martes, 10 de junio de 2014

ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO: EJEMPLO DE INJUSTO

s/TJ: 
Cuando Jesús dijo al malhechor: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23;43) ¿Qué quiso decir con estas palabras? ¿Dónde está el Paraíso? 

Piensa en esto: ¿dónde estuvo el Paraíso en un principio?... Recuerda que Dios puso al primer hombre, Adán, y a su esposa en un paraíso situado aquí en la Tierra. Se llamaba el jardín de Edén. En ese jardín había animales, pero no le hacían daño a nadie. También había árboles llenos de frutas deliciosas, así como un gran río. Era un lugar maravilloso donde vivir (Génesis 2:8-10).

Por lo tanto, cuando leemos que el malhechor estará en el Paraíso, debemos imaginarnos esta Tierra convertida en un lugar hermoso donde vivir. ¿Estará Jesús entonces en el Paraíso aquí en la Tierra con aquel hombre que antes fue un malhechor?... No. ¿Sabes por qué no?...

Porque Jesús estará en el cielo reinando desde allí sobre el Paraíso terrestre. Jesús estará con aquel hombre en el sentido de que lo resucitará y se ocupará de sus necesidades. (Biblioteca en línea Watchtower: ¿Quiénes resucitarán? ¿Dónde vivirán?)

Análisis: 
En primer lugar, hago notar que ¿no le dice Jesús que estará con él en el “paraíso”?   ¿Y dónde, entonces, se creía estaba el “paraíso”? Veamos (2Cor 12;1-4).  ¿No dice Pablo que fue arrebatado al tercer cielo (morada de Dios y de Jesucristo glorificado), al paraíso? La expresión “el tercer cielo”, para designar el lugar donde mora Dios, está tomada del lenguaje que le era familiar, en conformidad con la ciencia astronómica de entonces, que distinguía el cielo atmosférico, el de los astros y el superior o empíreo. Este tercero, se corresponde con la otra expresión “paraíso” que es de sabor más judío y ya fue empleada por Jesucristo   para designar el lugar donde van las almas de los justos después de la muerte (Lc 23;43). Allí en este “paraíso” o “tercer cielo”, Pablo oyó palabras “inexpresables” (NM) que el hombre no puede decir. Pablo se considera impotente para expresar lo que allí contempló. Todo hace suponer que el apóstol Pablo llegó, en su visión o revelación, hasta el máximo que puede alcanzar un hombre en la vida, acercándose a la directa contemplación de Dios. Sencillamente, Jesús le dijo al ladrón que estaría con él en el cielo.    

Aunque los TJ, claro, nos dan su particular interpretación: "Por eso, cuando leemos que este delincuente ha de estar en el Paraíso, en nuestra mente debemos ver el cuadro de esta tierra convertida en un hermoso lugar donde vivir, porque la palabra "paraíso" significa "jardín" o "parque" (Gn 2;8-9) ("Usted puede vivir... pág 171) 

Otra cuestión, es la que se refiere a la pregunta que se hacen los TJ ante las palabras de Jesucristo al malhechor arrepentido, “Estarás conmigo en el Paraíso”: “¿Estará Jesús entonces en el Paraíso aquí en la Tierra con aquel hombre que antes fue un malhechor?”. Los TJ se contestan a sí mismo: “No ¿Sabes por qué no? Porque Jesús estará en el cielo reinando desde allí sobre el Paraíso terrestre. Jesús estará con aquel hombre en el sentido de que lo resucitará y se ocupará de sus necesidades”. Pero fijémonos. Jesús no dice que Él estará con aquel hombre, sino que aquel hombre estará con Él en el Paraíso. Por lo tanto, si al final Jesús estará en el cielo y aquel hombre estará en la tierra, ni mucho menos puede decirse que aquel hombre estará con Jesús en el Paraíso. No es lo mismo estar “con” Jesús en el Reino de los cielos, como así dicen los TJ que están los 144.000 cristianos ungidos, que estar en la tierra “como súbdito” de este reino. Revisad también (Jn 12;26) en el que Jesús dice a "unos griegos que habían subido a adorar en la fiesta": "Si alguien quiere servirme, sígame y donde yo esté allí estará también mi servidor" Exactamente lo mismo que le dice al "buen ladrón". No es que Jesucristo estará donde esté el servidor, sino que el servidor estará donde esté Jesucristo. Y este estará en el cielo. Pues allí estará el "buen ladrón" y cualquiera que haya querido seguir a Jesucristo.  

Finalmente, es verdad que la frase con la que responde Jesús al delincuente: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso” (Lc. 23:42, 43) al no tener comas en el original ni otros signos de puntuación, puede escribirse en nuestro idioma tal cual la presentan los TJ con los dos puntitos detrás de hoy, no delante. Pero esta afirmación tendría sentido si en algún otro caso de los 66 que recogen las escrituras griegas (Nuevo Testamento) en el que una frase de Jesucristo (con sentido profético) se inicia de modo similar, dejara constancia remarcable de que lo que dice lo está diciendo en este momento, o sea, "hoy". Pero no es este el caso. Así, por ejemplo, cuando Jesús dice: "Porque os digo que si no superáis a los maestros de la ley y a los fariseos en hacer lo que es justo delante de Dios, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt 5;20), podría muy bien haber dicho: "Porque os digo hoy: si no superáis...", pero no. Otro de los 66 ejemplos: "Por eso te digo que, en el día del juicio, tu castigo será más duro que el de los habitantes de la región de Sodoma" (Mt 11;24), podría haber dicho: "Por eso te digo hoy: en el día del juicio, tu castigo..." Pero no, no es así. Y del mismo modo en los 66 casos. ¿No parece mejor traducción, vistos todos los casos, considerar que en (Lc 23;42,43) la palabra "hoy" forma parte de lo que Jesús indica que ocurrirá y no considerarla una partícula con un sentido de dejar constancia de que lo ha dicho hoy? 

En todas las biblias normalmente traducidas leemos: «Entonces Jesús le dijo: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso"» (Lc 23:43). Pero ya hemos visto que la traducción del Nuevo Mundo vierte el texto de este extraño modo: «Y a él le dijo: "Verdaderamente te digo hoy: estarás conmigo en el Paraíso"».
Aquí, los «Testigos de Jehová» han hecho un esfuerzo inútil para demostrar que «hoy» se refiere al tiempo en que el Señor pronunció la promesa. Decimos que es un esfuerzo inútil porque la estructura de la oración gramatical griega no permite tal traducción. En efecto: Jesús está hablando al ladrón en ese día. No podía ser de otro modo. El adverbio «hoy» no puede ser, pues, la declaración de una cosa aquí sabida, natural y evidente que no necesita ser expresada, sino que es clara y, naturalrnente, una parte necesaria de la promesa de Jesús al malhechor. Fue una respuesta de gracia a su fe en el Redentor crucificado a quien reconoce como Mesías. «Acuérdate de Mí cuando vengas en tu Reino» (un tiempo en el futuro), dice el arrepentido ladrón. El tiempo presente de la contestación del Señor contiene todo el énfasis de la promesa, pues indica: no tienes que esperar a aquel tiempo lejano, sino que hoy mismo disfrutarás de la gloria celestial. Generalmente transcurrían tres o cuatro días hasta que un hombre moría después de haber sido crucificado, pues la agonía por crucifixión se prolongaba mucho; de ahí el terror que inspiraba a los delincuentes esta clase de suplicio. Pero Jesús da la seguridad al ladrón arrepentido de que sus sufrimientos cesarían «hoy»; es esta una profecía clara de su inmediato alivio y de glorioso destino. Una gran noticia que interesaba en gran manera al ladrón conocer. De ahí la importancia y utilidad del adverbio «hoy». El trasponer palabras e introducir comas en el texto griego, haciéndole decir: «De cierto te digo hoy, que estarás conmigo en el paraíso», lo juzgan las mejores autoridades en esa lengua enteramente inautorizado y como una forzada traducción del claro sentido del pasaje, porque además de ser una mala versión del griego resultaría la palabra «hoy», en este lugar, completamente inútil y sin sentido.
El «hoy» (en griego «semeron») no cabe de ningún modo en la frase, si no es para expresar que el arrepentido ladrón iba a disfrutar en estado perfectamente consciente, y de una manera inmediata, aquel mismo día, el Paraíso prometido. Por eso no puede separarse con una coma la primera palabra de la segunda sentencia, para unirla con la primera, quitándose así su natural sentido. En el texto griego se lee: «Kai eipen auto Amen soi lego, semeron met emou ese en to Paradeiso»; es decir, por transcripcion literal: «Y dijo a él: En verdad digo a ti, hoy conmigo estarás en el Paraíso».
Como dato interesante diremos que el «Diaglott» usado por los TJ puntúa correctamente este versículo. ¿Por qué, pues, ellos ponen una absurda coma donde menos le corresponde estar? Lo curioso es que los mismos TJ no se recatan de decir, en la nota al pie de su Traducción Interlineal inglesa, que dichos eruditos, cuyo texto ellos siguen y publican, ponen la coma antes de la palabra «hoy». ¿Por qué quieren ser más sabios que sus propios maestros? Decir a continuación que el original griego no tiene coma no es ninguna razón, pues los antiguos manuscritos no tienen comas en ningún lugar. La cuestión es: ¿dónde dice el buen sentido del texto que hay que poner la coma? Así lo han hecho los eruditos de griego en todo el Nuevo Testamento. Y en este lugar todos están de acuerdo en que tiene que ser antes de la palabra “hoy”.