jueves, 25 de septiembre de 2014

REQUISITOS PARA VIVIR EN EL CIELO

s/TJ:
Muchas personas dicen: "Todos los buenos van al cielo”. Sin embargo, cuando se les pregunta por qué van al cielo, quizás digan: “ Es para estar con Dios”, o “Es la recompensa que se les da `por ser buenos”. (“Usted puede vivir para siempre...”, pág 120)
La Biblia muestra claramente que Jesús fue levantado de entre los muertos y que fue al cielo. Además, dice que otros humanos serían llevados allá.  (Hech 26;23) (IPe 3;18) (ICor 15;20-23) (Flp 3;20-21) (Rom 6;5) (2Cor   5;1-2) (Jn   14;1-3) (“Usted puede vivir para siempre ...”, pág 172)
Por otra parte, el apóstol Pablo con frecuencia habló a los cristianos primitivos acerca de esa maravillosa esperanza. Por ejemplo, escribió: "En cuanto a nosotros, nuestra ciudadanía existe en los cielos, lugar de donde también esperamos con ansia a un Salvador, el Señor Jesucristo" (Flp 3;20-21) (Rom 6;5) (2Cor 5;1-2). Con tales promesas como base, millones de persona han puesto su esperanza en la vida celestial. (“Usted puede vivir para siempre...”, pág 120)
Así, pues,  la entrada al cielo  no se concede sólo  como recompensa por injusticias sufridas, ni  siquiera como recompensa por  haber sido fiel. Su propósito es,  mas bien,  formar un  grupo de  gobernantes con  sede celestial  compuesto de  una  cantidad representativa  de seres  humanos ungidos por  espíritu santo y bajo  la dirección de Cristo  (Rm 8;15-17) (Ap 14;1-3) (¡Despertad! de 8.1.95, pág 26)
Jesús se refirió  a este gobierno con expresiones como  "el reino de los cielos" y "el reino de Dios" (Mt  5;3,20) (Lc 7;28) (Lc 12;32).  La idea no era  que se  incluyera en  este cuerpo  administrativo a  las grandes masas de la humanidad. (¡Despertad! de 8.1.95, pág 27)
La Biblia dice  que ellos -los miembros de la  congregación de Dios- son llevados al "reino del  Hijo del amor de Dios", porque  éste es un reino sobre sólo las 144.000 personas que tienen la esperanza de adquirir vida celestial, y  que han  de regir  con él en  el cielo.   A través  de los siglos  solamente  ellos han  sido  sus  súbditos.    Por  esto,  esta gobernación, o  "reino del Hijo  del amor  de Dios" terminará  cuando el último de estos súbditos que tienen esperanza celestial muera y se una a Cristo en el  cielo.  Entonces ya no serán súbditos  de Cristo, sino que se convertirán en reyes con él en  el gobierno del Reino que se prometió desde tanto tiempo atrás  y por el cual Jesús enseñó  a sus seguidores a orar.  (Col 1;13) (Mt 6;9-10).  ("Usted puede vivir...", pág 124)
Análisis:
Según estas últimas palabras, los 144.000 dejan de ser súbditos de Cristo en cuanto muere el último de ellos, convirtiéndose entonces en Reyes con  Jesucristo en el gobierno del Reino.   En cambio, en ("Usted puede  vivir...", pág  164) se  lee que  los que  ya están recogidos de estos  144.000, la mayoría, "ya  están gobernando con Cristo en el cielo" (?)
s/TJ:
Este cuerpo administrativo asociado a Jesucristo –los 144.000-  es el Reino por el que enseñó a  sus seguidores a  orar.  También  es el organismo  mediante el cual se pondrá fin a la gobernación  incompetente de la Tierra, y de ese modo se devolverá la  justicia y la paz al hogar  del hombre, la Tierra, así  como  la  vida  eterna  a  sus  habitantes  (Sl  37;29)(Mt  6;9-10)  (¡Despertad! de 8.1.95, pág 27)
Dado que  los gobiernos humanos a  los que el reino  reemplaza se hallan tan saturados  de corrupción, ¿no es  obvio que Dios debe  seleccionar y examinar  con  cuidado  a  las  personas  que  compondrán  ese  gobierno celestial? (¡Despertad! de 8.1.95, pág 27)
En vista de la gran responsabilidad  que pesa sobre los hombros de estos gobernantes celestiales,  no sorprende  que deban  satisfacer requisitos estrictos, además de la bondad.  Los que  van al cielo deben tener un  conocimiento exacto de Jehová y deben obedecerlo  (Jn 17;3) (Rm 6;17,18) Han de  tener fe en el sacrificio de rescate  de Jesucristo (Jn 3;16).  Y no  sólo eso.  Tienen que ser  llamados y escogidos  por Dios  mediante su Hijo  (2Tim 1;9-10) (1Pe 2;9).  Además, deben ser cristianos bautizados que "hayan nacido de nuevo"  engendrados por  el  espíritu  santo de  Dios  (Jn 1;12-13)  (Jn 3;3-6).   También  deben ser  íntegros  a  Dios  hasta la  muerte  (Lc 22;29) (2Tim 2;11-13) (Ap 2;10).
La mayor parte de los millones de  personas que vivieron en el pasado no satisfacieron estos  requisitos.  Muchas no contaron  con la oportunidad de aprender acerca del Dios verdadero.   Otras nunca leyeron la Biblia y supieron poco o  no supieron nada acerca de Jesucristo.   Incluso de los cristianos verdaderos que  hay actualmente en la Tierra,  pocos han sido escogidos por Dios para la vida celestial ("La Atalaya" de 15.11.94, pág 4-5) ("La Atalaya" de 15.5.95, pág 6)
Análisis:
Los TJ  se erigen en  jueces de  quienes han de  ir al cielo  y de quienes no han de ir.  Lo saben  ya ahora, antes de - según ellos-  haber completado en el cielo el "número exacto" de los que gozarán  de esta dicha.
s/TJ:
Así que los que van al cielo van allí para servir como gobernantes junto con Cristo en el gobierno celestial  de Dios (Gl 3;16-29) (Sant 2;5).  Y puesto que han de gobernar sobre la  Tierra, es obvio que los que van al cielo serán seguidores  de Cristo que habrán sido  examinados y probados para  ello.  Esto  significa que  no se  llevará al  cielo a  infantes o niñitos quienes no  habrán sido sometidos a una  prueba completa durante años  de  servicio  cristiano  (Mt   16;24) ("Usted  puede  vivir  para siempre...", capítulo 14)
Por lo  tanto, antes de morir  ellos y disfrutar de  la "resurrección de vida" el juez tiene que probar el  hecho de que son de "los que hicieron cosas buenas".  Puesto que en  la resurrección estos 144.000 coherederos experimentan  una  instántanea  perfección  de la  vida  como  criaturas espíritus en el cielo, tienen que probarse hacedores de lo bueno en esta era, en la carne.  Esto se tiene  que hacer antes de que sean revestidos instantáneamente de inmortalidad y de incorruptibilidad en el cielo ("La Atalaya" de 1/6/65, pág 340)
Antes de juzgar  al mundo en general, Cristo inspeccionaría  a su propia congregación y resucitaría a los  cristianos ungidos que hubieran muerto en  fidelidad (1Cor  15;21-23) (1Tes  2;19) (1Tes  3;13) (1Tes  4;13-17) (2Tes 2;1) ("La Atalaya" de 1/12/84, pág 15)
"El que  cree en él,  no es  juzgado; el que  no cree, ya  está juzgado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios" (Jn 3;18).  "En verdad, en verdad os digo que el que escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene la vida eterna y no es juzgado, porque pasó de la muerte a la vida" (Jn 5;24)
Observe la cosa notable acerca de  los que así tienen vida eterna debido a que escuchan las  palabras de Jesús con fe y  obediencia y luego creen en el  Padre que lo envió...   Hay un sentido espiritual  especial en el cual tal  oyente y creyente  pasa de la muerte  a la vida  ahora durante este tiempo actual de creer.
Observemos aquí que Jesús coloca la  palabra "juicio" como opuesta a que uno haya  "pasado de la muerte  a la vida".   En vista de este  hecho es evidente que la palabra "juicio" como se usó aquí por Jesus significa un juicio adverso, un juicio condenatorio, el sentenciar a una persona a la muerte interminable.
Hace  mil  novecientos  años   cuando  Jesucristo  dijo  estas  palabras significativas,  estaba  hablando en  particular  a  la congregación  de creyentes  de quienes  Dios, el  Padre celestial,  habría de  escoger de entre los hombres  para llegar a ser jueces asociados  con jesucristo en los cielos ("La Atalaya" de 1/6/65, pág 331).
Análisis:
Oír la palabra de Cristo implica la fe en el Padre.  Fe en la palabra de Cristo y fe en el Padre no se pueden  separar  de  hecho.   Y  esta  fe  es  la  condición  para participar en la vida eterna.   Juicio-muerte son una misma cosa y se  oponen a  la vida.   Ha pasado  ya, en  el griego  perfecto de estado.  Muerte es el estado de condenación, de ira, que supone la enemistad de Dios.  Por la palabra  del Hijo, el creyente entra en comunión con el Padre (Jn 12;47) (Jn 17;6,14,17)
Cuando  Jesucristo dice  estas palabras  significativas (Jn  3;18) está hablando  a Nicodemo, fariseo,  gobernante de los  judíos (Jn 3;1). Es una conversación "cara a cara" con Jesucristo.  Y cuando dice las  palabras, asimismo significativas,  de (Jn 5;24)  se las dirige a los judíos que quieren matarlo (Jn 5;18-19).  Pero los TJ siguen enseñando  -¿en qué se  basarán?- que Jesucristo,  en estos pasajes,  sólo hablaba  de los  famosos 144.000.  O, más  difícil  todavía, que estaba  hablando de una posibilidad  general pero que solamente  la iba  a aplicar  a  un número  prefijado de  144.000. Tanto en  una caso como en  otro, o en cualquier  caso que suponga una restricción está totalmente en contra del sentido universal de las palabras de Jesucristo.  Por esto dos páginas después añaden:
Jesucristo  en (Jn  3;18) (Jn  5;24),  nos enseña  que aceptar  el mensaje de  Dios, que  es el  de Jesús, produce  en el  hombre, ya ahora, -"tiene vida  eterna"- una vida de tal calidad,  que es, en definitiva, eterna y, en consecuencia, no puede cesar nunca.  Este hombre pertenece ya al estadio  de la creación terminada.  Para el que la posee, el juicio es supérfluo,  ha pasado de la muerte a la vida, no cae bajo sentencia alguna.
En (Jn  3;18) la  ausencia de  juicio coincide  con la  adhesión a Jesús; equivale en  este pasaje a escuchar su mensaje  dando fe al que  lo envió.   La  sentencia  dada por  Jesús  sólo sanciona  la decisión del hombre de  no pasar a la vida, su  opción en favor de la tiniebla.  (Jn 3;19) (Jn 1;5).   Quien da su adhesión a Jesús y a su mensaje, ha salido de  la zona de la tiniebla-muerte.  No hay otra manera  de salir  más que  optando por  Jesús.  De  hecho los propios TJ en ("La Atalaya"  de 1.6.1965, pág 330) dicen: "Observe la cosa notable acerca de los  que así tienen vida eterna debido a que escuchan  las palabras de  Jesús con  fe y obediencia  y luego  creen en el Padre que lo envió.   Jesús dice acerca de cada uno de   ellos: 'no entra en  juicio, sino que ha pasado de  la muerte a la vida'.  Hay un sentido espiritual especial en el cual tel oyente y creyente pasa  de la muerte  a la  vida ahora durante  este tiempo actual de creer." Pero...los TJ sólo lo aplican a los 144.000 (?)
Jesucristo sólo fijó un destino para el hombre que creyera en Él y éste es el cielo. Por otra parte, los TJ nos enseñan que en la resurrección Cristo será las primicias y después le seguirán “los que pertenecen al Cristo” ("Usted puede vivir...", pág 172). Y esta interpretación es correcta porque éste un término  muy usado  entre los  judíos, con  el que designaban los primeros frutos de la cosecha, consagrados a Dios, y en los que se consideraba incluido, en  cierto modo, todo el  resto, que quedaba con  ello  bendecido y santificado. Las  "primicias", pues, suponen otros frutos en retaguardia, de la misma naturaleza que esos que constituyen las primicias.

Y fíjense que de los 144.000 en (Ap 14;4) se dice de ellos que “fueron comprados de entre la humanidad como “primicias” para Dios y para el Cordero. Si los 144.000 están en el cielo como primicias, muchos otros irán al cielo también…todos aquellos que crean en Jesucristo ¡seguro!