s/TJ:
Muchas personas dicen: "Todos los buenos
van al cielo”. Sin embargo, cuando se les pregunta por qué van al cielo, quizás
digan: “ Es para estar con Dios”, o “Es la recompensa que se les da `por ser
buenos”. (“Usted puede vivir para
siempre...”, pág 120)
La Biblia muestra claramente que Jesús fue
levantado de entre los muertos y que fue al cielo. Además, dice que otros
humanos serían llevados allá. (Hech
26;23) (IPe 3;18) (ICor 15;20-23) (Flp 3;20-21) (Rom 6;5) (2Cor 5;1-2) (Jn
14;1-3) (“Usted puede vivir para siempre ...”, pág 172)
Por otra parte, el apóstol Pablo con frecuencia
habló a los cristianos primitivos acerca de esa maravillosa esperanza. Por
ejemplo, escribió: "En cuanto a nosotros, nuestra ciudadanía existe en los
cielos, lugar de donde también esperamos con ansia a un Salvador, el Señor
Jesucristo" (Flp 3;20-21) (Rom 6;5) (2Cor 5;1-2). Con tales promesas como
base, millones de persona han puesto su esperanza en la vida celestial. (“Usted puede vivir para siempre...”, pág
120)
Así, pues,
la entrada al cielo no se concede
sólo como recompensa por injusticias
sufridas, ni siquiera como recompensa
por haber sido fiel. Su propósito es,
mas bien, formar un grupo de
gobernantes con sede
celestial compuesto de una
cantidad representativa de
seres humanos ungidos por espíritu santo y bajo la dirección de Cristo (Rm 8;15-17) (Ap 14;1-3) (¡Despertad! de
8.1.95, pág 26)
Jesús se refirió
a este gobierno con expresiones como
"el reino de los cielos" y "el reino de Dios"
(Mt 5;3,20) (Lc 7;28) (Lc 12;32). La idea no era que se
incluyera en este cuerpo administrativo a las grandes masas de la humanidad. (¡Despertad! de
8.1.95, pág 27)
La Biblia dice
que ellos -los miembros de la
congregación de Dios- son llevados al "reino del Hijo del amor de Dios", porque éste es un reino sobre sólo las 144.000
personas que tienen la esperanza de adquirir vida celestial, y que han
de regir con él en el cielo.
A través de los siglos solamente
ellos han sido sus
súbditos. Por esto,
esta gobernación, o "reino
del Hijo del amor de Dios" terminará cuando el último de estos súbditos que tienen
esperanza celestial muera y se una a Cristo en el cielo.
Entonces ya no serán súbditos de
Cristo, sino que se convertirán en reyes con él en el gobierno del Reino que se prometió desde
tanto tiempo atrás y por el cual Jesús
enseñó a sus seguidores a orar. (Col 1;13) (Mt 6;9-10). ("Usted puede
vivir...", pág 124)
Análisis:
Según estas últimas
palabras, los 144.000 dejan de ser súbditos de Cristo en cuanto muere el último
de ellos, convirtiéndose entonces en Reyes con
Jesucristo en el gobierno del Reino.
En cambio, en ("Usted
puede vivir...", pág 164) se
lee que los que ya están recogidos de estos 144.000, la mayoría, "ya están gobernando con
Cristo en el cielo" (?)
s/TJ:
Este cuerpo administrativo asociado a Jesucristo
–los 144.000- es el Reino por el que
enseñó a sus seguidores a orar.
También es el organismo mediante el cual se pondrá fin a la
gobernación incompetente de la Tierra, y
de ese modo se devolverá la justicia y
la paz al hogar del hombre, la Tierra,
así como
la vida eterna
a sus habitantes
(Sl 37;29)(Mt 6;9-10)
(¡Despertad! de 8.1.95, pág 27)
Dado que
los gobiernos humanos a los que
el reino reemplaza se hallan tan
saturados de corrupción, ¿no es obvio que Dios debe seleccionar y examinar con
cuidado a las
personas que compondrán
ese gobierno celestial? (¡Despertad! de 8.1.95, pág 27)
En vista de la gran responsabilidad que pesa sobre los hombros de estos
gobernantes celestiales, no
sorprende que deban satisfacer requisitos estrictos, además de la
bondad. Los que van al cielo deben tener un conocimiento exacto de Jehová y deben
obedecerlo (Jn 17;3) (Rm 6;17,18) Han
de tener fe en el sacrificio de rescate de Jesucristo (Jn 3;16). Y no
sólo eso. Tienen que ser llamados y escogidos por Dios
mediante su Hijo (2Tim 1;9-10) (1Pe
2;9). Además, deben ser cristianos
bautizados que "hayan nacido de nuevo" engendrados por el
espíritu santo de Dios
(Jn 1;12-13) (Jn 3;3-6). También
deben ser íntegros a Dios hasta la
muerte (Lc 22;29) (2Tim 2;11-13)
(Ap 2;10).
La mayor parte de los millones de personas que vivieron en el pasado no
satisfacieron estos requisitos. Muchas no contaron con la oportunidad de aprender acerca del
Dios verdadero. Otras nunca leyeron la
Biblia y supieron poco o no supieron
nada acerca de Jesucristo. Incluso de
los cristianos verdaderos que hay
actualmente en la Tierra, pocos han sido
escogidos por Dios para la vida celestial ("La
Atalaya" de 15.11.94, pág 4-5) ("La
Atalaya" de 15.5.95, pág 6)
Análisis:
Los TJ se erigen en
jueces de quienes han de ir al cielo
y de quienes no han de ir. Lo
saben ya ahora, antes de - según ellos- haber completado en el cielo el "número
exacto" de los que gozarán de esta
dicha.
s/TJ:
Así que los que van al cielo van allí para
servir como gobernantes junto con Cristo en el gobierno celestial de Dios (Gl 3;16-29) (Sant 2;5). Y puesto que han de gobernar sobre la Tierra, es obvio que los que van al cielo
serán seguidores de Cristo que habrán
sido examinados y probados para ello.
Esto significa que no se
llevará al cielo a infantes o niñitos quienes no habrán sido sometidos a una prueba completa durante años de
servicio cristiano (Mt
16;24) ("Usted puede
vivir para siempre...",
capítulo 14)
Por lo
tanto, antes de morir ellos y disfrutar
de la "resurrección de vida"
el juez tiene que probar el hecho de que
son de "los que hicieron cosas buenas". Puesto que en
la resurrección estos 144.000 coherederos experimentan una
instántanea perfección de la
vida como criaturas espíritus en el cielo, tienen que
probarse hacedores de lo bueno en esta era, en la carne. Esto se tiene
que hacer antes de que sean revestidos instantáneamente de inmortalidad
y de incorruptibilidad en el cielo ("La
Atalaya" de 1/6/65, pág 340)
Antes de juzgar
al mundo en general, Cristo inspeccionaría a su propia congregación y resucitaría a
los cristianos ungidos que hubieran
muerto en fidelidad (1Cor 15;21-23) (1Tes 2;19) (1Tes
3;13) (1Tes 4;13-17) (2Tes 2;1) ("La Atalaya" de 1/12/84, pág 15)
"El que
cree en él, no es juzgado; el que no cree, ya
está juzgado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de
Dios" (Jn 3;18). "En verdad,
en verdad os digo que el que escucha mi palabra y cree en el que me envió,
tiene la vida eterna y no es juzgado, porque pasó de la muerte a la vida"
(Jn 5;24)
Observe la cosa notable acerca de los que así tienen vida eterna debido a que
escuchan las palabras de Jesús con fe
y obediencia y luego creen en el Padre que lo envió... Hay un sentido espiritual especial en el cual tal oyente y creyente pasa de la muerte a la vida
ahora durante este tiempo actual de creer.
Observemos aquí que Jesús coloca la palabra "juicio" como opuesta a que
uno haya "pasado de la muerte a la vida". En vista de este hecho es evidente que la palabra
"juicio" como se usó aquí por Jesus significa un juicio adverso, un
juicio condenatorio, el sentenciar a una persona a la muerte interminable.
Hace
mil novecientos años
cuando Jesucristo dijo
estas palabras
significativas, estaba hablando en
particular a la congregación de creyentes
de quienes Dios, el Padre celestial, habría de
escoger de entre los hombres para
llegar a ser jueces asociados con
jesucristo en los cielos ("La
Atalaya" de 1/6/65, pág 331).
Análisis:
Oír la palabra de Cristo
implica la fe en el Padre. Fe en la
palabra de Cristo y fe en el Padre no se pueden
separar de hecho.
Y esta fe
es la condición para participar en la vida eterna. Juicio-muerte son una misma cosa y se oponen a
la vida. Ha pasado ya, en
el griego perfecto de
estado. Muerte es el estado de
condenación, de ira, que supone la enemistad de Dios. Por la palabra del Hijo, el creyente entra en comunión con
el Padre (Jn 12;47) (Jn 17;6,14,17)
Cuando Jesucristo dice estas palabras significativas (Jn 3;18) está hablando a Nicodemo, fariseo, gobernante de los judíos (Jn 3;1). Es una conversación
"cara a cara" con Jesucristo.
Y cuando dice las palabras,
asimismo significativas, de (Jn
5;24) se las dirige a los judíos que
quieren matarlo (Jn 5;18-19). Pero los
TJ siguen enseñando -¿en qué se basarán?- que Jesucristo, en estos pasajes, sólo hablaba
de los famosos 144.000. O, más
difícil todavía, que estaba hablando de una posibilidad general pero que solamente la iba
a aplicar a un número
prefijado de 144.000. Tanto
en una caso como en otro, o en cualquier caso que suponga una restricción está
totalmente en contra del sentido universal de las palabras de Jesucristo. Por esto dos páginas después añaden:
Jesucristo en (Jn
3;18) (Jn 5;24), nos enseña
que aceptar el mensaje de Dios, que
es el de Jesús, produce en el
hombre, ya ahora, -"tiene
vida eterna"- una vida de tal
calidad, que es, en definitiva, eterna
y, en consecuencia, no puede cesar nunca.
Este hombre pertenece ya al estadio
de la creación terminada. Para el
que la posee, el juicio es supérfluo, ha
pasado de la muerte a la vida, no cae bajo sentencia alguna.
En (Jn 3;18) la
ausencia de juicio coincide con la
adhesión a Jesús; equivale en
este pasaje a escuchar su mensaje
dando fe al que lo envió. La
sentencia dada por Jesús
sólo sanciona la decisión del hombre
de no pasar a la vida, su opción en favor de la tiniebla. (Jn 3;19) (Jn 1;5). Quien da su adhesión a Jesús y a su mensaje,
ha salido de la zona de la
tiniebla-muerte. No hay otra manera de salir
más que optando por Jesús.
De hecho los propios TJ en ("La Atalaya" de 1.6.1965, pág 330) dicen:
"Observe la cosa notable acerca de los
que así tienen vida eterna debido a que escuchan las palabras de Jesús con
fe y obediencia y luego creen en el Padre que lo envió. Jesús dice acerca de cada uno de ellos: 'no entra en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida'. Hay un sentido espiritual especial en el cual
tel oyente y creyente pasa de la
muerte a la vida ahora durante este tiempo actual de creer." Pero...los
TJ sólo lo aplican a los 144.000 (?)
Jesucristo sólo fijó un destino para el hombre que creyera en
Él y éste es el cielo. Por otra parte, los TJ nos enseñan que en la resurrección
Cristo será las primicias y después le seguirán “los que pertenecen al Cristo” ("Usted puede vivir...", pág 172). Y esta interpretación es correcta porque éste
un término muy usado entre los judíos,
con el que designaban los primeros frutos de la cosecha,
consagrados a Dios, y en los que se consideraba incluido, en cierto
modo, todo el resto, que quedaba con ello bendecido
y santificado. Las "primicias", pues, suponen otros
frutos en retaguardia, de la misma naturaleza que esos que
constituyen las primicias.
Y fíjense que de los 144.000 en (Ap 14;4) se
dice de ellos que “fueron comprados de entre la humanidad como “primicias” para
Dios y para el Cordero. Si los 144.000 están en el cielo como primicias, muchos
otros irán al cielo también…todos aquellos que crean en Jesucristo ¡seguro!