domingo, 24 de agosto de 2014

¿Qué enseña realmente la Biblia? CAPÍTULO 15 LA ADORACIÓN QUE DIOS APRUEBA

¿Qué enseña realmente la Biblia? CAPÍTULO 15 LA ADORACIÓN QUE DIOS APRUEBA
s/TJ:
¿Qué beneficios tendremos si adoramos a Dios como él quiere? JEHOVÁ DIOS nos tiene mucho cariño. Por eso, pensando en nuestro bien, se ofrece a guiarnos. Si lo adoramos como él quiere, seremos felices y nos libraremos de muchos problemas en la vida. Además, tendremos su bendición y su ayuda (Isaías 48:17). Sin embargo, hay centenares de religiones. Aunque todas dicen que enseñan la verdad acerca de Dios, no están de acuerdo sobre quién es él ni sobre qué espera de nosotros.

Análisis:

Lógicamente, incluida entre ellas la religión de los Testigos de Jehová que debería revisar su doctrina, ya que de entre estos centenares de religiones que según sus palabras  no están de acuerdo sobre quién es Dios, es precisamente esta religión, entre las denominadas cristianas, una de la que más en desacuerdo está con las demás, ya que su verdad sobre Dios difiere enormemente sobre prácticamente todas las demás religiones que prácticamente coinciden en este punto.

s/TJ:
¿Cómo puede usted saber de qué manera se debe adorar a Jehová, y qué comparación podríamos poner?
¿Cómo puede usted saber de qué manera se debe adorar a Jehová? No hace falta que estudie y compare las creencias de todas las religiones. Solo tiene que aprender lo que realmente enseña la Biblia sobre la adoración verdadera. Pongamos una comparación. Como usted sabe, el dinero falso es un grave problema en muchos países. Pues bien, imagínese que recibe el encargo de separar los billetes falsos de los auténticos. ¿Cómo distinguirá unos de otros? ¿Aprendiéndose de memoria cada falsificación? En realidad, ¿no sería mucho más práctico estudiar cómo son los billetes auténticos? Cuando los conozca bien, podrá distinguir los falsos. Del mismo modo, es fácil reconocer las religiones falsas cuando aprendemos cómo debe ser la verdadera.

Análisis:

¡Vaya comparación! ¿Y cómo conoceré la autenticidad de los billetes? Porque no me puedo fiar del primero que me diga que es el representante oficial del Gobierno y que su explicación es la correcta. Y si los escucho a todos, cada uno de ellos me dirá que sus billetes son los auténticos… Será un verdadero dilema. Trasladado el ejemplo a lo que realmente nos interesa, conocer cuál es la verdadera religión, los Testigos de Jehová me dicen: “Solo tiene que aprender lo que realmente enseña la Biblia sobre la adoración verdadera” y me sueltan su versión del Nuevo Mundo que me la puedo creer o no, pero que es manifiestamente diferente a la Biblia que me podría presentar cualquier otra religión cristiana. ¿Estudiando qué Biblia llegaré a conocer la verdadera religión? ¿De quién me he de fiar? Más adelante en este mismo capítulo, los TJ me lo explicarán.

s/TJ:
Según explicó Jesús, ¿qué debemos hacer para que Dios nos apruebe?
Es importante que adoremos a Jehová como él quiere. Muchas personas creen que todas las religiones complacen a Dios, pero eso no es lo que enseña la Biblia. Tampoco basta con afirmar que uno es cristiano, pues Jesús dijo: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Por lo tanto, Dios únicamente nos aprobará si aprendemos lo que él nos pide y lo ponemos por obra. A los que no hacen la voluntad de Dios, Jesús los llamó “obradores del desafuero”, es decir, practicantes de la maldad (Mt 7;21-23). La religión falsa es como el dinero falso: no tiene ningún valor. Y, lo que es peor, causa mucho daño.
Análisis:
Jesús nos dice que para entrar en el Reino de los cielos es preciso  hacer la voluntad del Padre. De acuerdo totalmente. Por lo tanto, intentemos saber cuál es esta voluntad y cumplámosla. Pero no consideremos de entrada que cualquiera que no sigue mi misma religión ya puede ser acusado de “obrador de iniquidad”. Yo no soy juez de nadie ni nadie lo es de mí. Solo Jesús, a su momento, pronunciará su veredicto sobre el comportamiento de cada uno.
s/TJ:
¿Qué representan los dos caminos que mencionó Jesús, y adónde lleva cada uno de ellos?
Jehová ofrece a todas las personas la oportunidad de tener vida eterna. Sin embargo, para que podamos vivir para siempre en el Paraíso, tenemos que adorarlo y comportarnos como él quiere. Por desgracia, muchos se niegan a hacerlo, y por eso Jesús dijo: “Entren por la puerta angosta; porque ancho y espacioso es el camino que conduce a la destrucción, y muchos son los que entran por él; mientras que angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13, 14). Como vemos, la religión verdadera conduce a la vida, y la falsa a la destrucción. Ahora bien, Jehová no desea que ningún ser humano sea destruido, y por eso da a gente de todo el mundo la oportunidad de conocerlo (2 Pedro 3:9). En realidad, nuestra forma de adorar a Dios puede llevarnos a la vida o llevarnos a la muerte.
Análisis:

Los TJ siguen con su doctrina que solo se preocupa de los hechos externos que hace el hombre. De una manera inflexible nos dicen: “tenemos que adorarlo y comportarnos como él quiere”. Pero en ningún momento se preocupan de su interior, del porqué de una decisión, de las razones que lo empujan a obrar de una determinada manera, de las distintas culturas, etc… Claro que los TJ tienen una solución fácil para todos estos planteamientos. Los TJ dicen: el que es justo entrará en la vida eterna, el impío será destruido y el que ha obrado mal sin tener conciencia de ello (seguramente la mayoría) tendrá una nueva oportunidad en el Nuevo Mundo. Pero fijémonos que Jesús, en la cita que nos proporcionan los propios TJ, (Mt 7;13,14) nos habla de dos caminos: el angosto que conduce a la Vida y el ancho que conduce a la destrucción. En cambio, los TJ nos indican que hay tres caminos: El que conduce a la Vida, el que conduce a la destrucción y el que conduce a gozar de una nueva oportunidad en el Nuevo Mundo que se han construido los TJ. Pero esto no es así. Para juzgar el comportamiento de una persona, Jesucristo no va a necesitar nuevas pruebas. Recordemos el pasaje evangélico que nos indica que el hombre solo muere una vez y después de esto el juicio. Jesucristo, que además de ver nuestras obras, lee en nuestro interior, sabrá cuál ha sido la actitud de nuestro corazón y tendrá suficiente información para premiar o castigar. Y en todos los casos, echando mano de su infinita justicia y de su inconmensurable misericordia, sabrá retribuir según hayna sido nuestros merecimientos.

s/TJ:

¿Cómo podemos saber quiénes practican la religión verdadera? ¿Cómo podemos encontrar “el camino que conduce a  la vida”? Jesús indicó que sería fácil distinguir a quienes practican la religión verdadera si nos fijamos en la vida que llevan. Dijo lo siguiente: “Por sus frutos los reconocerán”, pues “todo árbol bueno produce fruto excelente” (Mateo 7:16, 17). En otras palabras, los que practican la religión verdadera se destacan tanto por sus creencias como por sus obras. Aunque son imperfectos y cometen errores, en conjunto procuran hacer la voluntad de Dios. Veamos seis características que nos permitirán reconocerlos.
Primera característica: Los siervos de Dios basan sus enseñanzas en la Biblia. La propia Palabra de Dios dice: “Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia, para que el hombre [o mujer] de Dios sea enteramente competente y esté completamente equipado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17). El apóstol Pablo escribió a sus hermanos cristianos: “Cuando ustedes recibieron la palabra de Dios, que oyeron de parte de nosotros, la aceptaron, no como palabra de hombres, sino, como lo que verdaderamente es, como palabra de Dios” (1 Tesalonicenses 2:13). Por lo tanto, las enseñanzas y prácticas de la religión verdadera no se basan en creencias ni tradiciones de hombres. Más bien, tienen su origen en la Biblia, la Palabra inspirada de Dios.  Jesucristo dio el ejemplo, pues él también basó sus enseñanzas en la Palabra de Dios. En una oración a su Padre celestial dijo: “Tu palabra es la verdad” (Juan 17:17). Jesús creía en la Palabra de Dios, y todo lo que enseñaba estaba de acuerdo con las Escrituras. A menudo decía: “Está escrito”, y a continuación citaba un texto bíblico (Mateo 4:4,7, 10). Del mismo modo, los siervos de Dios de la actualidad no enseñan sus propias ideas. Más bien, creen que la Biblia es la Palabra de Dios y se basan firmemente en lo que esta dice.
Análisis:
¿Qué Biblia?. Los TJ han confeccionado su propia Biblia, la conocida como “Versión del Nuevo Mundo” y sus revistas y estudios nos remiten, por lo regular, a sus páginas. Una revisión concienzuda de esta traducción de la Biblia, nos lleva a las siguientes conclusiones:
No es de ninguna confianza ya que contiene  multitud de “errores” pues  está realizada de un modo subjetivo de acuerdo con una determinada interpretación que prevalece sobre las palabras y expresiones originales de los Libros Sagrados.
Esta traducción, no sólo no es de confianza sino que es perversamente mala ya que a pesar de que en su prólogo se dice que “se hace el esfuerzo de traducir el texto griego del modo más literal posible” no se sigue esta pauta – como es fácil constatar- en los versículos más decisivos. Además se indica en el mismo prólogo, que “cuando se introducen palabras consistentes con el contexto para hacer la traducción clara y comprensible, se encierran las palabras insertadas entre corchetes”, cosa que tampoco se cumple en la mayoría de casos.
Los Testigos de Jehová que la difunden tampoco pueden ser de confianza porque conocen estos “errores” de traducción y no los enmiendan, todo lo contrario, presentan esta “traducción” al castellano como la mejor realizada hasta el momento y a sus traductores, de padres desconocidos, como personas que poseen el conocimiento de la única religión verdadera y que no pueden en ningún caso equivocarse.

Los Testigos de Jehová nos dicen que ellos “no interpretan la Biblia, puesto que ella se interpreta sola” (Carta personal de uno de sus intendentes de 8/8/1964). Lógico y correcto  razonamiento desde su punto de vista porque la Biblia que presentan, la “Versión del Nuevo Mundo”, ya está previamente interpretada…  sólo hay que leerla.

s/TJ:

Segunda característica: Las personas que practican la religión verdadera adoran únicamente a Jehová y dan a conocer su nombre. Jesús enseñó: “Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado” (Mateo 4:10). Así que los siervos de Dios adoran a Jehová, y a nadie más. De hecho, dar a conocer el nombre y las cualidades del Dios verdadero forma parte de su adoración. Salmo 83:18 dice así: “Tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo sobre toda la tierra”. Jesús es el modelo que siguen al ayudar a la gente a conocer a Dios. Él mismo dirigió a su Padre estas palabras: “He puesto tu nombre de manifiesto a los hombres que me diste del mundo” (Juan 17:6). Hoy, de igual forma, los verdaderos siervos de Dios enseñan al prójimo el nombre, los propósitos y las cualidades de Jehová.
Análisis:

Digamos, en primer lugar, que para los TJ el nombre de Dios es Jehová a pesar de que saben de sobra que este nombre es un nombre falso como veremos más adelante. Jesucristo, como es natural,  no emplea el nombre de Jehová en ningún momento de su ministerio porque así lo atestiguan los Evangelios y a pesar de que los TJ nos digan: Jesús dio a conocer el nombre de Dios empleándolo en su ministerio” (La Atalaya 1/3/2019, pag 3-9).

¿Pero cómo prefiere Dios que se le llame? Los propios textos de los Evangelios nos lo dicen: “Cuando oréis, decid: Padre..." (Lc 11;2);  "Vuestro Padre sabe muy  bien lo  que necesitáis... Así pues,  orad de  esta manera: Padre nuestro...  " (Mt 6;8-9). ¿Es  que cuando un hijo se dirige a su padre es  más adecuado que le llama Ramón o  Juan o Pedro, en vez de ¡Padre!? ¿Es que un hijo  por el hecho de llamar ¡Padre! a su padre natural no se siente cerca de él?  ¿Acaso un niño, aunque sepa  cómo se  llama  su padre  o su  madre,  cuando se  encuentra delante de  cualquier peligro  no le sale  de su  corazón: ¡mamá!, ¡papá!?

El apóstol Pablo  dice que los cristianos al tener  el espíritu de Dios claman: "Abba Padre" (Rm 8;15) (Gl 4;6).   El propio Jesús unas horas antes de  ser ajusticiado, estaba  en el  huerto  de  Getsemaní y  oró  clamando  a su  Padre diciendo: "Abba Padre, todas las  cosas te son posible; remueve de mí esta copa" (Mc 14;36). Y bien, ¿qué  significa la  palabra "abba"? Lo  más entrañable y cariñoso de  un  hijo  hacia  su progenitor.  Proviene del arameo y  encierra el sentido de "papá"; algo muy apropiado para dirigirse a Dios.

Pero es que para rematar el tema podríamos preguntarnos ¿Qué pronunciación consideran los TJ como más correcta del Tetragrámaton YHWH? ¿Yahweh o Jehová?  En la página 25 del prefacio de la Traducción del  Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas en  inglés, publicada por  la Sociedad Watch Tower Bible and Tract  en  1950, los  traductores  declararon que   se inclinaban a "considerar la pronunciación 'Yahweh' como  la manera más correcta".  ("La Atalaya" de 1.12.64, pág 711).  Por otra parte, para rematar el tema, los TJ reconocen que “Toda persona desea no solamente que su nombre sea tratado con el debido respeto, sino también, que se pronuncie correctamente” (“Santificado sea tu nombre”, pág 15). Seguro que Dios (Yahweh) opina también lo mismo.

Así, pues, los TJ dan a conocer una pronunciación del  nombre de Dios que saben sobradamente que es falso y además se empeñan en que Jesucristo lo utilizaba en su ministerio cuando éste el único nombre que empleo fue el de “Padre”. Los Evangelios son el único testimonio de ello y es fácil comprobarlo… pero de una Biblia correctamente traducida….

s/TJ:

Tercera característica: Los siervos de Dios se aman de verdad, sin egoísmo. Jesús dijo: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí” (Juan 13:35). Los primeros cristianos se querían de esa manera. El amor de los siervos de Dios vence barreras raciales, sociales y nacionales, y los une inseparablemente en una verdadera hermandad (Colosenses 3:14). Los miembros de las religiones falsas no se tienen ese amor. Si lo tuvieran, no se matarían unos a otros por ser de distinta nación o raza. Los verdaderos cristianos no toman las armas para quitarles la vida a sus hermanos en la fe ni a ninguna otra persona. La Biblia enseña: “Los hijos de Dios y los hijos del Diablo se hacen evidentes por este hecho: Todo el que no se ocupa en la justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano [...;] debemos tener amor unos para con otros; no como Caín, que se originó del inicuo [es decir, Satanás] y degolló a su hermano” (1 Juan 3:10-12; 4:20, 21).

Claro está, ese amor sincero impide matar al prójimo,  pero implica mucho más. Los cristianos verdaderos emplean generosamente su tiempo, energías y posesiones para ayudarse y animarse unos a otros (Hebreos 10:24, 25). Se apoyan en los momentos difíciles y son honrados con los demás. De hecho, obedecen el consejo bíblico de hacer “lo que es bueno para con todos” (Gálatas 6:10).
Análisis:

Qué dice el Antiguo Testamento sobre la guerra.

Algunos alegan que el quinto mandamiento -"No matarás"- es una prueba de que cualquier guerra es contra la voluntad de Dios. Pero, el mismo Dios que en (Ex 20;13) dijo "no matarás" — que en realidad significa "No cometerás asesinato,"- es el que en el capítulo (Ex 21;12) dice "El que hiere a alguno haciéndole morir, él morirá." Y siglos antes, Él había dicho "quienquiera que derrame sangre de hombre; por el hombre su sangre será derramada" (Gen 9;6).

Dios mandó que el asesinato malicioso fuese castigado con la pena de muerte del asesino. De modo que el juez que sentencia a un criminal a muerte no es culpable de crimen, de la misma manera que si lo sentencia a pagar una multa no es culpable de robo. De otra manera no sería posible mantener la justicia pública. Y el policía o el soldado que defiende su patria como el juez que protege a la sociedad, no actúan con motivos maliciosos para vengar una ofensa personal, sino para mantener la seguridad pública. Ellos realizan su trabajo, no como una obligación personal sino como oficiales del estado. Y en Escritura, la guerra entre las naciones cae dentro de la misma categoría que la pena de muerte para los criminales.

No hay nada en el Antiguo Testamento que sugiera que es inconsistente ser soldado y a la vez seguidor de Dios. Hay cerca de 35 o más referencias en el Antiguo Testamento donde Dios mandó usar la fuerza armada para que se realizaran sus propósitos. Las Escrituras muestran a Dios como un Dios de paz igual que lo muestra como un Dios de guerra. Y decir, como algunos pacifistas dicen, que la guerra desafía la justicia de Dios, es no sólo pretencioso sino equivalente a decir que Dios mismo es injusto. La Biblia, el mismo libro que los cristianos decimos aceptar como la única regla infalible de fe y práctica, declara en ciertas circunstancias, Dios no sólo permite la guerra sino la manda. Sin embargo, la Escritura no glorifica la guerra, o a los guerreros como tales. La guerra es vista como una terrible e indeseable necesidad en las manos de Dios para contener y castigar los pecados de las naciones. Debía ser evitada hasta donde fuese posible, y nunca debía ser glorificada. Y yo creo que esta es la actitud que hoy nosotros debemos tener hacia ella.

Qué dice el Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento no enseña directamente sobre la guerra, aunque sí dice con claridad que los gobiernos civiles son divinamente establecidos y que los ciudadanos deben reconocer su autoridad y sujetarse a ellos. Sin embargo, el Antiguo y Nuevo Testamento son complementarios; no contradictorios. Y aunque los mandamientos ceremoniales del Antiguo Testamento han sido abrogados, todos sus mandamientos morales aún están en vigencia, salvo los expresamente “actualizados” por la doctrina de Jesucristo. Y así, los pacifistas alegan que las enseñanzas de Jesús prohíben a los cristianos participar en la guerra. Pero eso no es así, pues Él consideraba a las escrituras del Antiguo Testamento con autoridad y basaba sus enseñanzas en él. De manera que si lo aceptamos Él como nuestro guía, debemos aceptar la autoridad del Antiguo Testamento.

Examinemos detalladamente las palabras de Cristo. ¿Qué significa (Mat 5;30) donde Él dice: No resistáis al que es malo, y a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra? Significa que dentro de límites razonables, es mejor sufrir una injusticia personal que reclamar nuestros derechos e involucramos en una pelea, o que debemos devolver bien por mal a nuestros enemigos para que se avergüencen si son sensibles. Pero este mandamiento se refiere a nuestra actitud individual.

Una persona puede sacrificarse a sí misma, pero nadie tiene el derecho de sacrificar a otro a quien es llamado a proteger. Desde esta perspectiva, entrar en una guerra por defender a los indefensos, es poner mi otra mejilla al arriesgarme a que el enemigo me haga daño a mí antes que a los que yo amo. Algunos, para probar que no se debe usar la fuerza militar contra nadie, citan la regla de oro que dice: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así haced vosotros con ellos (Mt 7:12). Pero en el caso de una guerra tenemos que decidir quiénes son los hombres en cuyo lugar nosotros queremos ponernos, o los codiciosos, criminales, tiranos que quieren que nos sometamos a ellos, o nuestras esposas, hijos e indefensos que necesitan nuestra protección.

Algunos dicen que puesto que debemos amar a nuestros enemigos, no debemos ir a una guerra contra nadie. Pero aunque debemos amar a nuestros enemigos, eso no significa que no debemos defendernos a nosotros y a nuestros seres queridos de los que nos quieren oprimir o destruir. La defensa propia y el amor no son contradictorios. El juez que sentencia a los malhechores puede y debe a la vez simpatizar y tener lástima por él. Ciertamente debemos amar a nuestros enemigos, pero hay ocasiones en las que es preciso resistirles, sin odiarlos, y desear honestamente que se acabe esta situación lo antes posible. (Este análisis corresponde  a un resumen del estudio titulado “¿Qué dice la Biblia sobre la guerra?”  escrito por Loraine Boettner, fallecido en 1990)
Finalmente, dar la razón a los TJ cuando dicen que los cristianos verdaderos emplean generosamente su tiempo, energías y posesiones para ayudarse y animarse unos a otros (Hebreos 10:24, 25). Yo añadiría: sea cual sea su condición religiosa, ya que el verdadero cristiano sabe que Dios es Padre de buenos y malos de creyentes y no creyentes. Así, pues, sin dejar de reconocer que todavía se podría hacer mucho más al respecto, tanto en la Iglesia Católica como en Evangélica y en tantas otras, podríamos señalar acciones sociales de gran envergadura llenas de amor de Dios dirigidas a personas con necesidades que cubrir y que recuerdan al buen samaritano del evangelio. Sería interesante que los TJ publicaran en sus revistas de divulgación doctrinal la relación de obras sociales que efectúan de cara al prójimo en general.

s/TJ:
Cuarta característica: Los cristianos verdaderos aceptan a Jesucristo como el medio que Dios usa para salvarlos. La Biblia enseña que “no hay salvación en ningún otro, porque no hay otro nombre debajo del cielo que se haya dado entre los hombres mediante el cual tengamos que ser salvos” (Hechos 4:12). Como vimos en el capítulo 5, Jesús dio su vida para rescatar a los seres humanos obedientes (Mateo 20:28). Además, Jehová lo ha nombrado Rey del Reino celestial que gobernará toda la Tierra. Por lo tanto, Dios espera que obedezcamos a Jesús y sigamos sus enseñanzas. Solo así podremos vivir para siempre. Por esta razón, la Biblia dice: “El que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna; el que desobedece al Hijo no verá la vida” (Juan 3:36).
Análisis:
Los cristianos verdaderos aceptan a Jesucristo como su redentor, por ser el unigénito Hijo de Dios que se hizo semejante a los hombres, y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente, hasta la muerte y la muerte en cruz. Por ser Jesucristo Dios hecho hombre, ¡el hombre estaba salvado!
Los TJ aceptan como redentor, por otra parte, a un Jesucristo que ha sido la primera creación de Dios, llamado Miguel, pero creado como cualquiera de los millones y millones de ángeles del cielo y elegido por Dios para este cometido, que se hizo semejante a los hombres y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente, hasta la muerte y la muerte en un madero de tormento. Por no ser Dios, sino un dios, ¡el hombre sigue poderse salvar!
Y es que hay una gran y decisiva diferencia entre el Jesucristo de los cristianos verdaderos y el de  los TJ. El primero es Dios, porque así se desprende de la Biblia correctamente traducida, y porque es Dios da a su sacrificio el valor infinito que es necesario para poder borrar del hombre la terrible deuda que contrajo con el propio Dios al enfrentarse libremente contra Él. 
El Jesucristo de los TJ, por otro lado, es un dios de segundo orden, según la propia doctrina de los TJ, es un ser creado y por lo tanto sin el nivel necesario de infinitud para llegar a satisfacer al Dios ofendido.
s/TJ:

Quinta característica: Los verdaderos siervos de Dios no son parte del mundo. Cuando Jesús se hallaba ante el gobernador romano Pilato, que lo estaba juzgando, le dijo: “Mi reino no es parte de este mundo” (Juan 18:36). Sin importar el país en que vivan, los verdaderos discípulos de Cristo se someten a su Reino celestial. Por eso, no intervienen ni en la política ni en los conflictos de este mundo, sino que se mantienen totalmente neutrales. Sin embargo, si otras personas quieren afiliarse a un partido político, ser candidatos electorales o votar, ellos no se entrometen en su decisión. Y aunque son neutrales en la política, obedecen las leyes. ¿Por qué? Porque la Palabra de Dios manda al cristiano que “esté en sujeción  a las autoridades superiores”, es decir, a los gobernantes (Romanos 13:1). Pero cuando un sistema político exige algo que va en contra de los mandatos divinos, los adoradores verdaderos siguen el ejemplo de los apóstoles, quienes dijeron: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres” (Hechos 5:29; Marcos 12:17).
Análisis:

Dicen los TJ que “Jesús no era parte del mundo porque no intervenía en las cuestiones sociales y políticas de su tiempo”. Leyendo el Nuevo Testamento o Escrituras Griegas, es patente que la muerte de Jesús, en parte, fue dictada precisamente por motivos de esta índole.

Que los cristianos no sean parte de este mundo, no quiere decir que los cristianos no deban intervenir en las cuestiones sociales y políticas de su ambiente.

En toda la historia de Israel, narrada en el Antiguo Testamento, apenas si existe frontera entre religión y política.

Y no son pocas las referencias a las estructuras de la sociedad y al poder político que encontramos en el Nuevo Testamento. Y, por otra parte, Jesús se refiere a nor­mas de vida política: todo reino internamente dividido perece (Lc 11,17); un rey debe calcular sus fuerzas antes de hacer la guerra (Lc 14,31-32); los que cogen la espada perecerán por la espada (Mt 26,52); los hijos de los reyes no pagan tributos (Mt 17,24-27). Enuncia una norma de justicia social: el traba­jador tiene derecho a su salario (Lc 10,7). Dedica una acerba ironía a los tiranos de su tiempo (Lc 22,25). Responde, en fin, a la malintencionada pregunta de los fariseos y los herodianos situando al César y a sus tributos en el campo de «lo que no es de Dios» (Mt 22,21), dando pre­texto con ello a que más tarde se le acuse de prohibir que se pague tributo al Imperio (Lc 23,2).

No deja de ser significativo que Jesús no fuera nunca solici­tado ni acusado de colaboracionismo con los ocupantes. A primera vista parecería que su actitud se prestaba a ello: un hombre que, en su patria ocupada y ansiosa de liberación, anuncia que no ha de venir ningún mesías guerrero, predica una religión universal e inculca el amor a los enemigos, debiera haber atraído la simpa­tía del gobierno ocupante y de sus colaboradores, saduceos y he­rodianos. Ocurre, sin embargo, todo lo contrario: los sumos sacer­dotes y los fariseos deciden la muerte de Jesús porque, si no, «todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro santuario y nuestra nación» (Jn 11;48); y, a su vez, Pilato lo condenará bajo la inculpación jurídica de rebeldía contra el Im­perio (Jn 19;12). ¿Cómo explicar tan sorprendente hecho? Por una parte, sin duda, porque Jesús entronca claramente, aunque dándoles un nuevo sentido, con las esperanzas mesiánicas de Is­rael, e incluso elige sus discípulos en los círculos en que esta expectativa era más intensa (uno de ellos, al menos, Simón, parece que era un zelota) (Lc 6;15). Por otra parte, porque las constantes críticas de Jesús a los ricos y los poderosos y su independencia ante las autoridades hacían imposible, sin duda, contarlo entre sus partidarios. (Lc 6;15) (Lc 13;32)

Extraordinario interés presentan en el libro de los Hechos de los apóstoles los dos pasajes en que se nos describe la organización económica de la comunidad primitiva (2;44-45 y 4;32.34-35): los bienes son vendidos por sus dueños y puestos a los pies de los apóstoles para que los distri­buyan según las necesidades de cada uno. Cierto que se trata de una organización pasajera y voluntaria (5;4), pero demuestra que en la enseñanza de Jesús se encontraban principios capaces de repercutir en las estructuras de la comunidad.

En San Pablo encontramos el texto neotestamentario más fa­vorable al poder público: «Que todos se sometan a las autori­dades que nos gobiernan. Porque no hay autoridad que no venga de Dios, y las que existen están constituidas por Dios. Por eso, el que resiste a la autoridad se rebela contra el orden establecido por Dios. Y los rebeldes se condenarán a sí mismos. En efecto, los magistrados no son de temer cuando se hace el bien, sino cuando se hace el mal. ¿Quieres no tener que temer a la autori­dad? Haz el bien y recibirás elogios de ella, porque es instru­mento de Dios para conducirte al bien. Pero teme si haces el mal, pues por algo lleva espada: es un instrumento de Dios para hacer justicia y para castigar a quien obra el mal. Así, es preciso some­terse no sólo por temor al castigo, sino por motivo de conciencia. ¿No es por eso mismo por lo que pagáis impuesto? Porque se trata de funcionarios que se aplican por Dios a ese oficio. Dad a cada uno lo que le es debido: a quien impuesto, impuesto; a quien tasas, tasas; a quien temor, temor; a quien honor, honor» (Rom 13;1-7).

Si el poder público es «un instrumento de Dios para hacer justicia», ¿qué duda cabe que su ejercicio puede ser tarea apropiada para un cristia­no? San Pablo se limita a recomendar a los fieles el respeto a la autoridad, ba­sándose en lo que la autoridad debiera de ser según el plan de Dios. Esta misma recomendación se encuentra en la epístola a Tito (3,1) y en la primera epístola de San Pedro (2,13-14).

Anotemos, en fin, otras dos indicaciones del pensamiento del Apóstol sobre las estructuras sociales: «El que no trabaje que tam­poco coma» (2Tes 3;10) (1 Tes 4;11). «No se trata de reduciros a la indigencia para aliviar a los otros. Lo que conviene es la igualdad. Que, en este caso, lo que a vos­otros sobra socorra a su carencia, para que un día lo que a ellos les sobre socorra vuestra carencia. Así reinará la igualdad, según lo que está escrito: El que recogió mucho no tuvo demasiado, y el que había recogido poco no careció de nada» (2Cor 8;13-15). En esta misma línea, la epístola de Santiago condena a quienes tratan de distinta forma a las personas según su situación social (2;1-9).

En cierto sentido cabe afirmar que el más «político» de los libros del Nuevo Testamento es el Apocalipsis. Escrito como libro de consolación de los fieles perseguidos por Domiciano, uno de sus temas centrales es el anuncio del triunfo de la Iglesia sobre Roma, personificada en las dos bestias que simbolizan el doble poder, político y religioso, del Imperio, que el vidente presenta bajo los rasgos eternos del Estado totalitario: (Ap 13;16-17).

¿Cómo seguir sosteniendo que el cre­yente ha de mantenerse lejos de toda actividad política? Los TJ están totalmente equivocados en su doctrina sobre esta cuestión. Confunden, como he dicho al principio, el no ser de este mundo con el deber del cristiano de participar en la política y en la vida social para que la autoridad, que es un instrumento de Dios para la justicia, siga realmente los planes de Dios. De hecho en los versículos siguientes a (Jn 17;14) se lee la oración de Jesús al Padre: “No pido que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal… como tú me enviaste al mundo, así yo los envié a ellos al mundo” (Jn 17;15-19)

Esta característica que exige de un buen cristiano su apoyo y dedicación a la política y a la actividad social, ni es seguida por los TJ ni mucho menos apoyada por su doctrina.

s/TJ:

Sexta característica: Los verdaderos discípulos de Jesús predican que el Reino de  Dios es la única esperanza para la humanidad. Jesús profetizó: “Estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Los verdaderos seguidores de Jesucristo no animan a la gente a confiar en que los gobernantes humanos solucionarán sus problemas. Más bien, proclaman que la única esperanza para la humanidad es el Reino celestial de Dios (Salmo 146:3). De hecho, Jesús nos enseñó a pedir en nuestras oraciones que llegue ese gobierno perfecto, pues dijo: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra” (Mateo 6:10). La Palabra de Dios predice que este Reino celestial “pondrá fin a todos estos reinos [que ahora existen], y él mismo subsistirá [o durará] hasta tiempos indefinidos” (Daniel 2:44).
Análisis:
¿Cómo es posible que en la anterior característica los TJ nos digan que “aunque son neutrales en la política, obedecen las leyes... porque la Palabra de Dios manda al cristiano que esté en sujeción  a las autoridades superiores, es decir, a los gobernantes” y ahora nos digan que “los verdaderos seguidores de Jesucristo no animan a la gente a confiar en que los gobernantes humanos  solucionen sus problemas”. ¿En qué quedamos? Si las autoridades superiores han sido establecidas por Dios, serán algo bueno y necesario y que de algún manera, como ya hemos dicho anteriormente, los verdaderos cristianos tendríamos que contribuir a que hicieran bien su trabajo. Ya sabemos que nuestro destino es el Reino de los Cielos, pero quizá sería bueno que nos lo empezáramos a ganar en este mundo, colaborando con las autoridades a que la política y la economía tengan más en cuenta el bienestar y las necesidades de todas las personas, de la primera a la última.
s/TJ:
Teniendo en cuenta lo anterior, pregúntese: “¿Qué grupo religioso basa todas sus enseñanzas en la Biblia y da a conocer que el nombre de Dios es Jehová? Sí, ¿qué grupo practica el amor cristiano, demuestra fe en Jesús, se mantiene separado del mundo y proclama que el Reino de Dios es la única esperanza verdadera para la humanidad? De todas las religiones de la Tierra, ¿cuál es la única que reúne todas estas características?”. Los hechos indican claramente que son los testigos de Jehová (Isaías 43:10-12).

Análisis:

Lo que sigue en este capítulo es un llamamiento a que todo el mundo abrace la doctrina de los TJ debido a que como ellos mismos dicen: “Los hechos indican claramente que los TJ son los verdaderos cristianos” a quienes hay que seguir sin pestañear.

Reconociendo que solo Dios sabe quiénes particularmente son  los verdaderos cristianos en este mundo, y que juzgar a las personas no es propio de un buen seguidor de Jesucristo porque solo Él lee en el interior de cada uno, sí he de dejar constancia que he tratado lo más objetivamente posible de demostrar que la doctrina en general de los TJ no se desprende de una lectura correcta y sosegada de las Sagradas Escrituras, y por lo tanto no es el bagaje espiritual que nos es necesario para seguir sin sobresaltos el camino que hacia el Reino de los Cielos nos ha marcado Jesucristo.