maldición de Gén 3;14). En medio de tanta bendición permanecerá la maldición del Señor sobre este reptil, símbolo del
espíritu del mal, que será
inofensivo, pues vivirá del polvo.
Como síntesis final, se
afirma que no habrá más corrupción o mal en el monte santo de Yahvé, Sión, la capital de la nueva teocracia.
LOS
MANSOS POSEERÁN LA TIERRA EN UN REINO QUE NO ES DE ESTE MUNDO
Jesús nos dará un nuevo sentido espiritual, del texto
del salmo, según la versión de los LXX: «Los mansos poseerán la
tierra» (Mt 5;4); en la perspectiva
evangéJesús nos dará un nuevo sentido
espiritual, del texto del salmo, según la versión de los LXX: «Los mansos poseerán la tierra» (Mt 5;4); en la perspectiva evangélica no se
trata ya de gozar materialmente de una paz paradisíaca en los tiempos mesiánicos, siendo
los justos colmados de
bienes materiales de la tierra, sino de la íntima satisfacción de los que siguen el mensaje
de Jesús, los cuales no se dejan llevar del vaivén de
inquietudes pasajeras: poseen la tierra en «un reino que no es
de este mundo» (Jn 18;36).
El salmista está
lejos de esta perspectiva
exclusivamente espiritualista, y por eso —por carecer de luces sobre la retribución en el más
allá— espera que la felicidad de los justos, libres de la compañía inquietante de los malvados, se dará en esta vida.
“Alzad los ojos al
cielo y mirad la tierra a vuestros pies. Pasarán los cielos como humo, se
envejecerá como un vestido la tierra y morirán como las moscas sus habitantes,
pero mi salvación durará por la eternidad y mi justicia no tendrá fin” (Is 51;6). La
salvación de Yahvé no será algo transeúnte sino permanente y sobrevivirá a los
mismos cielos y tierra. Todo es caduco en comparación con la obra que va a
realizar Yahvé a favor de su pueblo. (Mt 5;18) (Mt 24;35) (Mc 13;31) (Lc 21;33)
(Lc 16;17) (Ap 21;1)
“Porque voy a crear
cielos nuevos y una tierra nueva” (Is 65;17)
“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer
cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar no existía ya” (Ap 21;1)
“He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21;5)
(La mayoría de los comentarios del Análisis de este tema corresponden a
la “Biblia Comentada” de la BAC)