viernes, 18 de abril de 2014

BIBLIA Y TRADICIÓN

          BIBLIA Y TRADICIÓN

s/TJ
"La Biblia es la Palabra de Dios, es la verdad y es más confiable que la tradición que es el conjunto de las doctrinas inventadas por la Iglesia Católica".
"No hay más regla de fe que la Biblia. No debe creerse nada si no está en la Biblia."  
“La Biblia es el medio que Dios utiliza para comunicarse con la humanidad” (2Tim 3;16-17) (2Pe 1;20-21) ( Jn 17;17) (Mt 15;3) (Col 2;8)  (¡Despertad!  de 8.10.90, pág 5)  
Análisis
La IC entiende por Tradición, no una serie de doctrinas o preceptos inventados en el transcurso de los siglos, sino parte de la Revelación a los apóstoles que nosotros conocemos únicamente por "Tradición". Juan dice   expresamente al final de su Evangelio que "Jesús hizo otras muchos milagros en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro" (Jn 20;30). Además, es evidente, que las enseñanzas que Jesús dio a los apóstoles durante los dos años que pasó con ellos, no pudieron encerrarse completamente en un centenar de páginas del NT. Otras verdades reveladas a los apóstoles han podido transmitiese en primer lugar de viva voz y luego por tradición oral y escrita a la vez. Estas tradiciones orales, que proceden de los apóstoles, pueden verificarse en ciertos escritos, por ejemplo, en Los Símbolos y en los Padres de la Iglesia. 
Así, pues, la Tradición no está en contradicción con la Biblia. Al contrario, puede completarla en ciertas verdades que nos han sido transmitidas, ayudando a comprender mejor las palabras de Nuestro Señor y de los apóstoles. ¿Dónde encontrar mejores intérpretes que en sus discípulos inmediatos, los primeros Padres de la Iglesia? De hecho una tradición en la Iglesia Católica no tiene valor, si ella no es constante y antigua. Estas dos cualidades garantizan que la verdad en cuestión procede ciertamente de los apóstoles, pues nos enseña la Iglesia Católica que el depósito de la Revelación quedó cerrado con la muerte   del último apóstol. Y la Iglesia Católica puede aclarar este depósito, pero no aumentarlo. 
Volviendo de nuevo a los TJ, lo menos que se puede concluir sobre ellos, en este tema, es que ignoran lo que la Iglesia Católica entiende por Tradición. 
Lógicamente, llegó un momento en que la predicación verbal se hizo insuficiente. Es entonces cuando se empieza a escribir. Parece que sólo seis de los trece apóstoles escribieron algo. Y aún eso sólo ocasionalmente casi siempre cartas de circunstancias, para arreglar determinados asuntos, dar encargos o avisos, etc. Nunca tratados doctrinales completos. Los mismos Evangelios, no son biografías de Jesús, sino breves esquemas catequéticos de las narraciones mucho más amplias y comentadas de la predicación apostólica (Jn 20;30) (Jn 21;25). Por eso no es de extrañar, que los apóstoles remitan a los fieles no a sus tratados sino a su predicación oral. 
Así, pues, Jesús ha revelado todo a sus apóstoles (Jn 15;15) y aún en el caso que el Evangelio lo contuviera todo -que no la contiene (Hech 20;35) (Jn20;30) (Jn21;25)- no podría ser la única norma de fe, ya que un libro puede ser mal entendido por quien lo lee. Se impone la necesidad de un maestro vivo, que resuelva dificultades, que enseñe, puesto que ninguno está autorizado para interpretar a su guste la Biblia (2Pe 1;20). Aunque la Escritura sea el libro de la Palabra de Dios, tiene el grandísimo defecto de todos los libros del mundo, Q sea, que se deja leer, pero no explica, a quien no entiende, ni corrige a quien entiende mal, como hace un maestro cuando enseña de viva voz. Dios hubiese demostrado muy poca sabiduría, si nos hubiese impuesto como única regla de fe, unos libros que contienen pasajes de difícil interpretación, escritos con aforismos de hace cientos de años y que no pueden comprenderse en nuestro tiempo sino se posee una recia formación histórica. Existe muchísima gente que no está preparada para entender las Sagradas Escrituras sino se les explica debidamente. ¿Y los analfabetos?    El 50% de la población mundial hoy en día no puede -contra su voluntad- conocer la Palabra de Dios directamente. Además, antes de inventarse la máquina impresora en 1445, muy poca gente, comprensiblemente, sabía leer. ¿Y en el siglo X antes de Cristo? ¿Y en la cautividad de Babilonia? ¿Y en el siglo V después de Cristo, cuando sólo poseían la Biblia los grandes monasterios -y aún incompleta muchas veces- y la gente no sabía leer y escribir? ¿Cómo podía haber mandado Dios que la única regla de fe, fuera unos libros escritos?
Cuando en las sinagogas se leía la Ley o los Profetas, había un celador o corrector, el cual estaba muy atento a que los lectores pronunciasen todas las palabras con suma claridad y distinción, sin dar lugar a que se omitiesen en ellas ni un solo ápice. Y esta exactitud en el pronunciar la fueron conservando de unos a otros por tradición, y fue también el principal fundamento para fijar después la lectura por medio de los puntos o vocales que se añadieron. Todo lo cual demuestra la grandísima vigilancia con que atendían a que se conservase el texto sagrado en toda su integridad. Se tiene que aceptar, por otra parte, que al menos los primeros cristianos creían en libros y en tradición, pues Cristo murió en el año 33 y el primer evangelio no se escribió hasta el año 50 aproximadamente. ¿Quién dijo y cuándo lo dijo que de creer en libros y en palabras se tenía que pasar a creer en libros solamente? 
Es doctrina de la Iglesia, aunque en rigor no definida, que la revelación quedó concluida con la "muerte del último apóstol" (Dt 32;7) (Gal 1;8) (2Tes 2;13) (2Tim 1;13) (2Tim 2;2) (2Jn 12) (Jn 17;20) (Hech 6;4) (Me 14;9) (1Tim 4;16) (Rom 10;14-17) (1Cor 11;2) (1Tes 2;13) (2Tes 2;15) (Jn 21;23) (Jd 17) (Lc 10;16) (Mt 28;19,20) (Me 16;15,16). La Tradición, pues, no puede contradecir a la Biblia porque la propia Biblia ha surgido de la tradición que ha aceptado su contenido. Pero la Tradición, además, nos ha hecho llegar otros hechos y palabras no escritas en la Biblia , que de alguna manera completan alguna de las verdades que quedaron apuntadas en las páginas sagradas. 
Por eso el Concilio Vaticano I, en la Constitución Dogmática sobre la fe católica (promulgada el 24 de abril de 1870) afirma que la revelación sobrenatural, según la fe de la Iglesia universal declarada en el Concilio tridentino, "se contiene en los libros escritos y en las tradiciones no escritas que, transmitidas como de mano en mano, han llegado hasta nosotros desde los apóstoles, quiénes las recibieron o bien de labios del mismo Cristo, o bien por inspiración del Espíritu Santo". Nítidamente, pues, aparece un dualismo de fuentes de la doctrina cristiana, dualismo que viene siendo distintivo del catolicismo frente a la multitud de confesiones protestantes que se aferran a la "sola Escritura" y rechazan la legitimidad de la "tradición". En (Jn 15;15) leemos: "Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, pero os digo amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer". El esquema "oír-dar a conocer" formalmente define la esencia de la "tradición" a que ahora nos referimos. 
Es típico el caso de S.Pablo -el que más escribió sin duda y el que más doctrina dio en sus escritos a pesar de ser cartas ocasionales- que remite constantemente a su predicación oral, o lo más, a una carta anterior en que la recuerda. Por ejemplo: S.Pablo escribe a los tesalonicenses: "Guardad firmemente las tradiciones que aprendisteis ya sea de viva voz ya sea por carta nuestra" (2Tes 2;15); y a los gálatas: "Si un ángel bajado del cielo os anuncia un Evangelio fuera del que os hemos predicado, sea anatema" (Gl 1;8-9). Y podríamos añadir muchos pasajes más: (2Tes 2;3) (1Tes 2;13) (Rm 10;10-17) (1Cor 1;17) (1Cor 11;2) (1Cor 15;1-14) (1Cor 9;16) (1Tim 1;11) (Hech 2;32) (Hech 3;15) (Hech 4;18-20) (Hech 5;32) (Hech 10;39-42) (Hech 13;31) (Hech 26;16-18). Para S.Pablo, en definitiva, el Evangelio designa siempre un Evangelio predicado, no escrito. Por otro lado, S.Pablo escribe a los gálatas hacia el año 50 ó 53 y los primeros evangelios escritos datan del 55 ó 60. De hecho, en todos los escritos cristianos del siglo I y principios del siglo II, la palabra Evangelio significa siempre la proclamación oral del mensaje de salvación. El primer ejemplo en que se designa con ella un escrito data de S.Justino, hacia el año 150. 
Pero incluso cuando se suscita una cuestión doctrinal o de forma de vivir las enseñanzas, se nos dice en (Mt 18;15-17) y (Hech 15;1 y ss) que el juez supremo no es la Biblia, sino la Iglesia (Congregación). En (Hech 20;35) S.Pablo dice que Cristo enseñó lo siguiente: "Mejor es dar que recibir". Pero este dicho no se halla en ninguno de los evangelios. Luego S.Pablo no lo pudo conocer sino por tradición oral. Y ha quedado en la Sagrada Escritura como algo inspirado por el Espíritu Santo... Ver también (Jn 20;30) en donde se dice: "Jesús obró, además, en presencia de sus discípulos otros muchos milagros que no han sido escritos en este libro" y (Jn 21;25): "Hay otras muchas cosas que hizo Jesús" Los apóstoles transmitían sus enseñanzas de viva voz (2Jn 12,13) (3Jn 14) 
Dos, pues, son las fuentes en las que podemos encontrar la Palabra de Dios: 
1) La Tradición, que se empezó con la palabra -oral- de Jesucristo y que luego sus apóstoles y sucesores fueron enseñando y matizando a lo largo de la historia.
2) La Biblia, compendio de escritos en los que se contiene fundamentalmente esa palabra, se consideran inspirados por Dios, porque nos lo han dicho los únicos que pueden decírnoslo con garantía: los apóstoles y sus sucesores.

s/TJ
Es incontestable que las antiguas Escrituras no enseñan jamás que fuera necesario creer las tradiciones de las religiones, tradiciones que luego fueron puestas por escrito y declaradas iguales o aun superiores a las Escrituras inspiradas. Por consiguiente cuando éstas disienten de aquellas, se prefiere el testimonio de las Tradiciones al de la Biblia. No es tampoco menos cierto que los textos inspirados, redactados en griego en el siglo primero de nuestra era, no enseñan creencia alguna sobre las tradiciones y preceptos morales. Estos han sido inventados por el clero que se llama a sí mismo cristiano.   ("Que Dieu soít reconnu...”, pág 15)  
Análisis
Respondiendo un poco a este punto, respecto del AT, Cristo jamás dijo que sólo había que creer los Libros Santos; al contrario, expresamente dijo: "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en las obras, porque ellos dicen y no hacen" (Mt 23;2-3) 
Y hay que tener en cuenta, además, que al principio de nuestra era, los judíos, en la sinagoga, leían las Escrituras en hebreo, la lengua sagrada; pero el pueblo que hablaba arameo no la entendía. Era necesario traducir. Pero en lugar de hacer una traducción literal, se hacía una traducción libre que se llama "targum". 
Estas traducciones arameas son muy interesantes, ya que nos indican cómo se comprendía la Escritura en tiempos de Cristo. A veces se trataba de pequeñas transformaciones, otras veces se añadían explicaciones. 
Por ejemplo, en el caso del relato del sacrificio de Isaac. Después del v.10 del capítulo 22 de Génesis, el "targum", añade: "Isaac tomó la palabra y dijo a Abrahán, su padre: "Padre mío, átame bien de forma que no pueda dar patadas para que tu ofrenda no sea invalidada...  los ojos de Abrahán estaban fijos en los ojos de Isaac y los ojos de Isaac estaban dirigidos hacia los ángeles de lo alto. Isaac los veía, pero Abrahán no los veía. En ese instante, bajó de los cielos una voz que decía: Venid mirad a dos personas únicas en mi universo; una sacrifica y otra es sacrificada; la que sacrifica no duda y la sacrificada ofrece su garganta". La atadura ("aqedah" en arameo) que pide Isaac significa su ofrenda interior: no quiere, al agitarse, correr el riesgo de herirse, porque entonces, no sería una víctima que pudiera ser ofrecida. En sus momentos de angustia, los judíos piden a Dios que se acuerde de esta “aqedah” y que, por ella, les perdone sus faltas y los salve. 
Otro ejemplo de "targum". He aquí como se comprendía en tiempos de Cristo, (Nm 24;17): 
Texto hebreo: "Un astro salido de Jacob se convierte en jefe, un cetro se levanta, salido de Israel". 
Texto del targum: "Un rey se levantará de la casa de Jacob y un salvador (o Mesías) de la casa de Israel". 
En una palabra: La traducción al arameo de las Sagradas Escrituras leídas previamente en hebreo en las sinagogas, no eran literales, un escriba desarrollaba su sentido tal como lo entendían entonces. Y esta práctica, que significaba que el pueblo llano recibía la Palabra de Dios por tradición, se extendió a lo largo de los siglos que antecedieron y en los que siguieron al comienzo de la era cristiana. Los Targumes se recitaban de memoria hasta comienzos de nuestra era en que se fijaron por escrito. Cuando Onkelos (comentarista bíblico de aceptación judeocristiana), alrededor del año 150dC, tradujo el Pentateuco al arameo, proporcionó definiciones de palabras cuyos significados se habían vuelto ya oscuros. 
También en el culto presidido por Esdrás (Neh 8;9), tras la lectura de los Libros Sagrados, unas levitas los explicaban al pueblo. Quizás sea éste uno de los primeros testimonios de esta práctica. 
En cuanto al NT, se lee claramente que Cristo instituyó un grupo de apóstoles encargados de enseñar (sólo mucho más tarde, cuando empezaron a expansionarse, algunos escribirían lo que enseñaban desde el principio) y de transmitir lo que habían aprendido de Nuestro Señor: "Id a todas las naciones...  enseñándoles a observar...” (Mt 28:19-20). El texto de S.Marcos aún es más claro: "Id al mundo entero y predicad el Evangelio. El que crea se salvará... el que no crea se condenará" (Mc 16;15-16).  Y creo que los TJ tendrían que aceptar, por demasiado evidente, que esta orden Jesucristo sólo la dio a los apóstoles. 
Jesucristo sabría escribir, como es indudable. Le hubiera sido sumamente fácil dejarnos por escrito un     compendio de sus enseñanzas si realmente hubiese pretendido que la fe en él únicamente debiera estar basada en escritos. Es más, para el pueblo de Israel era lo acostumbrado: así lo hicieron todos los profetas del A.T. Y, sin embargo, no dejó escrita ni una línea, ni consta ninguna orden en este sentido para sus apóstoles. Con relación a este tema, dicen los TJ: "Los religionistas, se defienden diciendo que Jesús no ordenó a sus discípulos escribir, y de aquí concluyen que la Biblia impresa no es necesaria. Mantener un tal opinión, es afirmar que los escritos de los Apóstoles no fueron inspirados por Dios" ("La verdad os hará libres", pág 193).  Esta doble acusación -como es obvio- es simplemente falsa. 
Cuando próximo ya el momento de subir al Padre, el mismo Jesús quizá advirtiendo que los apóstoles no han entendido en toda su profundidad su doctrina y, por otra parte, no recuerdan muchas de las cosas que les ha enseñado, no les deja un escrito: les dice: "Os he dicho estas cosas mientras permanezco entre vosotros; pero el Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése os lo enseñará todo y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho" (Jn 14;26). Y más adelante: "Muchas cosas tengo aún que deciros, mas no podéis llevarlas ahora; pero cuando viniere Aquél, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa, porque no hablará de sí mismo, sino que hablará lo que oyere y os comunicará las cosas venideras" (Jn 16;12-13) 
s/TJ
Los cristianos primitivos estaban dispuestos a morir como mártires en las arenas romanas. ¿Por qué? Porque sabían que su fe se basaba en realidades históricas, no en mitos. Era una realidad que Jesús era el Cristo a Mesías prometido en la profecía y que había sido enviado a la Tierra por Dios, habla recibido la aprobación de Dios, había muerto en un madero como Hijo de Dios que se mantuvo en integridad, y había sido resucitado de entre los muertos (1Pe 1;3-4) ("El hombre en busca de Dios...” , pág 256)  
Análisis
Creo que los TJ hacen en este comentario una explicación perfecta de lo que queremos decir los católicos cuando hablamos de Biblia y Tradición. Si creemos en la Biblia es porque hay una serie de realidades históricas (Tradición) que nos permiten creer ciegamente en ella. No creemos en la Biblia y además, paralelamente, en una serie de "tradiciones y preceptos morales" que nada tienen que ver con ella. La Tradición en la que nosotros creemos es precisamente la “histórica” (no la "mítica") que da apoyo a la Biblia. Y una vez aceptada ésta (la Biblia), cualquier definición religiosa, de moral o de costumbres, debe estar de acuerdo con ella, en el sentido que no puede estar en contra de su contenido fundamental correctamente interpretado por quien la propia historia le da autoridad para ello.