s/TJ:
No todos los siervos fieles de Dios
llegarán al cielo. Quizá éste sea un nuevo pensamiento
para usted. Es posible que usted siempre haya concluido que todos
los que hacen el bien con el tiempo pararán en el cielo. Pero
la Biblia no apoya esa manera de pensar. Más bien, muestra que la meta de
la vida celestial es para comparativamente pocos de entre la humanidad.
Para confirmar esto, podemos
dirigirnos a (Mt 11;11) como ejemplo. Es una de las propias
expresiones públicas de Jesús: "Entre los nacidos de mujer no
ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que
sea uno de los menores en el reino de los cielos mayor es que
él." De modo que del hombre que fue precursor de Jesús, que
tuvo el privilegio de bautizar a Jesús, se muestra que es de rango
inferior al de uno de los menores de la clase del "reino de los
cielos".
Acuérdese, los que fueron abarcados
por esta declaración que hizo Jesús son hombres sobresalientes de fe como Noé,
Abrahán, Job, Moisés y David. Y aunque usted quizás haya estado seguro de
que hombres como Abrahán y David, por lo menos, habían ido al
cielo, no obstante la palabra de la Biblia acerca de ellos es bien
clara. Más de dieciocho siglos después de la muerte de
Abrahán, Jesús todavía pudo decir: "Ningún hombre ha
ascendido al cielo" (Jn 3;13). Y el
apóstol Pedro igualmente dio énfasis a que David no había ido al
cielo (Hech 2;34)
¿Quiénes, entonces, irán al
cielo, si tales paladines de la adoración verdadera no esperan
alcanzar el cielo? Jesús le reveló al apóstol Juan que sólo 144.000
humanos serían cambiados para ser criaturas espíritus al debido
tiempo y unidos al "Cordero", el Hijo de Dios, en
el monte Sion celestial. Se describe a ese número limitado como los
que "fueron comprados de entre la humanidad como
primicias para Dios y para el Cordero".
Son quienes "serán sacerdotes de Dios y
del Cristo, y gobernarán como reyes con él por los mil
años" (Ap 14;1-4) (Ap 20;6). El apóstol Pablo escribió
a este grupo selecto: "Dios los eligió a
ustedes... A este mismo destino los llamó él mediante las buenas nuevas
que nosotros declaramos, con el propósito de
adquirir la gloria de nuestro Señor Jesucristo" (1Tes
2;13-14).
Jesús se refiere a los llamados a
estar con él en gloria celestial como "mis hermanos". Y claramente
indica que una grande multitud de personas que amparan a sus
"hermanos" perseguidos y cooperan con ellos sería
debidamente remunerada (Mt 25;40) ¿Cómo? Teniendo
el privilegio de vivir en la Tierra cuando el
reino celestial de Dios extienda a la humanidad las
bendiciones bosquejadas en (Ap 21;1-4). Así, tal como
Adán y Eva gozaron de bendiciones del paraíso aquí en la Tierra antes de su
desobediencia, los amorosos apoyadores de Cristo y de sus
hermanos espirituales disfrutarán de paz y felicidad en
el paraíso terrestre restaurado (Sl 37;11) (Pr 2;21-22).
Ese magnífico resultado se deberá al hecho
de que el reino de Dios en el cielo, con Cristo como rey y
sus hermanos como "reyes con él" habrá triturado y
puesto fin a todas las gobernaciones inicuas de la Tierra que están
bajo el control satánico (Ap 20;6) (Dn 2;44) (1Jn 5;19).
Por otra parte, es para estos 144.000
y sólo para ellos que Jesús hace preparativos en el cielo, exactamente
como prometió que lo haría: "Voy a preparar un lugar para ustedes...
para que dónde yo estoy también estén ustedes" (Jn 14;2-3)
El apóstol Pedro describe a esta clase
que tiene la esperanza celestial como "los escogidos
según la presciencia de Dios el Padre", y
los estimula así: "Dios... según su gran
misericordia nos dio un nuevo nacimiento a una esperanza viva
mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,
a una herencia incorruptible e incontaminada e inmarcesible.
Está reservada en los cielos para ustedes" (1Pe 1;1-4)
Así, pues, no todo seguidor de Cristo
alcanzará el cielo. Comparativamente hablando, sólo
un número pequeño de humanos será levantado de la
muerte como criaturas espíritus, heredando inmortalidad, el no poder morir, y con
el gran galardón de ver a Jehová Dios "tal como él es"
(1Jn 3;2) ¡Qué privilegio para los que tienen
la esperanza terrestre de vida eterna el servir en la obra del Reino en
la Tierra hoy día junto con el pequeño número que queda de los que han sido
escogidos para ser "herederos del reino" de los cielos! (Stgo
2;5) ("¡Despertad!" de 22.7.68, pág 27-28)
Análisis:
Hagamos nuestro propio resumen:
1) Los 144.000 en cuestión son los
mencionados en (Ap 7;1-8). Los TJ consideran que estos 144.000 han de
aceptarse de forma literal. En cambio, el detalle numérico que sigue a
continuación en los versículos siguientes y que son los que -tras su suma- dan
el total de los 144.000, han de entenderse de forma simbólica (¿?). O sea, que
una suma de números simbólicos da lugar a un número total que los TJ consideran
definitivamente literal.
A continuación se habla de "una
grande muchedumbre" (Ap 7;9) (NM)
2) En la
actualidad, los TJ (aunque todos formen una
sola organización) pertenecen a esos dos grupos: unos
pocos, a los 144.000; y la mayor parte de ellos, a
la "grande muchedumbre". Los 144.000 son los
"ungidos". Sólo los que pertenecen a esos
"ungidos" pueden participar de la "Cena del
Señor". Ellos son "los miembros del cuerpo de
Cristo", forman "una nación gobernada por Dios" y son
los cimientos sobre los cuales están edificados los de
la "grande muchedumbre", que, según los
escritores de Brooklyn, "es un grupo
separado y diferente de los
144.000 israelitas espirituales"
Podemos leer: ("Vida eterna en libertad de los hijos de Dios", pág 344-345 ("Cosas en las cuales es imposible que Dios mienta", pág 337) "Entonces queda terminado el misterio de Dios", pág 222, nota) ("De paraíso perdido a paraíso recobrado", pág 215)
3) El grupo referente a los
144.000 se empezó a formar con los apóstoles y
discípulos, que recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés.
La Organización de los TJ, al
empezar el "tiempo del fin", según ellos en 1914, sólo daba
un mensaje para juntar al resto de estos 144.000, pues hasta entonces
no había otra esperanza de salvación más que perteneciendo a esos
144.000 israelitas espirituales, ya que, según los redactores
de Brooklyn, Jesús todavía no había empezado a atraer a la
otras ovejas.
Podemos leer: ("Asegúrense de todas las cosas...", pág 115) ("De paraíso perdido a paraíso recobrado", pág 147,148,151,186)
4) El Buen Pastor, que
fue entronizado en 1914, no empezó a recoger a las
"otras ovejas", que forman 'la grande muchedumbre', hasta
1931, para juntarlas con la "manada pequeña",
que es el "Israel espiritual", y que juntos forman
la "sociedad del muevo mundo". La "manada pequeña"
tiene "esperanza celestial" y heredará el cielo. Las
"otras ovejas" tienen "esperanza terrestre" y heredarán
"la región terrestre del reino del cielo". No obstante, las dos
categorías de ovejas forman "un solo rebaño"
Podemos leer: ("De paraíso perdido a
paraíso recobrado", pág 194,195,202)
5) Ya en 1923, los TJ se habían dado
cuenta de que existían "otras ovejas", pero no hicieron
"arreglo especializado para recogerlas en un solo rebaño con el
resto 'ungido'" hasta 1934.
Podemos leer: ("Vida eterna en libertad de los hijos de Dios", pág 344-345)
6) Desde 1934 se consideraba cerrado
el cupo de los 144.000. No pudiendo, pues, ofrecer ya un
puesto celestial para el Reino, en mayo de 1935 se identificó
a esas "otras ovejas" con la "grande
muchedumbre" que vivirá en la tierra, y en agosto
de 1935 "se mostró que el bautismo en la muerte de
Cristo no aplicaba a las 'otras ovejas'". Pero los que
se habían bautizado entre 1934 y 1935 no se conformaron con
esa explicación, "y todavía afirman" ser del 'rebaño pequeño'.
Podemos leer: ("Vida eterna
en libertad de los hijos de Dios", pág 147-150)
7) Es evidente que la diferencia para
pertenecer al resto "ungido" o a la "grande
muchedumbre" está relacionada con el bautismo, ya que se
dice, al hablar de los que pertenecen a
la "grande muchedumbre": "De
hecho, ninguna llamada celestial, ninguna
esperanza espiritual del Reino, fueron puestas delante de ellos al tiempo de su
bautismo en agua". Por otra parte, se afirma de este grupo:
"Se mostró que este bautismo en la muerte de
Cristo no aplicaba a las 'otras ovejas'"
(Véase "Bautismo en agua" y "Bautismo en
la muerte de Cristo" en "¡El reino de Dios empezó en
1914!", pág 53 y ss.)
Además de la vasta mayoría de TJ, la
Sociedad Atalaya también pone a todos los creyentes de antes de la era
cristiana en la clase de las "otras ovejas" con una
esperanza terrenal. Así que los TJ creen que Abraham,
Isaac, Jacob y los profetas no van al cielo. La mejor
respuesta a eso es la lectura del capítulo
once de Hebreos, que se refiere a varios hombres y mujeres fieles de
antes de Cristo, inclusive los patriarcas y los profetas, y luego
dice que "eran extranjeros y peregrinos
sobre la tierra... dan a entender que buscan una patria
... mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios... les ha preparado una
ciudad" (Hb 11;13-16). ¿Cuál ciudad es un país celestial?.
Evidentemente, "la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial" (Hb
12;22)