¿Qué enseña realmente la Biblia? CAPÍTULO 15 LA ADORACIÓN QUE DIOS APRUEBA
s/TJ:
¿Qué
beneficios tendremos si adoramos a Dios como él quiere? JEHOVÁ DIOS
nos tiene mucho cariño. Por eso, pensando en nuestro bien, se ofrece a
guiarnos. Si lo adoramos como él quiere, seremos felices y nos libraremos de
muchos problemas en la vida. Además, tendremos su bendición y su ayuda (Isaías
48:17). Sin embargo, hay centenares de religiones. Aunque todas dicen que
enseñan la verdad acerca de Dios, no están de acuerdo sobre quién es él
ni sobre qué espera de nosotros.
Análisis:
Lógicamente, incluida entre ellas la
religión de los Testigos de Jehová que debería revisar su doctrina, ya que de
entre estos centenares de religiones que según sus palabras no están de acuerdo sobre quién es Dios, es
precisamente esta religión, entre las denominadas cristianas, una de la que más
en desacuerdo está con las demás, ya que su verdad sobre Dios difiere
enormemente sobre prácticamente todas las demás religiones que prácticamente
coinciden en este punto.
s/TJ:
¿Cómo puede
usted saber de qué manera se debe adorar a Jehová, y qué comparación podríamos
poner?
¿Cómo puede usted saber de qué manera se
debe adorar a Jehová? No hace falta que estudie y compare las creencias de
todas las religiones. Solo tiene que aprender lo que realmente enseña la Biblia sobre la adoración
verdadera. Pongamos una comparación. Como usted sabe, el dinero falso es un
grave problema en muchos países. Pues bien, imagínese que recibe el encargo de
separar los billetes falsos de los auténticos. ¿Cómo distinguirá unos de otros?
¿Aprendiéndose de memoria cada falsificación? En realidad, ¿no sería mucho
más práctico estudiar cómo son los billetes auténticos? Cuando
los conozca bien, podrá distinguir los falsos. Del mismo modo, es fácil
reconocer las religiones falsas cuando aprendemos cómo debe ser la verdadera.
Análisis:
¡Vaya comparación! ¿Y cómo conoceré la
autenticidad de los billetes? Porque no me puedo fiar del primero que me diga
que es el representante oficial del Gobierno y que su explicación es la
correcta. Y si los escucho a todos, cada uno de ellos me dirá que sus billetes
son los auténticos… Será un verdadero dilema. Trasladado el ejemplo a lo que
realmente nos interesa, conocer cuál es la verdadera religión, los Testigos de
Jehová me dicen: “Solo tiene que aprender lo que realmente enseña la Biblia
sobre la adoración verdadera” y me sueltan su versión del Nuevo Mundo que me la
puedo creer o no, pero que es manifiestamente diferente a la Biblia que me
podría presentar cualquier otra religión cristiana. ¿Estudiando qué Biblia
llegaré a conocer la verdadera religión? ¿De quién me he de fiar? Más adelante
en este mismo capítulo, los TJ me lo explicarán.
s/TJ:
Según explicó
Jesús, ¿qué debemos hacer para que Dios nos apruebe?
Es importante que adoremos a Jehová como él
quiere. Muchas personas creen que todas las religiones complacen a Dios, pero
eso no es lo que enseña la Biblia. Tampoco basta con afirmar que uno es
cristiano, pues Jesús dijo: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’,
entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que
está en los cielos”. Por lo tanto, Dios únicamente nos aprobará si aprendemos
lo que él nos pide y lo ponemos por obra. A los que no hacen la
voluntad de Dios, Jesús los llamó “obradores del desafuero”, es decir,
practicantes de la maldad (Mt
7;21-23). La religión falsa es como el dinero falso: no tiene ningún
valor. Y, lo que es peor, causa mucho daño.
Análisis:
Jesús nos
dice que para entrar en el Reino de los cielos es preciso hacer la voluntad del Padre. De acuerdo
totalmente. Por lo tanto, intentemos saber cuál es esta voluntad y cumplámosla.
Pero no consideremos de entrada que cualquiera que no sigue mi misma religión
ya puede ser acusado de “obrador de iniquidad”. Yo no soy juez de nadie ni
nadie lo es de mí. Solo Jesús, a su momento, pronunciará su veredicto sobre el
comportamiento de cada uno.
s/TJ:
¿Qué
representan los dos caminos que mencionó Jesús, y adónde lleva cada uno de
ellos?
Jehová ofrece a todas las personas la
oportunidad de tener vida eterna. Sin embargo, para que podamos vivir para
siempre en el Paraíso, tenemos que adorarlo y comportarnos como él quiere. Por
desgracia, muchos se niegan a hacerlo, y por eso Jesús dijo: “Entren por la
puerta angosta; porque ancho y espacioso es el camino que conduce a la
destrucción, y muchos son los que entran por él; mientras que angosta es la
puerta y estrecho el camino que conduce a la vida, y pocos son los que la
hallan” (Mateo
7:13, 14). Como vemos, la religión verdadera conduce
a la vida, y la falsa a la destrucción. Ahora bien, Jehová no desea que
ningún ser humano sea destruido, y por eso da a gente de todo el mundo la
oportunidad de conocerlo (2 Pedro
3:9). En realidad, nuestra forma de adorar a Dios puede llevarnos a la
vida o llevarnos a la muerte.
Análisis:
Los TJ siguen con su doctrina que solo
se preocupa de los hechos externos que hace el hombre. De una manera inflexible
nos dicen: “tenemos que adorarlo y comportarnos como él quiere”. Pero en ningún
momento se preocupan de su interior, del porqué de una decisión, de las razones
que lo empujan a obrar de una determinada manera, de las distintas culturas,
etc… Claro que los TJ tienen una solución fácil para todos estos
planteamientos. Los TJ dicen: el que es justo entrará en la vida eterna, el
impío será destruido y el que ha obrado mal sin tener conciencia de ello
(seguramente la mayoría) tendrá una nueva oportunidad en el Nuevo Mundo. Pero
fijémonos que Jesús, en la cita que nos proporcionan los propios TJ, (Mt
7;13,14) nos habla de dos caminos: el angosto que conduce a la Vida y el ancho
que conduce a la destrucción. En cambio, los TJ nos indican que hay tres
caminos: El que conduce a la Vida, el que conduce a la destrucción y el que
conduce a gozar de una nueva oportunidad en el Nuevo Mundo que se han
construido los TJ. Pero esto no es así. Para juzgar el comportamiento de una
persona, Jesucristo no va a necesitar nuevas pruebas. Recordemos el pasaje
evangélico que nos indica que el hombre solo muere una vez y después de esto el
juicio. Jesucristo, que además de ver nuestras obras, lee en nuestro interior,
sabrá cuál ha sido la actitud de nuestro corazón y tendrá suficiente
información para premiar o castigar. Y en todos los casos, echando mano de su
infinita justicia y de su inconmensurable misericordia, sabrá retribuir según
hayna sido nuestros merecimientos.
s/TJ:
¿Cómo podemos saber quiénes practican la
religión verdadera? ¿Cómo podemos encontrar “el camino que conduce a la vida”? Jesús indicó que sería fácil distinguir a
quienes practican la religión verdadera si nos fijamos en la vida que llevan.
Dijo lo siguiente: “Por sus frutos los reconocerán”, pues “todo árbol bueno
produce fruto excelente” (Mateo 7:16, 17).
En otras palabras, los que practican la religión verdadera se destacan
tanto por sus creencias como por sus obras. Aunque son imperfectos y cometen errores,
en conjunto procuran hacer la voluntad de Dios. Veamos seis características que
nos permitirán reconocerlos.
Primera característica: Los siervos de Dios basan sus
enseñanzas en la Biblia. La propia
Palabra de Dios dice: “Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para
enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en
justicia, para que el hombre [o mujer] de Dios sea enteramente competente y
esté completamente equipado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17).
El apóstol Pablo escribió a sus hermanos cristianos: “Cuando ustedes
recibieron la palabra de Dios, que oyeron de parte de nosotros, la aceptaron,
no como palabra de hombres, sino, como lo que verdaderamente es, como
palabra de Dios” (1 Tesalonicenses 2:13). Por lo
tanto, las enseñanzas y prácticas de la religión verdadera no se basan en
creencias ni tradiciones de hombres. Más bien, tienen su origen en la
Biblia, la Palabra inspirada de Dios. Jesucristo
dio el ejemplo, pues él también basó sus enseñanzas en la Palabra de Dios.
En una oración a su Padre celestial dijo: “Tu palabra es la verdad” (Juan 17:17). Jesús
creía en la Palabra de Dios, y todo lo que enseñaba estaba de acuerdo con las
Escrituras. A menudo decía: “Está escrito”, y a continuación citaba un
texto bíblico (Mateo 4:4,7, 10). Del mismo
modo, los siervos de Dios de la actualidad no enseñan sus propias ideas.
Más bien, creen que la Biblia es la Palabra de Dios y se basan firmemente en lo
que esta dice.
Análisis:
¿Qué
Biblia?. Los TJ han confeccionado su propia Biblia, la conocida como “Versión
del Nuevo Mundo” y sus revistas y estudios nos remiten, por lo regular, a sus
páginas. Una revisión concienzuda de esta traducción de la Biblia, nos lleva a las
siguientes conclusiones:
No es de
ninguna confianza ya que contiene multitud de “errores” pues está realizada de un modo subjetivo de
acuerdo con una determinada interpretación que prevalece sobre las palabras y
expresiones originales de los Libros Sagrados.
Esta
traducción, no sólo no es de confianza sino que es perversamente mala ya que a
pesar de que en su prólogo se dice que “se hace el esfuerzo de traducir el
texto griego del modo más literal posible” no se sigue esta pauta – como es
fácil constatar- en los versículos más decisivos. Además se indica en el mismo
prólogo, que “cuando se introducen palabras consistentes con el contexto para
hacer la traducción clara y comprensible, se encierran las palabras insertadas
entre corchetes”, cosa que tampoco se cumple en la mayoría de casos.
Los
Testigos de Jehová que la difunden tampoco pueden ser de confianza porque
conocen estos “errores” de traducción y no los enmiendan, todo lo contrario,
presentan esta “traducción” al castellano como la mejor realizada hasta el
momento y a sus traductores, de padres desconocidos, como personas que poseen
el conocimiento de la única religión verdadera y que no pueden en ningún caso
equivocarse.
Los Testigos de Jehová nos dicen que ellos “no
interpretan la Biblia, puesto que ella se interpreta sola” (Carta personal de uno
de sus intendentes de 8/8/1964). Lógico y correcto razonamiento desde su punto de vista porque
la Biblia que presentan, la “Versión del Nuevo Mundo”, ya está previamente
interpretada… sólo hay que leerla.
s/TJ:
Segunda
característica: Las personas que practican la religión verdadera adoran
únicamente a Jehová y dan a conocer su nombre. Jesús enseñó:
“Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes
que rendir servicio sagrado” (Mateo 4:10). Así que
los siervos de Dios adoran a Jehová, y a nadie más. De hecho, dar a
conocer el nombre y las cualidades del Dios verdadero forma parte de su
adoración. Salmo 83:18 dice
así: “Tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo sobre toda la
tierra”. Jesús es el modelo que siguen al ayudar a la gente a conocer a Dios.
Él mismo dirigió a su Padre estas palabras: “He puesto tu nombre de manifiesto
a los hombres que me diste del mundo” (Juan 17:6). Hoy, de
igual forma, los verdaderos siervos de Dios enseñan al prójimo el nombre, los
propósitos y las cualidades de Jehová.
Análisis:
Digamos, en primer
lugar, que para los TJ el nombre de Dios es Jehová a pesar de que saben de
sobra que este nombre es un nombre falso como veremos más adelante. Jesucristo,
como es natural, no emplea el nombre de
Jehová en ningún momento de su ministerio porque así lo atestiguan los
Evangelios y a pesar de que los TJ nos digan: “Jesús
dio a conocer el nombre de Dios empleándolo en su ministerio” (La Atalaya
1/3/2019, pag 3-9).
¿Pero cómo prefiere Dios que se le llame?
Los propios textos de los Evangelios nos lo dicen: “Cuando oréis, decid: Padre..."
(Lc 11;2); "Vuestro Padre sabe muy bien lo que
necesitáis... Así pues, orad de esta manera: Padre
nuestro... " (Mt 6;8-9). ¿Es que cuando un hijo se
dirige a su padre es más adecuado que le llama Ramón o Juan o
Pedro, en vez de ¡Padre!? ¿Es que un hijo por el hecho de llamar ¡Padre!
a su padre natural no se siente cerca de él? ¿Acaso un niño, aunque
sepa cómo se llama su padre o su madre,
cuando se encuentra delante de cualquier peligro no le
sale de su corazón: ¡mamá!, ¡papá!?
El apóstol Pablo dice que los
cristianos al tener el espíritu de Dios claman: "Abba Padre"
(Rm 8;15) (Gl 4;6). El propio Jesús unas horas antes de ser
ajusticiado, estaba en el huerto de Getsemaní y
oró clamando a su Padre diciendo: "Abba Padre, todas
las cosas te son posible; remueve de mí esta copa" (Mc 14;36). Y
bien, ¿qué significa la palabra "abba"? Lo más
entrañable y cariñoso de un hijo hacia su
progenitor. Proviene del arameo y encierra el sentido de
"papá"; algo muy apropiado para dirigirse a Dios.
Pero es que para rematar el tema podríamos
preguntarnos ¿Qué pronunciación consideran los TJ como más correcta del
Tetragrámaton YHWH? ¿Yahweh o Jehová? En la página 25 del prefacio de la Traducción del Nuevo Mundo de las
Escrituras Griegas Cristianas en inglés, publicada por la Sociedad
Watch Tower Bible and Tract en 1950, los
traductores declararon que se inclinaban a "considerar
la pronunciación 'Yahweh' como la manera más correcta". ("La
Atalaya" de 1.12.64, pág 711). Por otra parte, para rematar el
tema, los TJ reconocen que “Toda persona desea no solamente que su
nombre sea tratado con el debido respeto, sino también, que se pronuncie
correctamente” (“Santificado sea tu nombre”, pág 15). Seguro que Dios
(Yahweh) opina también lo mismo.
Así, pues, los
TJ dan a conocer una pronunciación del nombre de Dios que saben
sobradamente que es falso y además se empeñan en que Jesucristo lo utilizaba en
su ministerio cuando éste el único nombre que empleo fue el de “Padre”. Los
Evangelios son el único testimonio de ello y es fácil comprobarlo… pero de una
Biblia correctamente traducida….
s/TJ:
Tercera característica: Los siervos de Dios se
aman de verdad, sin egoísmo. Jesús dijo: “En esto todos
conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí” (Juan 13:35). Los
primeros cristianos se querían de esa manera. El amor de los siervos de
Dios vence barreras raciales, sociales y nacionales, y los une inseparablemente
en una verdadera hermandad (Colosenses 3:14). Los
miembros de las religiones falsas no se tienen ese amor. Si lo tuvieran,
no se matarían unos a otros por ser de distinta nación o raza. Los
verdaderos cristianos no toman las armas para quitarles la vida a sus
hermanos en la fe ni a ninguna otra persona. La Biblia enseña: “Los
hijos de Dios y los hijos del Diablo se hacen evidentes por este hecho: Todo el
que no se ocupa en la justicia no se origina de Dios, tampoco el que
no ama a su hermano [...;] debemos tener amor unos para con otros;
no como Caín, que se originó del inicuo [es decir, Satanás] y degolló a su
hermano” (1 Juan 3:10-12; 4:20, 21).
Claro está, ese amor sincero impide matar al
prójimo, pero implica mucho más. Los cristianos verdaderos
emplean generosamente su tiempo, energías y posesiones para ayudarse y animarse
unos a otros (Hebreos 10:24, 25).
Se apoyan en los momentos difíciles y son honrados con los demás.
De hecho, obedecen el consejo bíblico de hacer “lo que es bueno para con
todos” (Gálatas 6:10).
Análisis:
Qué dice el Antiguo Testamento sobre la
guerra.
Algunos alegan que el quinto mandamiento -"No
matarás"- es una prueba de que cualquier guerra es contra la voluntad de Dios.
Pero, el mismo Dios que en (Ex 20;13) dijo "no matarás" —
que en realidad significa "No cometerás asesinato,"- es el que en el
capítulo (Ex 21;12) dice "El que hiere a alguno
haciéndole morir, él morirá." Y siglos antes, Él había dicho
"quienquiera que derrame sangre de hombre; por el hombre su
sangre será derramada" (Gen 9;6).
Dios mandó que el asesinato malicioso fuese castigado con
la pena de muerte del asesino. De modo que el juez que sentencia a un criminal a muerte
no es culpable de crimen, de la misma manera que
si lo sentencia a pagar una multa no es culpable de robo. De otra manera no sería posible
mantener la justicia pública. Y el policía o el soldado que defiende su patria como el juez que protege a la sociedad, no actúan con
motivos maliciosos para vengar una ofensa personal, sino para mantener la seguridad
pública. Ellos realizan su trabajo, no como una
obligación personal sino como oficiales del estado. Y en Escritura, la
guerra entre las naciones cae dentro de la misma categoría que la pena de muerte para los
criminales.
No hay nada en el Antiguo
Testamento que sugiera que es inconsistente ser soldado y a la vez seguidor de
Dios. Hay cerca de 35 o más referencias en el Antiguo Testamento donde Dios mandó usar
la fuerza armada para que se realizaran sus propósitos. Las Escrituras muestran a Dios
como un Dios de paz igual que lo muestra como un Dios de guerra. Y decir, como
algunos pacifistas dicen, que la guerra desafía la justicia de Dios, es no sólo pretencioso sino
equivalente a decir que Dios mismo es injusto. La Biblia, el mismo libro que los cristianos
decimos aceptar como la única regla infalible de fe y práctica, declara en ciertas
circunstancias, Dios no sólo permite la guerra sino la manda. Sin embargo, la Escritura no
glorifica la guerra, o a los guerreros como tales. La guerra es vista como una terrible e
indeseable necesidad en las manos de Dios para contener y castigar los pecados de las naciones. Debía ser evitada hasta donde fuese posible, y nunca
debía ser glorificada. Y yo creo que esta es la actitud que hoy
nosotros debemos tener hacia ella.
Qué dice el Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento no enseña directamente sobre la
guerra, aunque sí dice con claridad que los gobiernos
civiles son divinamente establecidos y que los ciudadanos deben reconocer su autoridad y sujetarse a ellos. Sin embargo, el Antiguo y Nuevo Testamento son complementarios;
no contradictorios. Y aunque los
mandamientos ceremoniales del Antiguo Testamento han sido abrogados, todos sus mandamientos morales aún están en vigencia, salvo los
expresamente “actualizados” por la doctrina de Jesucristo. Y así, los pacifistas alegan que las enseñanzas de Jesús prohíben
a los cristianos participar en la guerra. Pero eso
no es así, pues Él consideraba a las escrituras del Antiguo Testamento con autoridad y
basaba sus enseñanzas en él. De manera que si lo aceptamos Él como nuestro guía,
debemos aceptar la autoridad del Antiguo Testamento.
Examinemos detalladamente las palabras de Cristo. ¿Qué
significa (Mat 5;30) donde Él dice: No resistáis al que es malo, y a cualquiera que te
hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra?
Significa que dentro de límites razonables, es mejor sufrir una injusticia personal que
reclamar nuestros derechos e involucramos en una pelea, o que debemos devolver bien por mal a nuestros enemigos para que se
avergüencen si son sensibles. Pero este mandamiento se refiere a nuestra
actitud individual.
Una persona puede sacrificarse a sí misma, pero nadie
tiene el derecho de sacrificar a otro a quien es llamado a proteger. Desde esta perspectiva,
entrar en una guerra por defender a los indefensos, es poner mi otra mejilla al arriesgarme
a que el enemigo me haga daño a mí antes que a los que yo amo. Algunos, para probar que no se debe usar la fuerza
militar contra nadie, citan la regla de oro que dice: “Todas las cosas que queráis
que los hombres hagan con vosotros, así haced vosotros con ellos (Mt 7:12). Pero en
el caso de una guerra tenemos que decidir quiénes son los hombres en cuyo lugar nosotros
queremos ponernos, o los codiciosos, criminales, tiranos que quieren que nos sometamos
a ellos, o nuestras esposas, hijos e indefensos que necesitan nuestra
protección.
Algunos dicen
que puesto que debemos amar a nuestros enemigos, no debemos ir a una guerra contra
nadie. Pero aunque debemos amar a nuestros enemigos, eso no significa que no debemos
defendernos a nosotros y a nuestros seres queridos de los que nos quieren oprimir o destruir. La defensa propia y el amor no son
contradictorios. El juez que sentencia a los malhechores puede y debe a la vez
simpatizar y tener lástima por él. Ciertamente debemos amar a nuestros enemigos, pero hay
ocasiones en las que es preciso resistirles, sin odiarlos, y desear honestamente que
se acabe esta situación lo antes posible. (Este
análisis corresponde a un resumen del
estudio titulado “¿Qué dice la Biblia sobre la guerra?” escrito por Loraine Boettner, fallecido en
1990)
Finalmente, dar
la razón a los TJ cuando dicen que los cristianos verdaderos emplean generosamente su
tiempo, energías y posesiones para ayudarse y animarse unos a otros (Hebreos 10:24, 25). Yo añadiría: sea
cual sea su condición religiosa, ya que el verdadero cristiano sabe que Dios es
Padre de buenos y malos de creyentes y no creyentes. Así, pues, sin dejar de
reconocer que todavía se podría hacer mucho más al respecto, tanto en la
Iglesia Católica como en Evangélica y en tantas otras, podríamos señalar
acciones sociales de gran envergadura llenas de amor de Dios dirigidas a personas
con necesidades que cubrir y que recuerdan al buen samaritano del evangelio. Sería
interesante que los TJ publicaran en sus revistas de divulgación doctrinal la
relación de obras sociales que efectúan de cara al prójimo en general.
s/TJ:
Cuarta
característica: Los cristianos verdaderos aceptan a Jesucristo como el medio
que Dios usa para salvarlos. La Biblia enseña que
“no hay salvación en ningún otro, porque no hay otro nombre debajo
del cielo que se haya dado entre los hombres mediante el cual tengamos que ser
salvos” (Hechos 4:12). Como vimos
en el capítulo 5, Jesús dio
su vida para rescatar a los seres humanos obedientes (Mateo 20:28). Además,
Jehová lo ha nombrado Rey del Reino celestial que gobernará toda la Tierra. Por
lo tanto, Dios espera que obedezcamos a Jesús y sigamos sus enseñanzas. Solo
así podremos vivir para siempre. Por esta razón, la Biblia dice: “El que ejerce
fe en el Hijo tiene vida eterna; el que desobedece al Hijo no verá la
vida” (Juan 3:36).
Análisis:
Los
cristianos verdaderos aceptan a Jesucristo como su redentor, por ser el unigénito
Hijo de Dios que se hizo semejante a los hombres, y en la condición de hombre
se humilló, hecho obediente, hasta la muerte y la muerte en cruz. Por ser
Jesucristo Dios hecho hombre, ¡el hombre estaba salvado!
Los TJ
aceptan como redentor, por otra parte, a un Jesucristo que ha sido la primera
creación de Dios, llamado Miguel, pero creado como cualquiera de los millones y
millones de ángeles del cielo y elegido por Dios para este cometido, que se
hizo semejante a los hombres y en la condición de hombre se humilló, hecho
obediente, hasta la muerte y la muerte en un madero de tormento. Por no ser
Dios, sino un dios, ¡el hombre sigue poderse salvar!
Y es que hay
una gran y decisiva diferencia entre el Jesucristo de los cristianos verdaderos
y el de los TJ. El primero es Dios, porque
así se desprende de la Biblia correctamente traducida, y porque es Dios da a su
sacrificio el valor infinito que es necesario para poder borrar del hombre la
terrible deuda que contrajo con el propio Dios al enfrentarse libremente contra
Él.
El
Jesucristo de los TJ, por otro lado, es un dios de segundo orden, según la
propia doctrina de los TJ, es un ser creado y por lo tanto sin el nivel
necesario de infinitud para llegar a satisfacer al Dios ofendido.
s/TJ:
Quinta característica: Los verdaderos siervos de
Dios no son parte del mundo. Cuando Jesús se hallaba ante el
gobernador romano Pilato, que lo estaba juzgando, le dijo: “Mi reino no es
parte de este mundo” (Juan 18:36). Sin
importar el país en que vivan, los verdaderos discípulos de Cristo se someten a
su Reino celestial. Por eso, no intervienen ni en la política
ni en los conflictos de este mundo, sino que se mantienen totalmente
neutrales. Sin embargo, si otras personas quieren afiliarse a un partido
político, ser candidatos electorales o votar, ellos no se entrometen en su
decisión. Y aunque son neutrales en la política, obedecen las leyes. ¿Por
qué? Porque la Palabra de Dios manda al cristiano que “esté en sujeción a las autoridades superiores”, es decir, a los
gobernantes (Romanos 13:1). Pero
cuando un sistema político exige algo que va en contra de los mandatos divinos,
los adoradores verdaderos siguen el ejemplo de los apóstoles, quienes dijeron:
“Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres” (Hechos 5:29; Marcos 12:17).
Análisis:
Dicen los
TJ que “Jesús no era parte del mundo porque no intervenía en las cuestiones
sociales y políticas de su tiempo”. Leyendo el Nuevo Testamento o
Escrituras Griegas, es patente que la muerte de Jesús, en parte, fue dictada precisamente
por motivos de esta índole.
Que los
cristianos no sean parte de este mundo, no quiere decir que los cristianos no
deban intervenir en las cuestiones sociales y políticas de su ambiente.
En toda
la historia de Israel, narrada en el Antiguo Testamento, apenas si existe
frontera entre religión y política.
Y no son
pocas las referencias a las estructuras de la sociedad y al poder político que
encontramos en el Nuevo Testamento. Y, por otra parte, Jesús se refiere a
normas de vida política: todo reino internamente dividido perece (Lc 11,17);
un rey debe calcular sus fuerzas antes de hacer la guerra
(Lc 14,31-32); los que cogen la espada perecerán por la espada
(Mt 26,52); los hijos de los reyes no pagan tributos (Mt 17,24-27). Enuncia
una norma de justicia social: el trabajador tiene derecho a su salario (Lc
10,7). Dedica una acerba ironía a los tiranos de su
tiempo (Lc 22,25). Responde, en fin, a la malintencionada
pregunta de los fariseos y los herodianos situando al César y a sus
tributos en el campo de «lo que no es de Dios» (Mt 22,21), dando
pretexto con ello a que más tarde se le acuse de prohibir que se pague
tributo al Imperio (Lc 23,2).
No deja de ser significativo que Jesús no fuera
nunca solicitado ni acusado de colaboracionismo con los
ocupantes. A primera vista
parecería que su actitud se prestaba a ello: un hombre que, en su patria ocupada y ansiosa de liberación, anuncia que
no ha de venir ningún mesías guerrero, predica una
religión universal e inculca el amor a los enemigos, debiera
haber atraído la simpatía del gobierno ocupante y de sus
colaboradores, saduceos y herodianos. Ocurre, sin
embargo, todo lo contrario: los sumos sacerdotes y los
fariseos deciden la muerte de Jesús porque, si no, «todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán
nuestro santuario y nuestra nación» (Jn 11;48); y, a
su vez, Pilato lo condenará bajo la inculpación jurídica de
rebeldía contra el Imperio (Jn 19;12). ¿Cómo explicar tan
sorprendente hecho? Por una parte, sin duda,
porque Jesús entronca claramente, aunque dándoles un nuevo sentido, con las
esperanzas mesiánicas de Israel, e incluso elige
sus discípulos en los círculos en que esta expectativa era más intensa (uno de
ellos, al menos, Simón, parece que era un zelota)
(Lc 6;15). Por otra parte, porque las
constantes críticas de Jesús a los ricos y los poderosos y su independencia ante las autoridades hacían imposible, sin duda, contarlo entre sus
partidarios. (Lc 6;15) (Lc 13;32)
Extraordinario interés presentan
en el libro de los Hechos de los apóstoles los dos pasajes en que se nos describe la organización económica de la
comunidad primitiva (2;44-45 y 4;32.34-35): los bienes son vendidos por
sus dueños y puestos a los pies de los apóstoles
para que los distribuyan según las necesidades de cada uno.
Cierto que se trata de una organización
pasajera y voluntaria (5;4), pero demuestra que en la
enseñanza de Jesús se encontraban principios capaces de repercutir en las
estructuras de la comunidad.
En San Pablo encontramos el texto neotestamentario más
favorable al poder público: «Que todos se
sometan a las autoridades que nos gobiernan. Porque no hay
autoridad que no venga de Dios, y las que existen están constituidas por Dios.
Por eso, el que resiste a la autoridad se rebela contra el orden
establecido por Dios. Y los rebeldes se condenarán a sí mismos. En efecto,
los magistrados no son de temer cuando se hace el bien, sino cuando se hace el
mal. ¿Quieres no tener que temer a la autoridad? Haz el bien y recibirás
elogios de ella, porque es instrumento de Dios para conducirte al bien. Pero
teme si haces el mal, pues por algo lleva espada: es un instrumento de
Dios para hacer justicia y para castigar a quien obra el mal. Así, es
preciso someterse no sólo por temor al castigo, sino por motivo de
conciencia. ¿No es por eso mismo por lo que pagáis impuesto? Porque
se trata de funcionarios que se aplican por Dios a ese oficio. Dad
a cada uno lo que le es debido: a quien impuesto, impuesto; a quien
tasas, tasas; a quien temor, temor; a quien honor, honor» (Rom
13;1-7).
Si el poder público
es «un instrumento de Dios para hacer justicia», ¿qué duda
cabe que su ejercicio puede ser tarea apropiada para un cristiano? San
Pablo se limita a recomendar a los fieles el respeto a la autoridad, basándose
en lo que la autoridad debiera de ser según el plan de Dios. Esta misma
recomendación se encuentra en la epístola a Tito (3,1) y en la primera epístola
de San Pedro (2,13-14).
Anotemos, en fin, otras dos indicaciones del pensamiento
del Apóstol sobre las estructuras sociales: «El
que no trabaje que tampoco coma» (2Tes 3;10) (1 Tes 4;11). «No se trata
de reduciros a la indigencia para aliviar a los otros. Lo que conviene es
la igualdad. Que, en este caso, lo que a vosotros sobra socorra a su carencia,
para que un día lo que a ellos les sobre socorra vuestra carencia. Así reinará
la igualdad, según lo que está escrito: El que recogió mucho no tuvo
demasiado, y el que había recogido poco no careció de nada» (2Cor
8;13-15). En esta misma línea, la epístola de Santiago condena a quienes
tratan de distinta forma a las personas según su situación social (2;1-9).
En cierto
sentido cabe afirmar que el más «político» de los libros del Nuevo
Testamento es el Apocalipsis. Escrito como libro de consolación de los
fieles perseguidos por Domiciano, uno de sus temas centrales es el anuncio del
triunfo de la Iglesia sobre Roma, personificada en las dos bestias que
simbolizan el doble poder, político y religioso, del Imperio, que el
vidente presenta bajo los rasgos eternos del Estado totalitario: (Ap
13;16-17).
¿Cómo seguir sosteniendo que el creyente ha de mantenerse
lejos de toda actividad política? Los TJ están totalmente equivocados en su
doctrina sobre esta cuestión. Confunden, como he dicho al principio, el no ser
de este mundo con el deber del cristiano de participar en la política y en la
vida social para que la autoridad, que es un instrumento de Dios para la
justicia, siga realmente los planes de Dios. De hecho en los versículos
siguientes a (Jn 17;14) se lee la oración de Jesús al Padre: “No pido
que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal… como tú me enviaste al
mundo, así yo los envié a ellos al mundo” (Jn 17;15-19)
Esta característica que exige de
un buen cristiano su apoyo y dedicación a la política y a la actividad social,
ni es seguida por los TJ ni mucho menos apoyada por su doctrina.
s/TJ:
Sexta característica: Los verdaderos discípulos
de Jesús predican que el Reino de Dios
es la única esperanza para la humanidad. Jesús
profetizó: “Estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra
habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Los
verdaderos seguidores de Jesucristo no animan a la gente a confiar en que
los gobernantes humanos solucionarán sus problemas. Más bien, proclaman que la
única esperanza para la humanidad es el Reino celestial de Dios (Salmo 146:3).
De hecho, Jesús nos enseñó a pedir en nuestras oraciones que llegue ese
gobierno perfecto, pues dijo: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en
el cielo, también sobre la tierra” (Mateo 6:10).
La Palabra de Dios predice que este Reino celestial “pondrá fin a todos
estos reinos [que ahora existen], y él mismo subsistirá [o durará] hasta
tiempos indefinidos” (Daniel 2:44).
Análisis:
¿Cómo es
posible que en la anterior característica los TJ nos digan que “aunque son
neutrales en la política, obedecen las leyes... porque la Palabra de Dios manda
al cristiano que esté en sujeción a las autoridades
superiores, es decir, a los gobernantes” y ahora nos digan que “los verdaderos
seguidores de Jesucristo no animan a la gente a confiar en que los gobernantes
humanos solucionen sus problemas”. ¿En
qué quedamos? Si las autoridades superiores han sido establecidas por Dios,
serán algo bueno y necesario y que de algún manera, como ya hemos dicho
anteriormente, los verdaderos cristianos tendríamos que contribuir a que
hicieran bien su trabajo. Ya sabemos que nuestro destino es el Reino de los
Cielos, pero quizá sería bueno que nos lo empezáramos a ganar en este mundo,
colaborando con las autoridades a que la política y la economía tengan más en
cuenta el bienestar y las necesidades de todas las personas, de la primera a la
última.
s/TJ:
Teniendo en
cuenta lo anterior, pregúntese: “¿Qué grupo religioso basa todas sus enseñanzas
en la Biblia y da a conocer que el nombre de Dios es Jehová? Sí, ¿qué grupo
practica el amor cristiano, demuestra fe en Jesús, se mantiene separado del
mundo y proclama que el Reino de Dios es la única esperanza verdadera para la
humanidad? De todas las religiones de la Tierra, ¿cuál es la única que reúne
todas estas características?”. Los hechos indican claramente que son los
testigos de Jehová (Isaías 43:10-12).
Análisis:
Lo que sigue en este capítulo es un
llamamiento a que todo el mundo abrace la doctrina de los TJ debido a que como
ellos mismos dicen: “Los hechos indican claramente que los TJ son los
verdaderos cristianos” a quienes hay que seguir sin pestañear.
Reconociendo que solo Dios sabe quiénes
particularmente son los verdaderos
cristianos en este mundo, y que juzgar a las personas no es propio de un buen
seguidor de Jesucristo porque solo Él lee en el interior de cada uno, sí he de
dejar constancia que he tratado lo más objetivamente posible de demostrar que
la doctrina en general de los TJ no se desprende de una lectura correcta y
sosegada de las Sagradas Escrituras, y por lo tanto no es el bagaje espiritual
que nos es necesario para seguir sin sobresaltos el camino que hacia el Reino
de los Cielos nos ha marcado Jesucristo.