s/ TJ:
Entre estos
144.000 gobernantes, se encuentran los apóstoles y otros cristianos primitivos
(2Tim 4;8) (Mt 19;27,28) (1Cor 1;1-2) (1Cor 6;2) (Jn 14;1-3) ("Usted puede vivir...'; pág 123).
En efecto, en la última noche que Jesús
pasó con sus 11 apóstoles fieles él mostró que ellos serían gobernantes con él en el reino de Dios.
Juan, un testigo ocular, revela que
Jesús despidió al traidor Judas antes de instituir la
Conmemoración (Jn 13;21-30). El registro de Marcos
también da a entender el mismo orden de acontecimientos (Mc
14;12-25). En la Cena del Señor que siguió, Jesús pasó el pan
y el vino a los once apóstoles restantes, y les dijo que comieran y bebieran (Lc 22;19, 20). Más tarde, les
recordó que ellos eran los que "con constancia
han continuado conmigo en mis pruebas; y yo hago un pacto con ustedes, así como mi
Padre ha hecho un pacto
conmigo, para un reino, para que coman y beban en mi mesa en mi reino, y se sienten sobre
tronos para juzgar a las doce tribus de Israel" (Lc 22;28-30).
Jesús indicó que derramaría su sangre
"para perdón de pecados". Gracias a ella, algunos seres humanos son considerados
puros a los ojos de Jehová y entran en el nuevo pacto con él (Hb 9; 14) (Hb 10;16,17). Este pacto, o contrato, hace posible
que 144.000 cristianos fieles vayan al cielo. Allí
serán reyes y sacerdotes para beneficio de toda la humanidad (Gn
22;18)(Jr 31;31-33) (1Pe 2;9) (Ap 5;9,10) (Ap
14;1-3).
¿Quiénes, pues, tienen derecho a
comer el pan y beber el vino que se usan como emblemas en la Conmemoración? De
acuerdo con lo que hemos visto, solo deben hacerlo quienes forman parte del nuevo pacto, es decir, quienes
tienen la esperanza de ir al cielo. El espíritu santo de Dios les da la
convicción de que han sido elegidos para ser reyes en el cielo (Rom 8;16).
Estas personas también forman parte del pacto para el Reino con Jesús
(Lc 22;29). Los testigos de
Jehová celebran la Cena del Señor una vez al año, después de la puesta del sol
con la que comienza el día 14 de Nisan (“Enseña”,
pág 206-208)
El apóstol Pablo explica que los
participantes del nuevo pacto obtienen acceso al "camino de entrada al lugar santo" (Heb 10:15-20). Van a "recibir un reino que no puede ser sacudido" (Heb 12;28) (Lc 22;29).
Dado que la "copa" representa el nuevo pacto, solo
deben beberla los cristianos que tendrán el privilegio de ser reyes y sacerdotes
con Cristo en el cielo. De ellos también se
dice que están comprometidos como novia del Cordero (2 Cor 11;2; Ap 21;2, 9) (Gál 6;16) (Lc 12;32) (Ap 1;5, 6)
(Ap 5;9, 10).
Así, pues, además de los apóstoles,
presentes en aquella cena, otros llegarían a formar parte de los 144.000 que serán denominados:
"Israel espiritual de Dios" o "rebaño pequeño".
Pero entre estos 144.000, no se
encuentran David, Job, Juan el Bautista, etc, (Hech 2;29-34) (Job 14;13-15) (Jn 3;13) (Mt 11;11) ("Usted puede
vivir...", pág 121) Por ejemplo, (Hech 2;29-34) nos explica que David ni subió ni subirá al cielo.
Poco después de la resurrección de Jesús, el
apóstol Pedro dijo a una muchedumbre de judíos: "El cabeza de familia David...
falleció y también fue sepultado y su tumba
está entre nosotros hasta este día... De hecho David no ascendió al cielo". Así que David, quien fue un hombre bueno, no fue al
cielo... De hecho todos los hombres y mujeres fieles que murieron antes de la
muerte de Jesús tenían la esperanza de vivir de nuevo en la Tierra, no en el
cielo. Serán resucitados para que estén entre los súbditos terrestres del reino
de Dios. (SI 72;7-8) (Hech 17;31) ("Usted
puede vivir..." , pág 123).
Estos cristianos saben, con total certeza,
que tienen el llamamiento celestial. Pero ¿qué pasa si alguien que no lo tiene
ha participado de los emblemas de la Conmemoración? Ahora que comprende que nunca poseyó la
esperanza celestial, su conciencia sin duda lo moverá a no seguir haciéndolo. Dios no
aprobaría a nadie que se hiciera pasar por una persona llamada para
ser rey y sacerdote celestial a sabiendas de que no lo es (Rom 9;16) (Ap 20;6). Jehová ejecutó al levita Coré por su
presunción al ambicionar el sacerdocio aarónico (Éx 28;1) (Núm 16;4-11, 31-35). Si un cristiano se
da cuenta de que ha participado
impropiamente de los emblemas de la Conmemoración, debe dejar de hacerlo y pedir con humildad a Jehová que lo
perdone (Salmo 19;13) ("La
Atalaya" de 15/6/2009)
Además los
hombres, y no los ángeles, han experimentado los problemas que tendrán los súbditos
de la Tierra y por eso podrán desplegar comprensión hacia ellos (Ap 12;10,11)
(Ap 20;4) (1Cor 6;9-11) (Heb 2;17,18) ("Usted puede vivir para
siempre...", pág 125).
Jehová ha sido
muy amoroso al decidir que Jesús y los 144.000 gobiernen a la humanidad. Para empezar, Jesús
fue hombre y por eso conoce los sufrimientos del ser humano. Pablo dijo que no es alguien
que "no pueda condolerse de nuestras debilidades, sino [alguien] que ha
sido probado en todo sentido igual que nosotros, pero sin pecado" (Heb 4;15,
5;8). Los que gobernarán con él también han aguantado los sufrimientos propios de los
seres humanos. Además, han luchado contra la imperfección y han padecido todo
tipo de enfermedades. Sin duda entenderán los problemas que afronta la
humanidad. (¿Qué enseña realmente la Biblia?, pág 76 y ss). También Jehová escoge gobernantes de la
humanidad porque aquí en la Tierra fue dónde se levantó el desafío al
derecho de Jehová a gobernar (Ef 1;9-12).
Análisis:
La
Organización de los Testigos de Jehová enseña que no todos los miembros de su
grupo pueden participar en la cena del Señor. Sólo los 144.000 miembros
llamados la “clase de ungidos” tienen el derecho de hacerlo y ellos son los
únicos que irán al cielo. De hecho, la “clase de
ungidos” dentro de los Testigos de Jehová son sólo los 144.000 que serán “nacidos de nuevo.”
Los
Testigos de Jehová celebran la cena del Señor sólo una vez al año. En el servicio anual de la cena, la congregación se reúne en sus
diferentes salones. Esto se hace manteniendo la fecha del calendario Hebreo del
14 de Nissan. Durante este servicio, la copa es pasada de Testigo de Jehová a
Testigo de Jehová pero sólo entre aquellos pocos que pertenecen a la clase de
ungidos de los 144.000.
Jesús
dijo a la muchedumbre de los judíos: "De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del
Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré el día
postrero”. (Jn 6;53-54)
De
acuerdo a la teología de los TJ, sólo algunos TJ serán levantados a “vida inmortal” (Se les
otorgará inmortalidad) y otros a “vida
eterna.” La “vida inmortal” es para los 144.000 que estarán con el
Señor en el cielo. Ellos no tienen cuerpos resucitados, sino “cuerpos espirituales”.
La “vida eterna” es para aquellos que recibirán el Paraíso terrenal los cuales
tendrán un cuerpo resucitado que deberá ser sostenido con comida, deberán
dormir, etc.
Los
TJ están de acuerdo en que la vida de la que Jesús estaba hablando en la Cena
del Señor era “vida eterna”.
A pesar de ello, los TJ enseñan que la participación en la cena del Señor es
instituida sólo para los 144.000 ungidos, no para el resto de los Testigos.
Cuando
profundizamos en esta doctrina, vemos que Jesús compró a la iglesia con Su
sangre (Hch 20:28), y Su sangre es la sangre del pacto para la iglesia (1 Cor
11:25). La participación, pues, es para todos los Cristianos, no sólo para el
grupo de los 144.000 ungidos.
El
apóstol Pablo dijo que el pan es compartir el cuerpo de Cristo y que existe un
solo cuerpo de Cristo: la iglesia, de la cual somos parte. Dentro de la Iglesia
Cristiana, no hay limitaciones acerca de quién toma la cena del Señor: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es
la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del
cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser
muchos, somos un cuerpo, pues todos
participamos de este único pan. Mirad a Israel
según la carne; los que comen de los sacrificios, ¿no son partícipes del
altar?” (1 Cor 10:16-18).
No
existe ninguna mención para limitar la comunión a nadie; excepto, que uno mismo
se debe examinar y discernir correctamente que los elementos son el sacrificio
de Cristo, no una simple comida para satisfacer el hambre. “Por tanto,
pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la
copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del
Señor, juicio come y bebe para sí.” (1
Co 11:28-29).
La
Cena del Señor está establecida para el cuerpo de creyentes con el Dios
verdadero y viviente que han sido redimidos por el Señor Jesucristo. La Cena
del Señor no es para aquellos que se encuentran alejados de Su cuerpo. Y como
la gran mayoría de los Testigos de Jehová no toman comunión, este es un
testimonio contra ellos mismos.
Los Testigos de Jehová enseñan que sólo 144.000 Testigos de Jehová
pertenecen a la clase de los “ungidos”, que es la clase que gobernará con
Cristo, y que es la iglesia de Cristo propiamente dicho. Sólo ellos son los
hermanos de Cristo y los verdaderos hijos de Dios. Los únicos que pueden
participar del “memorial”, comiendo del pan, y tomando del vino. Los demás son
una especie de súbditos de los “ungidos”, herederos de la tierra (no del
cielo), y privados del Espíritu Santo de Dios.
s/TJ:
"¿Da a entender (Mt 28;17) que
algunos de los apóstoles seguían dudando mucho tiempo después de que se les apareciera
Jesús resucitado? No. No tenemos por qué llegar a esa conclusión al leer (Mt
28;16-17), que dice: "Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña
donde Jesús les había ordenado, y cuando lo vieron, le rindieron
homenaje; pero algunos dudaron"
No es razonable pensar -dice C.T.Russell-
que entre los que dudaron estuviera alguno de los once apóstoles, pues ellos
estaban totalmente satisfechos, convencidos completamente, y así lo habían
expresado con anterioridad. Los que dudaron debieron ser, a nuestro
parecer,algunos de los 'quinientos hermanos' presentes en esa reunión
(1Cor15;6), que no habían tenido ninguna relación con él desde su resurrección
y que, podemos suponer razonablemente, eran mucho más débiles en la fe que los
apóstoles y amigos especiales con quienes ya había tenido comunión. ("La
Atalaya" de 1.12.92, pág 30)
Análisis:
(Mt 28;16) dice claramente y
explícitamente, que "los once discípulos (o sea, apóstoles) se
fueron a Galilea" y en los versículos que siguen, en ninguna
parte puede sobreentenderse que además de los once están presentes otras
personas. Nada nos indica que la aparición de Jesús a más de quinientos
hermanos, a la que se alude en (1Cor 15;6), coincida con la aparición que se
relata en (Mt 28;16-20)
Lo que se impone en este contexto es que
los mismos que ven al Señor resucitado en esta montaña de Galilea, esos mismos
"dudaron" o "vacilaron". Es el sentido más lógico del
texto. Y el cual puede explicarse manteniendo este sentido de "duda".
Naturalmente, la duda no podía ser ya en
los apóstoles duda de la resurrección de Cristo. De esto ya estaban
convencidos. Pero la duda podía afectarles en el sentido de no saber, en un
primer momento, aunque tenían la promesa y sabían que verían al Señor en
Galilea, si aquella persona que veían, era el Señor o no. Esto mismo les
sucedió en vida y también varias veces después de resucitado. Así (Mt 14;26-28)
y paralelos; (Jn 20;15) (Lc 24;15) (Jn 21;4-7). Algo análogo es la
"duda" o "vacilación" que debió de afectar a alguno de los
apóstoles.
Espero sus comentarios que puede enviar a: Análisis Testigos (potablava@hotmail.com)