miércoles, 3 de septiembre de 2014

LOS JUSTOS POSEERÁN LA TIERRA

s/TJ:

Tal como hizo con Canaán, pronto Dios limpiará toda la Tierra y se la dará a quienes hagan su voluntad. “Los rectos son los que residirán en la tierra, y los exentos de culpa son los que quedarán en ella. En cuanto a los inicuos, serán cortados de la mismísima tierra.” (Proverbios 2:21, 22.) Y el salmista afirma: “Solo un poco más de tiempo, y el inicuo ya no será [...]. Pero los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz” (Salmo 37:10, 11). Asimismo se hará que Satanás desaparezca de la escena, a fin de que “no extravíe más a las naciones hasta que se terminen los mil años” (Revelación 20:1-3). En efecto, “el mundo va pasando, y también su deseo, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).

Jesús resumió con estas palabras la grandiosa esperanza de quienes desean vivir para siempre sobre este planeta: “Felices son los de genio apacible, puesto que ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5). Es probable que aludiera a la predicción del Salmo 37:29: “Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella”. Sabía que el propósito divino era que las personas justas vivieran eternamente en un paraíso terrestre, pues Jehová había dicho: “Yo mismo he hecho la tierra, a la humanidad y las bestias que están sobre la superficie de la tierra por mi gran poder [...]; y la he dado a quien ha resultado recto a mis ojos darla” (Jeremías 27:5). 
(La Atalaya 15/10/2000)

Análisis:

PACTO DE DIOS CON SU FIEL SIERVO ABRAHAM

“1 Dijo Yahvé a Abram: «Sal de tu tierra, de tu paren­tela, de la casa de tu padre, para la tierra que yo te indicaré. 2 Yo te haré un gran pueblo, te bendeciré y engrandeceré tu nombre, que será bendición. 3Y bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. Y serán ben­decidas en ti todas las familias de la tierra». 4 Fuese Abra­ham conforme le había dicho Yahvé, llevando consigo a Lot. Al salir de Jarrán era Abram de setenta y cinco años.5 To­mó, pues, Abram a Sarai, su mujer, y a Lot, su sobrino, y toda su familia, y la hacienda y personas que en Jarrán ha­bían adquirido. Salieron para dirigirse a la tierra de Canaan, y llegaron a ella. 6 Penetró en ella Abram hasta el lugar de Siquem, hasta el encinar de Moreh. Entonces estaban los cananeos en aquella tierra. 7 Y se le apareció Yahvé a Abram y le dijo: «A tu descendencia daré yo esta tierra». Alzó allí un altar a Yahvé, que se le había aparecido, 8 y, saliendo hacia el monte que está frente a Betel, asentó allí sus tiendas, teniendo a Betel al occidente y a Hai al oriente, y alzó allí un altar a Yahvé, e invocó el nombre de Yahvé” (Gn 12;1-8) (NC)

Con esta vocación de Abraham empieza la historia israelita. El autor sagrado da a entender, con el relato de la confusión de las lenguas que relata anteriormente, que la humanidad en su mayoría seguía alejándose de Dios a pesar de la catástrofe del diluvio, y por eso Dios se reserva una porción fiel, que sea como la mantenedora del fuego sagrado reli­gioso y el vínculo de transmisión de sus revelaciones en orden a la salvación de la misma humanidad descarriada. Así da orden a Abraham de abandonar su parentela y encaminarse a una región nue­va, aislándose del ambiente politeísta de su familia y de los lazos de sangre, que podían crearle dificultades en su nueva vida con misión profética.

Abraham, pues, continuará en su vida nómada, llevando sus ganados en busca de nuevos pastos hacia la región de los cananeos. Al llamarle Yahvé, le hace solemnes promesas, en las que se halla expresado su futuro predestinado. Así le anuncia que convertirá a su tribu en un gran pueblo, bendiciéndole y colmán­dole de bienes, siendo el propio Abraham fuente de bendiciones para sus hijos (v.2). Y, como si esto fuera poco, añade Yahvé: En ti (como en tronco de una descendencia gloriosa) serán bendecidos todos los pueblos (v.3b); o acaso mejor, todos los pueblos te bendecirán, teniéndose por dichosos de ser contados entre tus hijos. Clarísimo anuncio de una universalidad de las promesas me­siánicas, según luego declararán los profetas (Is 19;24) (Is 61;9) (Zac 8;13). Todas las familias de la tierra se sentirán bendecidas al sentirse vinculadas al tronco glorioso de Abraham. Esta bendición será repetida varias veces (Gen 18;18,19) (Gen 22;18) (Gen 26;4) (Gen 28;14).

Alentado con estas palabras, el patriarca se pone en camino, y llega a Siquern que se halla en el cora­zón de Canaán, y es la primera estación del patriarca con sus gana­dos y parientes (v.6). Siquem se hallaba junto al monte Ebal y Garizim, la actual el-Balata. La frase “entonces, estaban los cananeos en aquella tierra” (Gn 12;6) tiene su razón de ser por la promesa que sigue: “A tu descendencia daré yo esta tierra” (Gn 12;7). Convenía pro­bar a los lectores israelitas que el derecho a la posesión de Canaán provenía directamente de Yahvé, que había determinado traspa­sarles el derecho que antes tenían los cananeos, pueblo invasor se­mítico, anterior a la emigración de Abraham.

Es la primera promesa expresa relativa a la posesión de Canaán. Como recuerdo de la manifestación divina, Abraham alzó un altar a Yahvé. Es el primer altar levantado por los patriarcas. El segundo es Betel. El patriarca se trasladó con sus, ganados hacia la región montañosa en dirección sur, entre Betel (actual Beitin) y Hai (al oriente). Be­tel significa «casa de Dios», y ya era habitado en el siglo XXI aC.

“14 Dijo Yahvé a Abram después que Lot se había sepa­rado de él: «Alza tus ojos y, desde el lugar donde estás, mira al norte y al mediodía, al oriente y al occidente. 15 Toda esta tierra que ves, te la daré  yo a ti y a tu descendencia para siempre. 16 Haré tu descendencia como el polvo de la  tie­rra; si hay quien pueda contar el polvo de la tierra, ése será quien pueda contar tu descendencia. 17 Anda y camina por esta tierra a lo largo y a lo ancho, que a ti te la daré toda». 18 Levantó, pues, Abram sus tiendas y se fué a habitar al encinar de Mambré, cerca de Hebrón, y alzó allí un altar a Yahvé” (Gn 13;14-18)(NC)

En premio a su generosa conducta, Abraham recibió de Yahvé una nueva visión, en la que solemnemente se le promete a él y a su descendencia la tierra de Canaán, así como una numerosa pos­teridad para habitarla. El estilo de la promesa es enfático e hiper­bólico, para impresionar más a los lectores del relato. Es la reitera­ción de la promesa hecha en Siquem (Gn 12;7). La descendencia será innu­merable, y la tierra que se extiende ante los ojos atónitos de Abra­ham será de ella.

San Pablo aplica estás palabras a Cristo, que es la descendencia verdadera de Abraham, tomando al Israel en su sentido espiritual: “… a Abraham y a su descendencia fueron hechas las promesas. No dice a sus descendencias, como de muchas, sino de una sola, ‘Y a tu descendencia’, que es Cristo.  (Gal 3;16).

En-realidad, la historia del pueblo elegido tiene su razón teológica de ser en los designios divinos, en cuanto que es preparación del reino mesiánico, encarnado en Cristo.

“En aquel día hizo Yahvé  pacto con Abram, diciéndole: ‘A tu descendencia he dado esta tierra desde el río de Egipto hasta el gran río, el Éufrates…” (Gn 15;18) (NC)

“Dijo Yahvé a Abram :  «Cuanto a mi, he aquí mi pacto contigo: serás padre de una muchedumbre de pue­blos, 5 y ya no te llamarás Abram, sino Abraham, porque yo te haré padre de una muchedumbre de pueblòs.'"6 Te acrecentaré muy mucho y te haré pueblos, y saldrán de ti reyes; 7 yo establezco contigo y con tu descendencia después de ti, por sus generaciones, mi pacto eterno de ser tu Dios y el de tu descendencia después de ti, y he de darte a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán, en eterna posesión” (Gn 17;8) (NC)

“Dijo Yahvé a Isaac: “Sigue habitando en esta tierra, donde yo te diga: peregrina por ella, que yo es­taré contigo y te bendeciré, pues a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, cumpliendo el juramento que hice a Abraham, tu padre, 4 y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y le daré todas estas tierras, y la ben­decirán todos los pueblos de la tierra, 5 por haberme obede­cido Abraham y haber guardado mi mandato, mis precep­tos, mis ordenaciones y mis leyes» (Gn 26;3-5) (NC)

“Dijo Yahvé a Jacob: “Yo soy Yahvé, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra sobre la cual estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14 Será ésta como el polvo de la tierra (Gn 13;14-17) (Gn 22; 17-18) (Gn 26;4.24), y te ensancharás a occidente y a oriente, a norte y a mediodía, y en ti y en tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra. 15 Yo estoy contigo, y te bendeciré adondequiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra, y no te abandonaré hasta cumplir lo que te digo» (Gn 28;13-15) (NC)

“9 Apareciósele de nuevo Dios a Jacob, de vuelta de Padán Aram, y le bendijo, 10 diciendo: «Tu nombre es Jacob, pero no serás ya llamado Jacob; tu nombre será Israel»; y le llamó Israel. 11 Y le dijo: «Yo soy El Saday; sé prolífico y multiplícate. De ti saldrá un pueblo, un conjunto de pueblos, y de tus lomos saldrán reyes. 12 La tierra que di a Abraham y a Isaac te la daré a ti y a tu descendencia después de ti». 13 y ascendió Dios del lugar donde le había hablado, 14 en el que levantó Jacob un monumento de piedras, y en él hizo una libación y derramó óleo sobre él, 15 dando el nombre de Betel al lugar  donde Dios le había hablado” (Gn 35;12) (NC)

En multitud de versículos se habla en la Biblia sobre la promesa de Dios  a Abraham acerca de la tierra prometida. Aparte de lo señalados en el desarrollo de este tema podemos poner como ejemplo: (Gn 28;4) (Gn 48;4) (Ex 12;25) (Ex 13;5) ( Ex 23;30) (Ex 32;13) (Lv 25;38) (Nm 26;55) (Nm 32;18) (Nm 35;34) (Dt 1;8) (Dt 11;9) (Dt 11;21) (Jos 1;6) (Jos 11;23) (Jos 13;1) (Jos 14;5) (Jos 18;1)(Jos 19; 51) (Jos 23;16) (2Sam 7;23) (2Re 21;8) (1Cr 1;10) (2Cr 1;9) (2Cr 33;8)


“LOS JUSTOS POSEERÁN LA TIERRA Y MORARÁN EN ELLA POR SIEMPRE” (Sl 37;29)

En el salmo 36 se habla de la maldad de los impíos (v1-5) y de la providencia divina sobre los justos (v6-10) para terminar asegurando que la justicia divina castigará a los impíos (v11-13)   En el salmo 37 –que trata de los caminos de la providencia sobre los hombres- se dice que el justo no debe impacientarse por el éxito temporal del impío ya que Dios hará justicia sobre los impíos (v1-11)

“No te impacientes por los malvados. Tú confía en Yahvé y haz el bien y habitará en la tierra y serás apacentado en la verdad” (Sl 37; 1-3)… “Porque los malvados serán exterminados, pero los que esperan en Yahvé poseerán la tierra. Aún un poco, y el impío ya no será: le buscarás en su lugar, y no estará. Los mansos poseerán la tierra y gozarán de gran paz” (Sl 37; 9-11).

No debe el justo enjuiciar demasiado pronto la situación, sino confiarse a Yahvé, aquietándose y esperando el momento de su intervención justiciera para poner las cosas en su punto. No debe im­pacientarse y dejarse llevar del enojo, que sólo conduce al mal, pues corre el riesgo de interpretar indebidamente los caminos secretos de la Providencia (Sl 39; 2) (Sl 73; 2-3). A la hora de la verdad -cuando intervenga la justicia divina—, los malvados serán exterminados de muerte violenta o prematura (Ex 31; 14), mientras que los que esperan en Yahvé, los mansos, poseerán la tierra. Como en el pasado los gentiles fueron arrojados de la tierra de Canaán para dejar lugar a los israelitas (Dt 12; 29) (Dt 19; 1) (Sl 25; 13), así llegará la hora en que desaparecerán los malvados e insolentes, para dejar solos a los mansos, a los predilectos de Yahvé. El pensamiento del salmista juega con la esperanza de los tiempos mesiánicos, en los que desaparecerá todo vestigio de pecado (Job 8; 15) (Job 20;9) (Dn 9;24). Nadie disputará entonces los derechos de los fieles yavistas, postergados por tanto tiempo. Entonces podrán gozar de una inmensa paz, ya que, por más que se busqué a los impíos, ya no estarán (Sl 37; 11).

Las maquinaciones de los impíos contra los justos serán vanas (v12-17) ya que Yahvé vela por la suerte de estos y los protege, pues los justos poseerán la tierra (v18-33)

“Los benditos de Yahvé heredarán la tierra, mientras que sus malditos serán exterminados” (Sl 37;22) 

“Los justos poseerán la tierra y morarán en ella por siempre” (Sl 37;29)(Is 60;21)

“Confía en Yahvé y guarda sus caminos y Él te ensalzará para que poseas la tierra, y verás la exterminación de los impíos” (Sl 37;34)

CUADRO IDÍLICO DE LA PAZ MESIÁNICA

6Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el león, y un niño pequeño los pastoreará. 7 La vaca pacerá con la osa, y las crías de ambas se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. 18 El niño de teta jugará junto a la hura del ás­pid, y el recién destetado meterá la mano en la caverna del basilisco. 19 No habrá ya más daño ni destrucción en todo mi monte santo, porque estará llena la tierra del conocimien­to de Yahvé, como llenan las aguas el mar (Is 11;6-9)

Como consecuencia de ese estado de equidad y de paz surgirá una verdadera paz edénica, no sólo en el orden moral de las concien­cias, sino que hasta la naturaleza se asociará a esta transformación moral de los futuros ciudadanos de la nueva teocracia, en tal forma que los animales fieros perderán sus instintos agresivos, restaurán­dose así la primitiva armonía de la creación. Después del pecado de los primeros padres, la creación parece estar en un estado vio­lento y como fuera de sitio. El autor del primer capítulo del Géne­sis (Gn 1;29) se hace eco de esta idea de paz idílica primitiva al proponer un régimen vegetariano de alimentación, para el hombre y los ani­males. No le parecía bien al autor sagrado que en el primitivo plan de Dios se diera la terrible lucha por la existencia, que es la ley de vida en todos los órdenes. El mismo San Pablo, en su deseo de recapitular todas las cosas en Cristo y en un arranque oratorio, aspira a transformar la misma naturaleza, que está en “dolores de parto” hasta que se ponga al servicio de Cristo y de sus regenerados (Rom 8; 19-22). En este capítulo de Isaías nos hallamos ante una descripción poética y simbólica para expresar la paz de las conciencias en la era mesiánica, que en realidad no tiene plena realización sino en el cielo, culminación de la etapa terrestre. (En todas estas descripciones poéticas es necesario tener en cuenta que los profetas, aunque conozcan el hecho en su sustancia, no lo conocen en sus realidades accidentales y por eso presentan el futuro conforme al gusto de su tiempo y las circunstancias históricas en que viven. En aquella época de zozobra, lo ideal sería la paz total. Además el recuerdo de la paz primitiva del Génesis, había dejado huella en su mentalidad eminentemente pacífica y religiosa)

1 Exultará el desierto y la tierra árida, se regocijará la estepa como un narciso. 2 Florecerá y exultará y dará cantos de triunfo; le será dada la gloria del Líbano, la magnificencia del Carmelo y del Sarón, ellos verán la gloria de Yahvé y la magnificencia de nuestro Dios” (Is 35;1-2)

Frente a la de­solación de Edom, efecto de la maldición divina por haber oprimido a Judá, el profeta presenta en estos dos versículos, el cuadro deslumbrador de los tiempos mesiánicos en la tierra de Israel, transformada en el más bello de los vergeles. La imaginación poética no tiene límites en esta descripción, y la hipérbole es llevada hasta el extremo. En reali­dad, todo este cuadro deslumbrador no es sino un pálido reflejo de la realidad sobrenatural del mundo de la gracia en los tiempos mesiánicos, y si la naturaleza material no se transformó con el advenimiento del Mesías, el alma de los ciudadanos de la nueva teocracia mesiánica recibió un germen divino que va transfor­mando como un fermento la humanidad. De ahí que podemos decir que las descripciones arrebatadoras de los profetas se que­daron cortas respecto de la grandeza y belleza de los tiempos me­siánicos.

17 Porque he aquí qué voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva y ya no se recordará lo pasado ni vendrá más à la mente.18 Sino que se gozarán en "gozo y alegría` eterna  de lo que voy a crear yo,  porque he aquí que voy a crear para Jerusalén alegría y para su pueblo gozo. 19 Y será Jerusalén mi alegría, y mi pueblo mi gozo,  y no se oirán más en ella llantos ni clamores.  20 No habrá allí niño de pocos días, ni viejo que no cumpla los suyos pues el más joven morirá a los cien años y no llegar a los cien años será tenido por maldición  21 Construirán casas y las habitarán,  plantarán viñas y, comerán su fruto. No edificarán para que habite otro, no plantarán para que coma otro. Porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo,  y mis elegidos consumirán la obra de sus manos. 23 No se afanarán en vano ni parirán para una muerte prematura,  pues serán la progenie bendita de Yahvé, ellos y sus descendientes 24 Y sucederá que antes que ellos llamen; responderé yo; todavía no habrán, acabado de hablar, y ya les habré escuchado. 25 El lobo y el cordero pacerán juntos;  el león, corno el buey, comerá paja, y la serpiente comerá polvo. 4 No se hará mal ni corrupción en todo mi monte santo, dice Yahvé” (Is 65; 17-25)

Precisamente porque en el nuevo estado de cosas todo va a estar presidido por la bendición de Yahvé; tendrá lugar una transformación de la naturaleza: voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva. Esta idea de una transformación cósmica es un tópico en la literatura profética (Is 51;16) (46;22) (11;6-9) (29;17) (30;23ss) (32;15.35), etc, sobre todo en la literatura apoca­líptica. Siempre nos hallamos ante hipérboles poéticas orientales, que reflejan una situación moral. San Pablo dirá que toda la creación está en dolores de parto esperando la regeneración de los hijos de Dios. La naturaleza está violenta en el estado de pecado del hombre, porque éste la hace servir en contra de los fines para que aquélla ha sido creada.

(Rom 8;22) En los tiempos mesiánicos, aun lo material  y cósmico se asociará al estado de exultación de los nuevos ciudadanos de Sión (Ap 21;1) (2Pe 3;13). San Juan, en el Apocalipsis, recogerá esto de los cielos nuevos y la tierra nueva para aplicarlo al estado de la Iglesia triunfante.

En ese nuevo estado de cosas ya no se recordará lo pasado (v.17), los tiempos de angustia física y moral. Ha pasado, la hora  de las miserias. Todo será ambiente de alegría en Jerusalén (v18), y el mismo Yahvé se gozará pensando en Jerusalén (v19) desapare­ciendo los llantos y clamores (Ap 17;2). Para colmo de bienaventuranza, los nuevos ciudadanos gozarán de una longevidad desacostumbrada, como en los tiempos de los patriarcas: No habrá niño de pocos días (v.2o), es decir, que muera a los pocos días de nacer, ni viejo que no cumpla los suyos. Todos alcanzarán una edad ideal. La edad de cien años será considerada como edad mínima (v20). Y el no llegar a esta edad será considerado como una maldición, o castigo de Dios. 

Por otra parte, todos disfrutarán de sus bienes (v21) personalmente y no sus herederos; pues, dada la longevidad de la vida, todos podrán habitar en las casas por ellos construidas y disfrutar de sus viñas por ellos plantadas (Dt 28;30), pues su vida será tan larga como la de los árboles (v22) (Sl 92;12), pudiendo disfrutar de la obra de sus manos. Es el máximo de felicidad para un israelita.

Además, prosperarán, en todos sus trabajos, no se afanarán en vano (v23) y sus hijos no serán destinados al exterminio por la guerra, o la peste: no parirán para una muerte prematura (Jer 15;8) (Sl 78;33), porque constituyen la progenie bendita de Yahvé juntamente con sus des­cendientes (v23). Será tal la protección qué Dios tendrá de ellos, que se adelantará a sus peticiones: antes de que llamen responderé...; no habrán acabado de; hablar, y ya les habré escuchado (v24).

Y, por fin, la paz total edénica: el lobo, y el cordero pacerán juntos (v25). El reino animal participará también de este bienestar general. La lucha por la existencia no tendrá el sentido sangriento de ahora. Los animales carnívoros, como el león, perderán sus ins­tintos sanguinarios, y comerán paja como el Pacífico buey. Es una vuelta al estado de paz de los primeros días de la creación. En (Gén, 1; 29-30) se señala como comida a los hombres y animales en general los productos del reino vegetal. Dios había creado todas las cosas en paz, y la ley de la vida por la que unos vivientes viven a costa de otros; no le parecía bien al hagiógrafo, y por eso somete a todos los seres a un plan vegetariano. En la época mesiánica ocu­rrirá algo parecido, según el profeta. De nuevo nos encontrarnos con la hipérbole oriental, en la que hay que ver solo el lado moral expresado, es decir, el estado de paz completa sin que nada la turbe. Varias de las frases de este versículo están tomadas de (Is 11;6-9) de cuyo pasaje parece una condensación. Únicamente se añade que la serpiente comerá polvo, aludiendo, sin duda, a la maldición de Gén 3;14). En medio de tanta bendición permanecerá la maldición del Señor sobre este reptil, símbolo del espíritu del mal, que será inofensivo, pues vivirá del polvo.

Como síntesis final, se afirma que no habrá más corrupción o mal en el monte santo de Yahvé, Sión, la capital de la nueva teo­cracia.

LOS MANSOS POSEERÁN LA TIERRA EN UN REINO QUE NO ES DE ESTE MUNDO

Jesús nos dará un nuevo sentido espiritual, del texto del salmo, según la versión de los LXX: «Los mansos poseerán la tierra»  (Mt 5;4); en la perspectiva evangéJesús nos dará un nuevo sentido espiritual, del texto del salmo, según la versión de los LXX: «Los mansos poseerán la tierra»  (Mt 5;4); en la perspectiva evangélica no se trata ya de gozar materialmente de una paz paradisíaca en los tiempos mesiánicos, siendo los justos colmados de bienes materiales de la tierra, sino de la íntima satisfacción de los que siguen el mensaje de Jesús, los cuales no se dejan llevar del vaivén de inquietudes pasajeras: poseen la tierra en «un reino que no es de este mundo» (Jn 18;36). El salmista está lejos de esta perspectiva exclusivamente espiritualista, y por eso —por carecer de luces sobre la retribución en el más allá— espera que la felicidad de los justos, libres de la compañía inquietante de los malvados, se dará en esta vida.

“Alzad los ojos al cielo y mirad la tierra a vuestros pies. Pasarán los cielos como humo, se envejecerá como un vestido la tierra y morirán como las moscas sus habitantes, pero mi salvación durará por la eternidad y mi justicia no tendrá fin” (Is 51;6). La salvación de Yahvé no será algo transeúnte sino permanente y sobrevivirá a los mismos cielos y tierra. Todo es caduco en comparación con la obra que va a realizar Yahvé a favor de su pueblo. (Mt 5;18) (Mt 24;35) (Mc 13;31) (Lc 21;33) (Lc 16;17) (Ap 21;1)

“Porque voy a crear cielos nuevos y una tierra nueva” (Is 65;17)

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar no existía ya” (Ap 21;1)

“He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21;5)

(La mayoría de los comentarios del Análisis de este tema corresponden a la “Biblia Comentada” de la BAC)