jueves, 27 de marzo de 2014

JESÚS ES LA PALABRA O EL VERBO DE DIOS


s/TJ:

Si la Palabra o  el Verbo no fue  la primera criatura viva a  quien Dios creó, ¿quién,  entonces, es el primer  Hijo creado de Dios,  y cómo  ha sido   honrada esta  primera creación  y usada como el primero de la familia de los hijos de Dios en ser hecho? 



No conocemos a ningún otro sino  al Verbo o la  Palabra, "El Verbo de  Dios".  Como una palabra es producida  por uno que habla, la Palabra  o Verbo es creación de Dios, la primera creación de Dios. ("La Atalaya" de 15.3.63, pág 185-186)  


Análisis: 


Los TJ insisten en que tiene  que haber por alguna parte un primer Hijo de Dios creado, a pesar, insisto también yo, que la Biblia no lo dice ni directa, ni indirectamente.


Cuando una persona habla, no "crea"  palabras.  Las palabras no salen de la nada. "Palabra, imagen, sabiduría, sustancia,  reflejo" son expresiones dirigidas al Verbo, a Jesús, que de ninguna manera dan idea  de creación, sino de igualdad necesaria en la eternidad. Indican, sí, una procedencia, de ahí que dentro de la misma naturaleza sea posible distinguir desde la eternidad, un Padre y un Hijo. Y sin forzar la Biblia, tratando de elegir la interpretación más adecuada a los diversos contextos, toda esta maravilla se nos muestra con suficiente nitidez. 


Y no perdamos de  vista que Jesús es "el Hijo  de Dios" y nosotros "venimos  a ser  hijos de Dios".  Que Jesús es "la imagen de Dios" mientras nosotros fuimos creados "a imagen de Dios", no  es lo mismo, ni mucho menos.

s/TJ: 

Además se le llama “la Palabra” (Jn 1;14).  Este título muestra que era el encargado de hablar en nombre de su Padre.


Análisis: 


Debemos  empezar  recordando que, en griego, "logos" tiene  dos significados: palabra y razón y ambos se entretejen juntamente. Comencemos por el trasfondo judío   de   esta   palabra. En  el pensamiento judío, una palabra  no era   simplemente   un   sonido articulado  que expresa  una  idea, la  palabra  hacía cosas.   La palabra de Dios no es un mero sonido: es una causa eficiente. 


En el  relato de la  creación, como  luego veremos, la  palabra de Dios crea.  Dios dijo: sea la luz; y fue la  luz.  (Gn 1;3).  Por la palabra de Dios, fueron hechos  los cielos... porque él dijo, y fue hecho (Sl 33;6,9).  Envió su  palabra, y los sanó (Sl 107;20). La palabra  de Dios  hace lo  que él  quiere (Is  55;11). 


Hubo  un tiempo  en que  lo judíos  hablaban arameo porque habían olvidado su  lengua hebrea.  Por  tanto, aunque en la  sinagoga se leían las Escrituras en hebreo, la lengua sagrada, el pueblo no la entendía. Era necesario traducir. Pero en lugar de hacer una traducción literal,  se hacía  una traducción  libre que  se llama "targum". Estas traducciones arameas son muy interesantes, ya que nos indican cómo se comprendía  la Escritura en tiempos de Cristo. A veces  se trataba de  pequeñas transformaciones, otras  veces se añadían explicaciones.   Ahora bien,  como, en la  simplicidad del AT, se atribuían a Dios sentimientos, acciones, reacciones y pensamientos  al  estilo de los hombres, los artífices  de  los targums sintieron que todo esto aplicado al Altísimo resultaba ser demasiado humano, y, entonces, empezaron a usar una circunlocución para expresar  el nombre de Dios,  es decir, no hablaban  de Dios, sino de  la Palabra, la  "memra" de  Dios.  Véase en  los targums: (Gn  3;8) (Gn  28;21) (Ex  19;17) (Dt  9;3) (Is  48;13), etc.


El resultado  fue que  las escrituras  judías, en  su forma  popular, targum, se llenaron de la frase:  "La palabra, la memra, de Dios"; y  la  palabra estaba siempre  haciendo,  no meramente  diciendo. Como enseguida veremos, S.Juan, conocedor de la común costumbre de usar esta perífrasis escritural entre los judíos de su tiempo para designar a Yahvé, la emplea en  sus escritos para probar la deidad de Cristo y su eternidad.


Al final del S. I dC, la Iglesia tuvo que hacer  frente a un serio problema de comunicación.   La Iglesia se originó  en el judaísmo, pero necesitaba presentar su mensaje  a un mundo griego,  que las categorías del judaísmo le eran  ajenas.  Un griego que quería ser cristiano estaba   obligado   a   aceptar a   Cristo,  el  Mesías. Naturalmente, preguntaría  que significaba   eso, y  hubiese habido que darle un cursillo de apocalíptica judía. ¿No había otra forma de introducirle directamente en los  valores de  la civilización cristiana  sin ser siempre dirigido,  podríamos  incluso  decir desviado, a   través  del judaísmo?   ¿Debía  utilizar siempre  el cristianismo un vocabulario judío?.  Alrededor  del año  100 dC., hubo un hombre en Éfeso, llamado Juan, que advirtió el problema y vio la  solución: Tanto judíos  como griegos tenían   la concepción del "logos" de  Dios, ¿no podrían aunarse las  dos ideas?. Veamos el trasfondo griego con que trabajó Juan.


Por el año 560 aC hubo  un filósofo griego, llamado Heráclito, que también vivió en  Éfeso.  Este pensador concebía el  mundo como un "flujo".  Todo está cambiando  continuamente; no hay nada estático en el mundo.   Pero, si todo cambia  sin cesar, ¿por qué  no es el mundo un completo y absoluto caos?  Su respuesta fue: "Todo sucede conforme al 'logos'".   En el mundo operan una razón y una mente; esa mente es la de Dios, es el logos de Dios; y el logos es el que hace que el universo sea un cosmos ordenado, y no un confuso caos. 


Esta idea de una mente, una razón, un logos, gobernando el mundo fascinaba a los griegos. Anaxágoras habló de la mente (nous) que "todo lo gobierna".  Platón decía que  el logos de Dios era el que mantenía los planetas en sus órbitas  y el que traía de vuelta las estaciones y  los años en  sus tiempos determinados.   Pero fueron los estoicos,  que estaban en su  apogeo cuando el NT  fue escrito quienes  amaron apasionadamente  esta concepción.   Para ellos  el logos de Dios  "vagaba -como Cleanto decía- por  todas las cosas". El curso de los tiempos, de  las estaciones, de las mareas, de las estrellas, en  fin, de todo, era  ordenado por el logos;  el logos fue el  que introdujo  la razón en  el mundo.   Posteriormente, la propia mente  del hombre  era una pequeña  porción del  logos: "La razón  no es   otra cosa  que una partícula del espíritu  divino inmersa en  el cuerpo humano", dijo  Séneca.  El logos fue  el que puso la razón en  el universo y en el hombre; y  este logos era la mente de Dios.


Esta concepción llegó a su  climax con Filón, un judío alejandrino que  fusionó el  método de  pensamiento hebreo  con los  conceptos griegos.  Para Filón  el logos de Dios estaba  "inscrito y grabado en la constitución de todas las   cosas". El logos es "el guardián por  medio del que el piloto del universo  gobierna todas  las cosas". "Los   hombres se igualan  en su capacidad de entender al logos", "El  logos es el  sumo sacerdote que pone las  almas ante Dios".  El logos es el puente entre el hombre y Dios.