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Jehová les dio a
los cristianos ungidos los consejos y el estímulo que necesitaban a fin de mantenerse
fieles; para ello se valió de la congregación cristiana y de su Palabra. Por
ejemplo, el apóstol Pablo
escribió a sus hermanos ungidos de Tesalónica: "Como un
padre hace con sus hijos, nosotros seguimos
exhortando a cada uno de ustedes, y confortándolos y dándoles testimonio, a fin de que siguieran andando de una
manera digna de Dios, que los llama a su reino y gloria" (1 Tes 2;11-12).
En las décadas
que siguieron a la selección de los primeros ungidos, Jehová estimó conveniente
que se hiciera un relato escrito del ministerio terrestre de Jesús. También
decidió que quedara constancia de Su relación con los cristianos ungidos del siglo primero, así
como de los consejos que les daba. Por eso inspiró la redacción de las Escrituras Griegas
Cristianas, que se añadieron a las ya existentes Escrituras Hebreas.
Estas últimas
—las Escrituras Hebreas— se escribieron en principio para el Israel natural,
durante el período en que este disfrutó de una relación especial con Dios. Y las
Escrituras Griegas Cristianas se escribieron principalmente para "el Israel de
Dios", compuesto por los que han sido ungidos para ser hermanos de
Cristo e hijos espirituales de Dios. Ahora bien, tal como los no israelitas
podían beneficiarse mucho del estudio de las Escrituras Hebreas, así también
los cristianos que no son ungidos obtienen beneficios incalculables al estudiar
y aplicar los consejos de las Escrituras Griegas (2Tim
3;15-17).
La Biblia se refiere a esta congregación de 144.000 miembros mediante términos como “pequeño rebaño”, "los que pertenecen al
Cristo", "la novia', la esposa del cordero", "el cuerpo
de Cristo", "el templo de Dios", "el Israel de Dios" y
"la nueva Jerusalén" (Ap 21;9) (Ef 4;12) (1Cor 3;17) (GI 6;16) (Ap
21;2) ("Usted puede vivir para siempre...", pág 126)
Los 144.000 llegan a ser parte de la
"descendencia" de Abrahan herederos con respecto a una promesa (GI 3;16) (GI 3;29) (St 2;5) ("Usted puede
vivir...", pág 124)
Dado que los gobiernos humanos a los que
el reino reemplazará se hallan tan saturados de corrupción, ¿no es obvio que Dios debe seleccionar y examinar con
cuidado a las personas que compondrán ese
gobierno celestial? (“iDespertad!” de 8.1.95, pág 27)
En vista de la gran responsabilidad que
pesa sobre los hombros de estos gobernantes celestiales, no sorprende que deban satisfacer requisitos
estrictos, además de la bondad. Los que van al cielo deben tener un conocimiento exacto de
Jehová y deben obedecerlo (Jn 17;3) (Rm 6;17,18) Han de tener fe en el sacrificio de rescate
de Jesucristo (Jn 3;16). Y no sólo eso. Tienen que ser llamados y escogidos por Dios mediante
su Hijo (2Tim 1;9-10) (1Pe 2;9). Además, deben ser
cristianos bautizados que "hayan nacido de nuevo" engendrados por el
espíritu santo de Dios (Jn 1;12-13) (Jn 3;3-6). También deben ser íntegros a
Dios hasta la muerte (Lc 22;29) (2Tim 2;11-13) (Ap 2;10).
La mayor parte de los millones de
personas que han vivido en los siglos que han pasado después de Jesucristo, no han
satisfecho estos requisitos. Muchas no contaron con la oportunidad de aprender
acerca del Dios verdadero. Otras
nunca leyeron la Biblia y supieron poco o no supieron nada acerca de Jesucristo. Incluso de los cristianos
verdaderos que hay actualmente en la Tierra, pocos han sido escogidos por Dios para la vida
celestial ("La Atalaya" de 15.11.94, pág 4-5) ("La Atalaya" de 15.5.95, pág 6).
Así, a lo
largo de los siglos, los verdaderos ungidos crecieron como "trigo" entre "mala hierba", o
falsos cristianos (Mt 13:24-30,
36-43).
A partir de
los años setenta del siglo XIX, "el trigo" comenzó a distinguirse cada vez más de entre la "mala
hierba", y tiempo después se
dio esta instrucción a los superintendentes
cristianos ungidos: "Los ancianos [...] deben poner las siguientes
condiciones a quienes se
congregan [para la Conmemoración]: 1) fe en la sangre [de Cristo], y 2) consagración al Señor y a su
servicio, aun hasta la muerte. Entonces deben invitar a cuantos estén así de dispuestos y consagrados
a tomar parte en la celebración de la muerte del Señor"