jueves, 25 de septiembre de 2014

DÉCADAS QUE SIGUIERON A LA SELECCIÓN DE LOS PRIMEROS UNGIDOS.

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Jehová les dio a los cristianos ungidos los consejos y el estímulo que necesitaban a fin de mantenerse fieles; para ello se valió de la congregación cristiana y de su Palabra. Por ejemplo, el apóstol Pablo escribió a sus hermanos ungidos de Tesalónica: "Como un padre hace con sus hijos, nosotros seguimos exhortando a cada uno de ustedes, y confortándolos y dándoles testimonio, a fin de que siguieran andando de una manera digna de Dios, que los llama a su reino y gloria" (1 Tes 2;11-12).

En las décadas que siguieron a la selección de los primeros ungidos, Jehová estimó conveniente que se hiciera un relato escrito del ministerio terrestre de Jesús. También decidió que quedara constancia de Su relación con los cristianos ungidos del siglo primero, así como de los consejos que les daba. Por eso inspiró la redacción de las Escrituras Griegas Cristianas, que se añadieron a las ya existentes Escrituras Hebreas.

Estas últimas —las Escrituras Hebreas— se escribieron en principio para el Israel natural, durante el período en que este disfrutó de una relación especial con Dios. Y las Escrituras Griegas Cristianas se escribieron principalmente para "el Israel de Dios", compuesto por los que han sido ungidos para ser hermanos de Cristo e hijos espirituales de Dios. Ahora bien, tal como los no israelitas podían beneficiarse mucho del estudio de las Escrituras Hebreas, así también los cristianos que no son ungidos obtienen beneficios incalculables al estudiar y aplicar los consejos de las Escrituras Griegas (2Tim 3;15-17).

La Biblia se refiere a esta congregación de 144.000 miembros mediante términos como “pequeño rebaño”, "los que pertenecen al Cristo", "la novia',  la esposa del cordero", "el cuerpo de Cristo", "el templo de Dios", "el Israel de Dios" y "la nueva Jerusalén" (Ap 21;9) (Ef 4;12) (1Cor 3;17) (GI 6;16) (Ap 21;2) ("Usted puede vivir para siempre...", pág 126)

Los 144.000 llegan a ser parte de la "descendencia" de Abrahan herederos con respecto a una promesa (GI 3;16) (GI 3;29) (St 2;5) ("Usted puede vivir...", pág 124)

Dado que los gobiernos humanos a los que el reino reemplazará se hallan tan saturados de corrupción, ¿no es obvio que Dios debe seleccionar y examinar con cuidado a las personas que compondrán ese gobierno celestial? (“iDespertad!” de 8.1.95, pág 27)

En vista de la gran responsabilidad que pesa sobre los hombros de estos gobernantes celestiales, no sorprende que deban satisfacer requisitos estrictos, además de la bondad. Los que van al cielo deben tener un conocimiento exacto de Jehová y deben obedecerlo (Jn 17;3) (Rm 6;17,18) Han de tener fe en el sacrificio de rescate de Jesucristo (Jn 3;16). Y no sólo eso. Tienen que ser llamados y escogidos por Dios mediante su Hijo (2Tim 1;9-10) (1Pe 2;9). Además, deben ser cristianos bautizados que "hayan nacido de nuevo" engendrados por el espíritu santo de Dios (Jn 1;12-13) (Jn 3;3-6). También deben ser íntegros a Dios hasta la muerte (Lc 22;29) (2Tim 2;11-13) (Ap 2;10).

La mayor parte de los millones de personas que han vivido en los siglos que han pasado después de Jesucristo, no han satisfecho estos requisitos. Muchas no contaron con la oportunidad de aprender acerca del Dios verdadero. Otras nunca leyeron la Biblia y supieron poco o no supieron nada acerca de Jesucristo. Incluso de los cristianos verdaderos que hay actualmente en la Tierra, pocos han sido escogidos por Dios para la vida celestial ("La Atalaya" de 15.11.94, pág 4-5) ("La Atalaya" de 15.5.95, pág 6).

Así, a lo largo de los siglos, los verdaderos ungidos crecieron como "trigo" entre "mala hierba", o falsos cristianos (Mt 13:24-30, 36-43).


A partir de los años setenta del siglo XIX, "el trigo" comenzó a distinguirse cada vez más de entre la "mala hierba", y tiempo después se dio esta instrucción a los superintendentes cristianos ungidos: "Los ancianos [...] deben poner las siguientes condiciones a quienes se congregan [para la Conmemoración]: 1) fe en la sangre [de Cristo], y 2) consagración al Señor y a su servicio, aun hasta la muerte. Entonces deben invitar a cuantos estén así de dispuestos y consagrados a tomar parte en la celebración de la muerte del Señor"

En el presente, saber que tienes la unción del espíritu, puede determinarse sobre la base de palabras inspiradas como estas: "Todos los que son conducidos por el espíritu de Dios, estos son los hijos de Dios. Porque ustedes no recibieron un espíritu de esclavitud que ocasione temor de nuevo, sino que recibieron un espíritu de adopción como hijos, espíritu por el cual clamamos: "iAbba,Padre!" (Rom 8:14, 15). (Studies in the Scriptures [Estudios de las Escrituras], tomo VI, The New Creation [La nueva creación], pág. 473)